Por un cambio de sistema productivo

Por un cambio de sistema productivo

Bajo el título ¡Ahora más que nunca: Trabajo Decente!, la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) y otras organizaciones eclesiales que constituyen el colectivo Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) emitieron el Manifiesto del 1° de Mayo 2021. En nuestra diócesis de Astorga y en toda España, se viene también celebrando, en el mes de mayo, el Día de la HOAC.

El Manifiesto del 1° de Mayo aboga por “un cambio de sistema productivo, basado en trabajos que aporten valor, sujetos de unas condiciones laborales dignas, y donde las personas estén en el centro”. Y señala (muy agravados por la pandemia covid-19), “los procesos que debilitan el derecho al trabajo y empobrecen, precarizan y descartan a millones de trabajadoras y trabajadores, especialmente mujeres y jóvenes”. Añade cómo la pobreza se acrecienta entre los inmigrantes en situación irregular, con un trabajo informal –sin contrato ni derechos laborales–.

De modo concreto, la ITD reclama, entre otros aspectos:

–“Potenciar el trabajo con derechos, seguro, ‘libre, creativo, participativo y solidario’ (EG 192) en cualquier relación laboral y para todas las personas, sin distinción de edad, sexo y procedencia”.

–“Garantizar el acceso a medidas de protección social para aquellas personas que no puedan trabajar o que sus condiciones laborales no les permitan llegar ‘a fin de mes'”.

–“… configurar un nuevo contrato social basado en la centralidad de la persona, el trabajo decente y el cuidado del planeta”.

Pensando un poco…, nos viene sorprendiendo y afectando duramente la pandemia, pero ¿cómo no somos conscientes del proceso biocida y humanicida, ya atávico y normalizado, fruto de la exclusión y explotación –“sistemática”– que produce el sistema capitalista vigente?

En el actual Plan de Trabajo de la HOAC se afirma, en conexión con el papa Francisco, que “este sistema capitalista y patriarcal no se aguanta”, un sistema basado en la “autosuficiencia individualista”, que contrasta con la “vulnerabilidad” personal y social puesta en mayor evidencia por la pandemia; y concluye: “Esta realidad nos pide reafirmar con rotundidad la necesidad de transformar en profundidad nuestro sistema económico, social y político”.

Pero, ¿existe alguna posibilidad de un cambio sociopolítico en España, con su repetida alternancia gobernante entre partidos de línea conservadora y de línea socialista?

La derecha conservadora parece tener clara su opción por el individualismo (¿le llaman “libertad”?) a todos los niveles, la libertad absoluta de mercado y también de contratación, despido y condiciones laborales, la privatización de los servicios públicos de salud y otros, la bajada mayor posible de la imposición fiscal… En el aspecto laboral, con ello se ha cosechado el mayor índice de desempleo y precarización laboral de casi todos los países de Europa.

La línea política de izquierda ha sido reconducida hacia una especie de “centro capitalista”, sin llegar a definir una política suficientemente renovadora y justa a nivel económico, social, laboral, de inmigración, de fiscalidad proporcional a la escala de ingresos… En la actual situación de la pandemia ha adoptado la buena decisión de los ERTE, del ingreso mínimo vital (IMV), –con sus graves deficiencias de gestión–, la demora en el cobro de alquileres, suspensión de los desahucios…

Un cristiano, por definición, no ha de dar su adhesión indiscriminada a un determinado partido político, pero sí debe obtener la necesaria información real del marco político existente y realizar un discernimiento claro del mismo desde la visión cristiana de la persona, la sociedad, la política, la economía, el trabajo…, apoyando finalmente la opción que considere mejor para el bien común.

Un gran número de españoles parece alarmarse rápidamente ante propuestas políticas de incremento de la fiscalidad –que sería adecuada y justa en función del nivel de ingresos–. Se repudia fácilmente la acogida e integración de los inmigrantes –sin ponderar su histórica (e incluso actual a nivel comercial) colonización–. Se despierta una reacción casi instintiva contra todo lo que toque a la propiedad privada, como en el caso de los desahucios, los fondos buitre de viviendas…, sin otras consideraciones de carácter social y humanitario. Cunden los tópicos de que los pobres lo son porque no trabajan y que, por lo tanto, se aprovechan del esfuerzo y el trabajo de los demás. Y parece anidar todavía en el subconsciente de muchos la indoctrinación anticomunista y fascista (franquista) de anatematización de todo lo que suene a “comunismo”, sin percatarse de que tal sistema en la configuración que adoptó ya no tiene apenas vigencia.

De esta mentalidad, que diríamos antisocial, participa una gran porción de miembros de la Iglesia, incluidos no pocos pastores de la misma, que adolecen de una carencia grave de formación y praxis de la dimensión sociopolítica de la fe cristiana. Un cristiano, por definición, no ha de dar su adhesión indiscriminada a un determinado partido político, pero sí debe obtener la necesaria información real del marco político existente y realizar un discernimiento claro del mismo desde la visión cristiana de la persona, la sociedad, la política, la economía, el trabajo…, apoyando finalmente la opción que considere mejor para el bien común. La acción liberadora/salvadora cristiana abarca a la persona y a la sociedad en la globalidad de sus dimensiones personal, familiar, social, económica, política, laboral, nacional e internacional. Pero, de entrada, muchos cristianos tienen alergia, a cualquier referencia eclesial o pastoral al ámbito político. No son conscientes de que su abstencionismo y pasividad les hace cómplices de tantas carencias e injusticias vigentes en la sociedad. Lo que el evangelio rechaza es la actitud y la aspiración al poder de dominación y otros tipos de distorsión y corruptelas políticas, pero reclama el compromiso por la transformación de la realidad, en primer lugar personal, pero también social a todos los niveles, para construir el “Reino de Dios” de libertad, de justicia, de paz y –enfatizada por el papa Francisco en Fratelli tutti— de fraternidad universal.

En ese sentido se desarrolló la Doctrina Social de la Iglesia desde la Rerum novarum (1891) y fueron surgiendo los diferentes movimientos de acción social cristiana, entre ellos la HOAC (1946).

¿Cuál ha de ser, en este contexto, la tarea a realizar por toda la sociedad y de una forma más especificada por la HOAC? Se trata de una acción centrada en cuatro aspectos o “claves”:

1º. Acompañar y apoyar a los trabajadores en sus situaciones concretas, especialmente de desempleo, precariedad, abuso o explotación, accidentes laborales…

2º. Promover la toma de conciencia de la realidad socio-laboral a través del dialogo, la difusión de textos de análisis de la realidad, la formación sociopolítica cristiana.

3º. Reclamar los cambios legales e institucionales necesarios para preservar la dignidad y los derechos de los trabajadores, la protección social, la integración de los inmigrantes, la igualdad a efectos laborales de la mujer, el acceso al trabajo de los jóvenes…

4º. Ofrecer formas alternativas de vida y organización económica, laboral, social y política. Un aspecto también acuciante ha de ser promover la política de preservación y cuidado de la Madre Tierra, con sus ramificaciones de carácter industrial, ambiental (contaminación urbana, incendios forestales…), de economía circular…

La HOAC es un movimiento eclesial, pero no ha de acaparar la acción, junto con otros movimientos cristianos, del “Evangelio social” en la Iglesia. Es toda la Iglesia, en su programación y acción pastoral, a todos los niveles, la que ha de conocer y poner en práctica el evangelio y su Doctrina Social. Todos los cristianos, y de modo especial los laicos en las instituciones civiles de las que forman parte, están vocacionados a interpretar  la realidad sociopolítica desde la fe y a promover el cambio o renovación de la estructuras sociopolíticas que determinan decisivamente las condiciones de vida (y muerte) de las personas, el grado de igualdad, justicia, solidaridad –fraternidad– vigente en la sociedad.

Por ello, en su 75° aniversario, la HOAC mantiene en sus manos el timón para orientar, desde el evangelio, la ruta sociopolítica en la sociedad y dinamizar la implicación en la misma de la toda la Iglesia, proclamando: ¡Ahora más que nunca: Trabajo Decente!