El arte de abrazar en la distancia

El arte de abrazar en la distancia

El coronavirus nos ha obligado a hacer de la distancia un espacio de seguridad personal y de cuidado de los otros. Tenemos ahora el reto de hacer de esa distancia un espacio para la comunión y el encuentro.

Abrazar es mucho más que un mero movimiento de brazos, es un gesto en el que se implica todo el cuerpo y se expresa el alma. El abrazo nos acerca al otro y al aproximar nuestros corazones nos vuelve prójimos.

Los dos metros podemos convertirlos y vivirlos como ese escenario en el que exploramos y danzamos otros modos de abrazarnos.

Sentiremos ese espacio que, desde una mirada superficial nos separa, en un sendero colmado de ternura, en un río por el que hacemos circular de manera silenciosa nuestro emocionar más hondo y en un mar que termina diluyéndose en la orilla de quien tengamos delante.

Puedo abrazar con mi modo de estar de pie cuando vivo el pisar el espacio de distanciamiento como un acariciar a la tierra, besarla y honrarla. Y al mantenerme frente al otro, en mi centro y siempre con la conciencia de estar creciendo, reconoceré frente a mí una presencia y no solo un volumen arrojado en medio del espacio.

Puedo abrazar con la boca cuando en ella se dibuja la silueta del cáliz, del cuenco de la sonrisa con el que doy de beber al otro de esa alegría que soy.

Puedo abrazar con los oídos cuando de verdad escucho al otro, a su ser más auténtico, a eso más grande que él y que yo y que en este instante nos abraza a los dos, cuando reconozco en quien me habla un mensajero de Dios y cuando mi manera de escuchar despierta en quien tengo delante y me habla su palabra más auténtica y hermosa.

Puedo abrazar con los ojos cuando mi mirada es blanda y profunda y llega entonces al centro sagrado de la persona que está ahora ante mí, cuando desde mis pupilas se proyecta hacia ella un sutil halo de luz y ternura que la ilumina y acaricia.

Puedo abrazar con el alma cuando siento que es la Vida quien me abraza a través del abrazo que el otro me lanza desde la distancia sin llegar a tocarme.