Una cesta solidaria para el Sáhara

Una cesta solidaria para el Sáhara
Aunque hasta el momento se ha podido contener la expansión del coronavirus en los campamentos de refugiados saharauis, las consecuencias de esta pandemia mundial sí se han dejado notar en la vida de este pueblo, que depende en gran parte de la ayuda externa.

El cierre de fronteras ha aislado aún más si cabe a esta población, que sobrevive básicamente de la ayuda humanitaria y de los productos que le llegan desde Argelia. Es por ello que, desde el primer momento, las diversas asociaciones españolas de ayuda al pueblo saharaui han puesto en marcha diferentes iniciativas para intentar minimizar las consecuencias de esta crisis sanitaria mundial en esta población tan vulnerable a un brote de estas características.

Una de las medidas tomadas en relación a nuestro país, fue la suspensión del programa «Vacaciones en Paz», a través del cual, como todos los veranos desde hace más de 40 años, más de 4.000 niños y niñas que viven en los campos de refugiados saharauis tenían previsto venir a España a pasar los meses de julio y agosto con sus familias de acogida, lejos del sofocante calor del desierto de Tindouf, que llega a superar los 50 grados en estas fechas.

Programa alternativo

La medida fue tomada de común acuerdo entre las autoridades saharauis y las organizaciones españolas implicadas, como medida de precaución, siendo sustituido por un programa alternativo de actividades educativas, culturales, deportivas y de sensibilización para los niños y las niñas que se debían quedar en los campamentos, programa que ha sido apoyado por diversas federaciones de asociaciones españolas.

Por su parte, otras organizaciones más pequeñas, como Asociación Smara La Vall-La Vilavella, en la provincia de Castellón, han decidido destinar el presupuesto que tenían previsto para el programa «Vacaciones en paz» para ayudar a las familias más necesitadas de los campamentos.

Aunque esperaban con ilusión la llegada de Daha, Dumaha, Jadiya, Malainin, Fatimetu, Fatma Salca, Mareim, Laila, Sidi-Zen y Safia, este año los ansiados abrazos y sonrisas se han sustituido por infinidad de mensajes de audio y llamadas telefónicas entre las familias saharauis y las españolas, preocupados por las noticias que les llegaban desde España, en un primer momento, y por los problemas de abastecimiento que pronto se empezaron a vivir en los campamentos a causa del cierre de fronteras, después.

Como nos explica su presidenta, Tica Ferreres, «preguntamos a nuestras familias saharauis cuáles eran sus principales necesidades y nos dijeron que, sin duda, lo que faltaban eran alimentos». Así que decidieron sumarse a la campaña «Una cesta solidaria para el Sáhara», impulsada por el colectivo Basmat Jeir, un grupo de mujeres saharauis que se dedican de manera voluntaria a ayudar a las familias más pobres de los campamentos, en colaboración con diversas asociaciones españolas.

Tal y como nos cuenta Tica Ferreres, «esta brigada de mujeres saharauis voluntarias se encargan de hacer un censo de las familias más necesitadas de los campamentos: personas mayores sin familia, personas con alguna minusvalía, familias monoparentales, con muchos miembros, etc. Y nosotros nos encargamos de comprar a través de Butigon (una tienda online de alimentación ubicada en los campamentos) determinadas cestas de alimentos básicos a la semana, que ellas recogen y llevan directamente a estas familias». Las cestas contienen leche, huevos, pan, azúcar, macarrones, arroz, te, cacao, yogur, verduras, fruta, carne de camello y de pollo, jabón…, productos básicos que van variando según la disponibilidad.

Al principio eran solo seis mujeres las que componían esta brigada y ahora ya son unas 30 voluntarias y abarcan prácticamente todas las dayras y wilayas. «Son unas chicas muy agradables que lo hacen de manera totalmente voluntaria», asegura Tica. La asociación tiene previsto mantener esta colaboración hasta el mes de octubre, dependiendo del presupuesto y de la posibilidad de distribuir estos alimentos si se restringe el movimiento, así como de la disponibilidad de los productos.

Por otra parte, la suspensión del programa «Vacaciones en paz» supuso, además de la pena de que los niños no pudieran pasar el verano en nuestro país, lejos del tórrido calor del desierto y sin poder recibir las revisiones médicas, un importante problema económico para las familias saharauis, que viven ya en condiciones muy complicadas. «Este verano, además de tener un gasto más de agua y comida, no podrán contar con el aporte extra de dinero que aportaban los niños al volver a los campamentos y que les ayudaba a pasar mejor el resto del año».

Desde la asociación solo esperan que la suspensión del programa no haga decaer el interés de las familias españolas por acoger a niños saharauis el año que viene. «Este programa es importante para recordarnos las condiciones en las que viven tantas familias en los campamentos y lo injusto de su situación», recuerdan.

Acompañar a las familias

Otra iniciativa que se puso en marcha al principio de la pandemia y a la que se sumó la Asociación Smara La Vall-La Vilavella fue la campaña «Acompaña a una familia saharaui», impulsada por una asociación de saharauis en Valencia.

A través de esta iniciativa se pedía a las familias españolas que colaboraran haciendo una compra online de alimentos a través de Butigon, que también reparte a domicilio en los campamentos. Desde la asociación ponían en contacto a las familias interesadas en colaborar con aquellas que más lo necesitaban en los campamentos, evitando además, que estas tuvieran que salir de sus jaimas para ir a comprar como medida de prevención del coronavirus.

No obstante, los problemas de abastecimiento continuarán agravándose en los campamentos saharauis, mientras las fronteras continúen cerradas, a pesar de los esfuerzos de las organizaciones por hacer llegar sus ayudas. Por ejemplo, la caravana de alimentos que estaba prevista que se enviara a los campamentos en el mes de marzo sigue bloqueada en el puerto de Alicante, esperando a que se abran las fronteras, con más de 50 toneladas de alimentos que han recogido las diferentes asociaciones valencianas colaboradoras.