El «partido» de la política

El «partido» de la política
Los déficits de gobernanza de los Estados en un mundo global, el ascenso de los populismos de diverso signo, la creciente e hiriente desigualdad y las situaciones de excepcionalidad democrática surgidas en tiempos de COVID-19 nos sumergen en tiempos de política frágil, precaria e incierta.

La última década del siglo XX celebrábamos el ascenso de la democracia en lo que se denominó la tercera ola de democratización (Huntington). Las democracias representativas en un régimen de pluralidad de partidos parecían imponerse en un mundo globalizado. Sin embargo, el siglo XXI, según los informes Freedom in the world, comenzaba con una «vuelta al puño de hierro».

La desafección política y la fatiga civil se manifiestan en las actitudes y comportamientos de la ciudadanía que siente como «su voz no cuenta». En un estudio realizado por el Eurobarómetro en 2016, el 64% de los españoles estaban de acuerdo con la frase «mi voz no cuenta en mi país». Esta percepción vital hace emerger, junto al precariado social, un «precariado político» (Fernández-Alberto) formado por personas que creen que su voz es ignorada sistemáticamente por los canales convencionales de la política.

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