Francisco: “Que todas las diócesis del mundo tengan una colaboración sostenida con los movimientos populares”

Francisco: “Que todas las diócesis del mundo tengan una colaboración sostenida con los movimientos populares”
El papa Francisco alienta a construir una política arraigada en el pueblo, atienda a los pobres, y promueva el bien común.

En un videomensaje enviado a los participantes de la Conferencia Internacional titulada A politics rooted in the people (Una política arraigada en el pueblo), realizada este jueves, Francisco volvió a poner el acento en su compromiso con los trabajadores más humildes, que se organizan en los movimientos populares, y luchan contra el sistema que los empobrece y descarta para anhelar tierra, techo y trabajo. En la conferencia realizada en el contexto del nuevo libro del Papa titulado Let Us Dream (Soñemos juntos) y organizada por la Campaña Católica para el Desarrollo Humano en EEUU, Francisco ha dirigido unas palabras subrayando “sobre todo en lo que se refiere a los movimientos populares y las organizaciones que los apoyan”.

Una política de fraternidad

Francisco ha reconocido la labor que realizan las organizaciones de la Campaña acompañando al pueblo pobre y trabajador “en su lucha por la tierra, el techo y el trabajo” y estar “a su lado cuando se topan con actitudes de oposición y desprecio. La pobreza y la exclusión del mercado de trabajo que resultan de esta pandemia que estamos viviendo han hecho mucho más urgente y necesaria la obra y el testimonio de ustedes”.

En este sentido, ha puesto en valor las experiencias y la política de fraternidad “arraigada en la vida del pueblo”, definida por Francisco como “popularismo” y que se enfrenta al auge del individualismo. Aunque “lo que importa no es el nombre sino la visión: se trata de encontrar mecanismos para garantizar a todas las personas una vida digna de llamarse humana, una vida que sea capaz de cultivar la virtud y forjar nuevos vínculos”, ha subrayado.

En el libro Soñemos Juntos, Francisco llama a esta política “con mayúscula”, que promueve la participación y la organización del pueblo, superadora de un “para el pueblo” y pasar a ser protagonista “con el pueblo, arraigada en sus comunidades, y en sus valores”. En su crítica a los populismo que “siguen como inspiración, consciente o inconsciente, otro lema: ‘Todo para el pueblo, nada con el pueblo’, además de un marcado paternalismo se aleja del “protagonista de su destino”, para “termina siendo deudor de una ideología”.

Colaboración sostenida con los movimientos populares

La cultura del descarte que promueve este sistema económico, provoca que a millones de personas “se le priva no solo del bienestar material sino de la dignidad del actuar, de ser protagonista de su historia, de su destino, de expresarse con sus valores y su cultura, de su creatividad, de su fecundidad”. “Por eso, –continua el Papa– para la Iglesia es imposible separar la promoción de la justicia social del reconocimiento de los valores y la cultura del pueblo, incluyendo los valores espirituales que son fuente de su sentido de dignidad. En las comunidades cristianas, estos valores nacen del encuentro con Jesucristo, que busca incansablemente a quien está desanimado o perdido, que se desplaza hasta los mismos límites de la existencia, para ser rostro y presencia de Dios, para ser ‘Dios con nosotros'”.

Francisco insiste en la tarea de comprometerse en las periferias y en el acompañamiento a los movimientos populares, caminando con el pueblo, “delante, en medio y detrás del pueblo. Delante para señalar un poco el camino, en medio para sentir con su pueblo y no equivocarse, y detrás para ayudar a los rezagados y para dejar que el pueblo con su olfato también encuentre caminos” y “recordándoles el rostro de Dios que siempre se nos adelanta”. Por eso, desea “que todas las diócesis del mundo tengan una colaboración sostenida con los movimientos populares”, saliendo al encuentro “de Cristo herido y resucitado en las comunidades más pobres”, y advirtiendo que “si la Iglesia se desentiende de los pobres deja de ser la Iglesia de Jesús y revive las viejas tentaciones de convertirse en una élite intelectual o moral”.

Una advertencia que traslada también a la política puesto que si se desentiende de los pobres “nunca podrá promover el bien común. Una política que se desentiende de las periferias nunca sabrá entender el centro y confundirá el futuro con un proyectarse a través de un espejo”. Desentenderse es despreciar la cultura popular, y en ese desprecio comienza “el abuso de poder”.