El Vaticano propone multilateralismo, solidaridad y bien común para construir una nueva paz global

El Vaticano propone multilateralismo, solidaridad y bien común para construir una nueva paz global

Es necesaria una transición de la industria armamentística hacia el fortalecimiento de los servicios sanitarios, la seguridad alimentaria y reactivación económica centrada en la justicia social y la ecología que asegure “una nueva seguridad humana”.

En el aula Juan Pablo II de Ciudad del Vaticano, comparecieron el cardenal Peter Turkson, prefecto del Dicasterio para el Servicio Integral de Desarrollo Humano, junto con Alessandra Smerilli y Alessio Pecorario de la Comisión Vaticana COVID-19, para presentar algunas reflexiones de los grupos de trabajo de Economía y Seguridad de esta comisión, sobre la preparación para el futuro, construyendo la paz en tiempos de COVID-19. 

Nos enfrentamos a una de las peores crisis humanitarias desde la Segunda Guerra Mundial. A medida que el mundo toma medidas de emergencia para hacer frente a una pandemia mundial y a una recesión económica mundial, ambas sustentadas por una emergencia climática mundial, también debemos considerar las consecuencias para la paz de estas crisis interconectadas” ha subrayado el cardenal Turkson para, acto seguido, destacar que “no puede haber sanación verdadera si no hay paz”. Esta triple crisis, está ensanchando la brecha de la desigualdad pero también entre lugares de “paz, prosperidad y justicia ambiental y las zonas de conflicto, privación y devastación ecológica”.

El cardenal ha celebrado el acto el fuego decretado por Naciones Unidas –apoyado también por el papa Francisco– con el respaldo de 170 países al llamamiento para que se silencien las armas, decisión muy importante, aunque insuficiente, ya que “necesitamos congelar la producción y el comercio de armas”. “No puede haber sanación verdadera si no hay paz” de la misma manera que la no podemos abordar convenientemente la lucha contra la pandemia preparándonos para luchar unos contra otros. En la comparecencia, retransmitida en directo por internet, los responsables del Dicasterio han recordado que el gasto militar mundial en 2019 fue de 1,9 billones de dólares -unas 300 veces el presupuesto de la Organización Mundial de la Salud-, y la orientación de determinados halcones es a que aumente para responder a la crisis actual.

La salud es un bien común global

Alessandra Smerilli, en su intervención ha lanzando una batería de preguntas demoledoras: “¿Para qué sirven los arsenales si un puñado de personas infectadas es suficiente para propagar la epidemia y causar muchas víctimas?” “¿Y si en lugar de hacer la carrera de armamentos, ‘corremos’ hacia la seguridad alimentaria, sanitaria y laboral? ¿Qué están pidiendo los ciudadanos en este momento? ¿Necesitan un estado militar fuerte, o un estado que invierta en bienes comunes? ¿Tiene sentido seguir haciendo inversiones masivas en armas si no se pueden salvar vidas humanas porque no hay un sistema de salud adecuado?” Y aquí radica el cambio que necesitamos que permita aumentar las inversiones en “protección contra las enfermedades transmisibles” y “en prevención”. La pandemia, “ha revelado la insuficiente financiación del tratamiento de las enfermedades transmisibles en el corazón de muchos sistemas de salud. Ahora mismo necesitamos una vacuna”. Esta realidad pandémica revela nuestra interconexión global. “Sabemos que la salud es un bien común mundial, y los servicios de prevención y atención deben ser también mundiales. En particular, la salud mundial debe considerarse un bien común en el sentido de que todos tienen el mismo derecho a ella, pero también la misma responsabilidad de promoverla”, dijo.

Globalización de la solidaridad

Las actuales crisis interconectadas de salud, socioeconómica y ecológica reclaman una urgente globalización de la solidaridad con un liderazgo mundial que promueva “reconstruir los lazos de unidad y al mismo tiempo rechazar los chivos expiatorios, la recriminación mutua, el nacionalismo chovinista, el aislacionismo y otras formas de egoísmo” ha remarcado Tuckson. Es el tiempo de la cultura del encuentro “en la que hombres y mujeres se descubran unos a otros como miembros de una familia humana”. La solidaridad, la confianza, el encuentro, el bien común, la no violencia son para el Vaticano “los fundamentos de la seguridad humana actual” y que deben garantizarse con un pacto colectivo que reoriente políticas y recursos dirigidas hacia la justicia social, donde las 3T, tierra, techo y, sobre todo, trabajo, constituyen el criterio fundamental en el pontificado del papa Francisco . 

La seguridad humana objetivo del multilateralismo y de la política

En este sentido, ante este cambio de época, la Iglesia considera esencial “dar prioridad a la paz positiva sobre las estrechas nociones de seguridad nacional”. Es el momento de que las naciones pasen “de la seguridad nacional por medios militares a la seguridad humana como principal preocupación de la política y las relaciones internacionales. Ahora es el momento de que la comunidad internacional y la Iglesia elaboren planes audaces e imaginativos para una acción colectiva acorde con la magnitud de esta crisis. Ahora es el momento de construir un mundo que refleje mejor un enfoque verdaderamente integral de la paz, el desarrollo humano y la ecología”.