Compromiso en el economato de bajo costo

Compromiso en el economato de bajo costo
Bibiana tiene 27 años y Arantza 28, ambas crecieron en el mismo barrio del norte de Alicante y han pertenecido al mismo equipo desde poscomunión. En un campamento conocieron la Juventud Obrera Cristiana y desde 2016 son militantes y parte activa de la comunidad cristiana de Nuestra Señora del Carmen.

Su relación con la parroquia viene de tiempo atrás, y podría ser la de la inmensa mayoría de militantes jocistas en todo el mundo: «Unos cuantos chavales formaron un grupo de poscomunión, siguieron creciendo juntos y preparándose para la confirmación. Cuando les presentaron la JOC decidieron continuar y empezar a conocer el movimiento, mientras seguían haciendo vida de parroquia: colaborando con el apoyo escolar, repartiendo meriendas a los chavales, haciéndoles juegos en verano, en el economato… (con idas y venidas, claro, la disponibilidad no ha sido siempre la misma)». Su militancia cristiana ha ido comprometiéndolas cada vez más en acompañar y dignificar la compleja realidad de las familias trabajadoras más precarias.

A mitad de marzo llegó el confinamiento y les pilló a todos un poco por sorpresa, la alerta obligó a modificar los hábitos que tenían hasta entonces, que tuvieron que cambiar para poder seguir la vida con la mayor «normalidad» posible. Uno de esos hábitos eran las reuniones con el equipo y el análisis transformador de la realidad cercana a partir de las llamadas que les surgían del estudio del Evangelio. Compartían la necesidad de hacer algo, de colaborar en la medida que fuese posible. Esta llamada se concretó en un mensaje al grupo de WhatsApp de la parroquia diciendo que, si alguien necesitaba algo, estaban totalmente disponibles. Al día siguiente, Pepe, el sacerdote les ofreció colaborar en el economato (Almacén de Bajo Costo), y naturalmente dijeron que sí.

El economato lleva funcionando desde octubre de 2011, un proyecto que nació como respuesta a la gran demanda de ayuda social tras la crisis de 2008. El objetivo fundamental que se plantearon trascendía la cobertura de las necesidades básicas de las usuarias, o del reparto asistencial de alimentación y bienes de primera necesidad. La finalidad profunda era, y sigue siendo, acompañar sus vidas, empoderarlas y fortalecer su dignidad.

Uno de los requisitos básicos para poder comprar en el economato es disponer de menos de 100 euros por cada miembro de la familia, para gastar en alimentación. Las personas usuarias reciben un carné con el que pueden adquirir los alimentos que necesiten pagando solo el 50% del coste de adquisición. El otro 50% lo aportan las parroquias, Cáritas diocesana y donativos de terceros.

En momentos como esos es
cuando Jesús se hace presente,
en la humildad de la gente,
en la manera de dar
las gracias por el apoyo

Cuando la crisis empezó a mejorar, se dieron cuenta de que la población que atendían seguía teniendo problemas económicos, por lo que se apostó por la formación y comenzaron a ofrecer cursos, siendo esto una contraprestación (debían estar formándose para seguir teniendo el carné). En este apartado están siendo un poco flexibles, porque en la ciudad no hay recursos suficientes para que todos puedan acceder a cursos gratuitos de formación.

Con la situación actual que ha traído esta pandemia ha sido necesario reinventarse para poder atender las nuevas necesidades, además la demanda ha aumentado considerablemente, por lo que de momento se reparten bolsas ya hechas de alimentos básicos, sin coste alguno y no solo para las familias que ya formaban parte del proyecto.

De cara al futuro, cuando se vuelva a abrir con «normalidad», durante un tiempo indeterminado (se verá dependiendo de la situación real y las necesidades de la población con la que se trabaja) se plantean algunos cambios: que algunos productos cuesten solo el 20% y que otros productos se donen de forma gratuita (adquiridos del banco de alimentos) para cubrir las necesidades básicas e intentar mantener la dignidad y los valores que ya venían trabajando. Al final es un proyecto que busca alejarse de la caridad y el asistencialismo, para trabajar con las personas desde la relación de iguales.

A la hora del reparto de la comida, el tratar directamente con las personas hace que esta experiencia sea muy especial. La gente les cuenta su situación y como lo están viviendo, para una gran parte de la población de esta zona es imprescindible salir a la calle para buscarse la vida (venden en mercadillos, recogen cartón, chatarra) por lo que les preocupa bastante su situación, y cómo se ganarán la vida cuando esto pase, o si podrán volver a la «normalidad» en la que antes vivían. Por lo general, la gente es muy agradecida y comprensiva, y cuando no necesitan realmente algo, dejan para que lo pueda aprovechar otra persona.

«Hace unos días un señor que acudía al reparto de comida nos dijo que no se la iba a llevar porque le habían pagado la renta básica y consideraba que era mejor que esos alimentos los aprovechase otra persona. En momentos como esos es cuando Jesús se hace presente, en la humildad de la gente, en la manera de dar las gracias por el apoyo, en cada mirada y en cómo les confían lo que sienten. Pero también en los que no son tan agradecidos, en aquellos a quienes la situación les supera y reaccionan con enfado, o se cabrean porque creen que la ayuda es insuficiente o no se les hace caso. En ellos se hace aún más presente si cabe». Resuena aquello de «descálzate, porque la tierra que pisas es sagrada».

Esta experiencia está enriqueciendo sus vidas de muchas formas y el compartirlo con el equipo las ayuda a pasarlo todo por el Evangelio y animarse a asumir nuevos compromisos, seguir con el voluntariado cuando todo esto acabe, hacerse más presentes en la parroquia y continuar dándose a los demás porque, realmente, es el estilo de vida que quieren seguir.