Siniestralidad laboral: El drama nuestro de cada día

Siniestralidad laboral: El drama nuestro de cada día

El pasado 15 de junio murió en Cabra, con 43 años, Manuel Pino Palacios. Trabajaba en la empresa Proaco, en Cabra y terminó sus días atrapado por el vuelco de una carretilla.

Las condiciones de tu trabajo pueden dañar tu salud, incluso matarte, como desgraciadamente le ha pasado a Manuel. Puede que pienses que a ti no te va a pasar porque “tú tienes cuidado” y estas desgracias sólo les pasa a imprudentes y gente descerebrada.

Pero la realidad es muy distinta. La siniestralidad laboral no depende de la sensatez o el despiste de quien trabaja. No es un problema personal, individual…, sino social y colectivo. No es casual, es estructural y está ocurriendo todos los días delante de nuestras narices.

Para muestra, hablemos sólo de dos jornadas: 14 y 15 de junio. Además de Manuel, murió electrocutado un trabajador en Barbate (Cádiz) y otro en Huelva, al caer a un pozo. En las provincias de Alicante y Murcia, dos muertes más por caída en altura. 48 horas y 5 muertes. ¿No crees que es mucha casualidad?

Desde 2013 a 2020 hemos perdido 5183 vidas en el tajo. 7 años muriendo 2 personas cada día. Ni siquiera el “apagón laboral” de la pandemia ha frenado esta macabra estadística.

Es evidente. La Siniestralidad laboral es un pozo profundo, gravísimo, que se cobra infinidad de vidas. Y lo que es peor: está tapado, oculto. Y ya sabemos que ojos que no ven…

Por todo ello, si queremos que nuestros empleos sean humanos, tenemos que poner la salud laboral en el centro de la organización del trabajo. Porque…

  • Si importa más el beneficio obtenido en cada puesto de trabajo, que la salud de quien lo está ocupando cada día, el trabajo se vuelve inhumano.
  • Si nuestros contratos son precarios e inestables y los ritmos de producción excesivamente altos y mantenidos en el tiempo, el trabajo se vuelve peligroso.
  • Si evitamos invertir en la seguridad de nuestras empresas, el trabajo se vuelve asesino.

Para la Iglesia está claro: “Todos los cristianos debemos implicarnos en la defensa de la vida en el trabajo, porque el compromiso al servicio de la vida obliga a todos y cada uno. Es una responsabilidad propiamente eclesial que exige la acción concertada y generosa de todos los miembros y todas las estructuras de la comunidad cristiana” (Nota sobre la defensa y promoción de la vida en el trabajo. Conferencia episcopal)

Por eso seguimos gritando:   ¡El trabajo es para la vida. Ni una muerte más!

 

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