Círculos de Silencio reclaman respeto a las personas migrantes y refugiadas, especialmente, a las mujeres

Círculos de Silencio reclaman respeto a las personas migrantes y refugiadas, especialmente, a las mujeres
La diócesis de Bilbao llama la atención ante la realidad de las mujeres en los campos de refugiados, en los centros de internamiento (CIE) y en el trabajo de cuidado de personas, sufriendo condiciones de precariedad, cuando no de explotación laboral.

Una nueva convocatoria de Círculo de Silencio Hospitalidad y dignidad, de la Pastoral de Migraciones de la diócesis de Bilbao, ha denunciado “las injusticias que sufren las personas migrantes, especialmente las mujeres”. Decenas de personas comprometidas y sensibles a este drama se han concentrado en silencio, esta tarde, en Bilbao, Portugalete, Galdakao, Durango, Balmaseda y en Barakaldo, estas dos últimas en formato de videoconferencia, para apelar a la conciencia de “quienes hacen las leyes y deciden políticamente a diferentes niveles para que respeten los derechos de las personas y su dignidad”.

Un drama que ya contabilizan 295 personas migrantes muertas intentando atravesar el Mediterráneo, la mayor fosa común del mundo, y ante una dolorosa realidad de miles de personas que anhelan un futuro mejor y que, en su proceso de búsqueda, “son perseguidas, engañadas, deportadas, asesinadas en el mar. Personas que caminan por nuestras calles y duermen a la intemperie sin techo, sin padrón, sin trabajo, sin amigos, con frío y sueños congelados por nuestra indiferencia y una legislación que no ofrece oportunidades”, señalan en su comunicado.

Mujeres trabajadoras migrantes, esenciales en el cuidado

La diócesis señala que solo un 5% de las solicitudes de asilo se resuelven favorablemente y que el 45% de las solicitantes de asilo son mujeres que huyen de situaciones de violencia. Además, denuncian la vulneración de derechos fundamentales en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), agravando la situación de las mujeres ante la ausencia de “acceso a servicios básico para la salud sexual y reproductiva, la desprotección la mujeres víctimas de trata y la violencia sexual como forma de amenaza”. Con todo, las mujeres trabajadoras migrantes, esenciales en tareas de cuidado de personas mayores o enfermas, sufren “condiciones de explotación y precariedad laboral”. En este sentido, la diócesis se suma a la exigencia, que va sumando cada vez más apoyos, de “regularización, equiparación de derechos y de una red de cuidados públicos, gratuitos y universales. Además de romper con el techo de cristal racista que le impide acceder a trabajo más acordes a sus competencias profesionales”.

Un silencio acogedor de las heridas de nuestras hermanas y hermanos

Estas concentraciones silenciosas de la diócesis de Bilbao, traen a la “a la memoria y al corazón” el sufrimiento y la esperanza de tantos hermanas y hermanos, consecuencia de un “egoísmo que margina y no deja oír los gritos de los débiles”, señalan. Un silencio “permanente y firme” todos los meses para exigir una “acogida adecuada”. Un silencio, roto por el grito que reclama políticas justas, que erradiquen la trata de personas; garanticen la atención a las necesidades básicas de las personas migrantes; favorezcan corredores humanitarios; cierre los CIE; y rechacen la mercantilización de las personas. “La voz de las personas más débiles es, para quienes aquí estamos, sonido de la esperanza”, concluyen.