Eugenio Reyes: «Laudato si’ es el primer documento que centra la ‘cuidadanía’ como reto»

Eugenio Reyes: «Laudato si’ es el primer documento que centra la ‘cuidadanía’ como reto»
Eugenio Reyes Naranjo (Las Palmas de Gran Canaria, 1959) es licenciado en Sociología, diplomado en Intervención y Mediación Social, y portavoz de Ben Magec-Ecologistas en Acción de Canarias, participando en grupos ecologistas desde que en 1977 cofundara el colectivo Azuaje. Eugenio expresa que «los valores de amor, respeto, paz y solidaridad fueron y siguen siendo la fuente que alimenta mi militancia ecologista desde la fe».

¿Cómo valoras las cumbres del Clima y Social de Madrid, donde también participaron Ecologistas en Acción de España y de Canarias?

Los participantes en la Cumbre del Clima no tuvieron ningún acuerdo y los de la Social, sí, ya que sus participantes son conscientes de que los cambios no vienen de las instituciones sino de la ciudadanía. Necesitamos un quinto poder: el poder de la gente, el poder del “cuidadano”. Se ha iniciado ya un poder paralelo, un poder civil. No tanto como la internacional obrera de hace un siglo, sino caminando hacia ese modelo: Cuando los obreros descubrieron que tenían que ser los protagonistas del cambio y no otros, se pusieron a ello: crearon escuelas, sindicatos, casas del pueblo y ahí avanzaron. Probablemente la cosa vaya por ahí.

El planeta está cada vez más deteriorado por las guerras, los incendios, las sequías, la contaminación, las migraciones. ¿Estamos a tiempo de cambiar el rumbo de la tierra?

Es una cuestión complicada para una persona que está en un sitio pequeño, que habla desde la humildad. Muchos ciudadanos ven que se les quema su mundo tras ver el incendio en la Amazonia, provocado por Bolsonaro, o el de Australia, donde se eliminan 32.000 especies. Cada año el 21 de marzo surge la primavera, que muestra que siempre hay algo ahí de oportunidades. Es verdad que cada vez la primavera está más debilitada, pero sigue teniendo una potencia creadora mucho más allá de la energía destructiva del ser humano. Esa la esperanza que me sostiene.

Hubo un tiempo en que la esperanza del cambio estaba en el proletariado, después en la clase media, y últimamente se apunta que el nuevo sujeto revolucionario son las mujeres y los jóvenes que sufren más la precarización porque tienen poco que perder. ¿Quiénes son los sujetos del cambio ahora?

Los ecologistas llevamos tiempo hablando de que, en tiempo de las monarquías absolutas, donde todas personas estábamos sometidos a la arbitrariedad del rey como súbdito, se fue cambiando hacia la ciudadanía. El ciudadano se basa en un nuevo estado legal de derecho y deberes. Hoy entendemos que eso no es suficiente. Los ciudadanos tienen que transitar, tienen que crecer y transformase también como cuidadores de la vida, lo que se viene a llamar el nuevo estatuto legal del “cuidadano”.

¿En qué sentido?

A parte de los deberes y derechos que sigue teniendo de la ciudadanía, el “cuidadano” tiene un sentido de la responsabilidad, de la solidaridad, un sentido lleno de valores, un sentido colectivo capaz de mantener la “obra creadora” que nos envuelve a todos en este hermoso planeta. Ese nuevo reto es el de la “cuidadanía”, que además tiene una nueva filosofía de entendernos más realista. Podemos tomar conciencia de que los Derechos Humanos donde los ciudadanos nacemos libres e iguales, en el concepto de la “cuidadanía” nacemos iguales, pero también igualmente débiles, igualmente interdependientes. Un recién nacido solo llega a ser un ser humano pleno a través de los cuidados de sus padres, en realidad nos necesitamos unos a otros para crecer en la riqueza de la comunidad de los espacios colectivos donde nos socializamos. Pero también necesitamos de la madre naturaleza para respirar, para alimentarnos, para emocionarnos con la vida en sus múltiples manifestaciones. En este nuevo relato tiene sentido pleno reconocer los cuidados intersolidarios, sociosolidarios y ecosolidarios, que nos empoderan en su condición plena como seres humanos e interdependienentes. Significa una nueva esperanza de la dignidad humana.

¿Cuál sería la diferencia entre la ciudadanía y la “cuidadanía”?

La ciudadanía es un sistema reglado de derechos y deberes que tiene al ser humano como centro y todo está supeditado a esos derechos y deberes, aunque históricamente a veces no solo no se ha tenido mucho en cuenta, sino que se han maltratados. La “cuidadanía” plantea que no necesitamos una economía que entra en crisis, sino al revés, una economía que se centra en las personas. Por eso hay que centrarnos en los cuidados tanto materiales como inmateriales. Hablo de la cultura, de la espiritualidad, de la ética. Tenemos que cuidar aquellas cosas que nos convierten en seres especiales en la naturaleza, en el planeta. Más que ser centros de la creación, somos núcleos de la creación. La diferencia es entre un centro de poder donde se acumulan las decisiones, y otro donde somos núcleos, donde fluyen los procesos, el respeto a la vida, el reconocer que los animales y las plantas son sujetos de derechos. No podemos destruir la vida. Esa nueva dimensión indica que lo totalmente otro a nosotros es también parte de nosotros.

¿Cómo encajas dentro de la “cuidadanía” la lucha por una sociedad de iguales y un modelo socio económico donde las personas y los colectivos sociales y laborales sean lo primero?

Nos falta creer que es al revés: la “cuidadanía” ya existe. Está encajada y lo que no encaja son los egoísmos. Hay que entender qué es lo grande y qué es lo pequeño. Parece que lo grande es el capitalismo, que nos envuelve, una sociedad egoísta. Pero eso no es real. Todo el mundo cuida a sus hijos, y si no los cuida, no tenemos herederos, no sigue el mundo funcionando. Hasta el león más fiero cuando tiene que criar a sus hijos asume los cuidados con ternura y saca para delante sus crías. Las mujeres saben mucho de cuidar a sus hijos, a sus mayores, a sus compañeros. Si esa “cuidadanía” no existiera, el capitalismo no funcionaría. Ese acto generoso de compartir la mesa con nuestras familias, de cuidar a nuestros mayores, de cuidarnos unos a otros, es un regalo gratuito que hacemos después a los que explotan. El capitalismo explota a los trabajadores. Hay que cambiar la pregunta por cómo encaja la “cuidadanía” en el empleo, pues tiene que ser un empleo que implique la cercanía, que te facilite cuidar a tus hijos. No se trata de tener solo más salarios, sino que te permitan cuidar de los “cuidadanos” de la familia. Los cuidados es lo mayoritario. El mercado es muy poco en relación a todo lo que implica la “cuidadanía”.

¿Cómo es posible crear más humanidad en un sistema capitalista, neoliberal donde se prima la competencia, el beneficio, el individualismo, sin un trabajo digno para todos?

La encíclica del Papa Laudato si’ apunta que no hay desarrollo si no hay mejora de la vida de las personas. Uno de los retos es cambiar el Plan Nacional Contable. Hasta en los países socialistas de Cuba, Rusia, que tienen aparentemente un avance social, la mano de obra es un bien social que el empresario tiene que pagar. En el Plan Nacional aparece como un coste, la salud también aparece como otro coste. En la cultura de la “cuidadanía” es al revés: es un beneficio la salud, es un beneficio el trabajo, y cuánto nos cuesta mantener al empresario para ganar un poco de dinero. En el Plan Nacional nos preguntamos cuánto nos cuesta mantener a los capitalistas. Tenemos que ponerlos a todos en un casillero: cuánto nos cuesta la Sanidad, cuánto los jubilados, cuánto nos cuesta mantener los servicios públicos: eso son inversiones, no son costes. Los costes son cuando tenemos que pedir un crédito a un empresario que pone dinero para generar una actividad económica y quiere un beneficio. Podemos dialogarlo. No es el beneficio que tiene y la sociedad tiene un coste con él. Esos parámetros de cambio, el discurso de “cuidadanía” los centra muy bien. Incluso la simple contabilidad del banco cambia. Hay que caminar a un discurso más asertivo, más clarificador, que ponga en acento en lo central: la vida y los cuidados.

Está a punto de cumplirse los cinco años de la publicación de Laudato si’. ¿Qué es lo que destacas de la encíclica?

Para mí el n. 151 da una referencia exacta: hace falta cuidar los lugares comunes. La palabra cuidar aparece muchísimo y probablemente es el primer documento del mundo que empieza a identificar que la “cuidadanía” es nuestro reto. Lo incorpora en un contexto de la ecología integral y de lo común, no como lo simple sino como los espacios compartidos. Para mí es uno de los avances del documento y tendrá muchas consecuencias en el futuro, porque abre toda una ventana de aire fresco y de renovación de dónde centramos los valores que necesitamos.

¿Quieres añadir algo más?

El sol está llenando cada rincón de fotosíntesis. Recordar eso que la vida es cuando lo das se multiplica: das amistad, tienes amigos; das el aula, tienes comunicación; das la ternura, tienes el amor. Lo que nos hace ricos es todo aquello cuando lo das se multiplica. Aún más, solo posees lo que eres capaz de dar. Lo que no das realmente no lo tienes.