Obispos animan a celebrar la Jornada Mundial por el Trabajo Decente

Obispos animan a celebrar la Jornada Mundial por el Trabajo Decente
Obispos españoles llaman a unirse a la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente para colaborar en la búsqueda de un futuro laboral fundado en condiciones que garanticen la dignidad de las personas y el cuidado de la casa común.

Mario Iceta, obispo de Burgos, en su carta pastoral recuerda que “el trabajo debe ser siempre humanizador y fuente de fraternidad y edificación de una sociedad a la medida del corazón humano que late en el seno del corazón de Dios”.

Su colega de la diócesis de León, Luis Ángel de las Heras califica la iniciativa «Iglesia por el Trabajo Decente» como un camino de amistad y fraternidad hacia “la paz, la justicia y la dignidad de la persona humana”, en línea con el espíritu de la encíclica Fratelli tutti.

Salvador Cristau Coll, el auxiliar y administrador diocesano de Tarrasa llama a buscar “soluciones que ayuden a construir un nuevo futuro fundado en condiciones laborales decentes y dignas que provengan de una negociación colectiva y que promuevan el bien común”.

El trabajo como instrumento de fraternidad

En la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, del 7 de octubre, dice Iceta, “la comunidad cristiana proclama que el trabajo debe ser siempre humanizador y fuente de fraternidad y edificación de una sociedad a la medida del corazón humano que late en el seno del corazón de Dios”.

Iceta, con motivo del año jubilar, ha impulsado expresamente la fiesta de los trabajadores, como vía para “comprometernos –con la Doctrina Social de la Iglesia en la piel del corazón– en que el trabajo sea verdaderamente humano y para que la humanidad encuentre en el trabajo una participación en la actividad creadora de Dios”.

“Ciertamente, hay lugares que requieren un cuidado particular. La Pastoral obrera es uno de ellos, pues nace de la belleza del compromiso humano que se forjó en el taller de Nazaret”, explica Iceta, quien se explaya comentado que “ese ejemplo del Hijo de Dios hecho hombre trabajando con san José en el taller de Nazaret es la puerta que abre la esperanza de un Jubileo como el que ahora celebramos”.

De ahí que subraye que sin dignidad y justicia social no hay verdadera fiesta del trabajo, por lo que invita a toda la comunidad cristiana a ser “constructores de un futuro de esperanza, justicia y solidaridad para la humanidad entera”, especialmente allí donde “se agravan fenómenos como el desempleo, la explotación de menores y la insuficiencia de los salarios». Un horizonte, sin duda, que hemos de atajar desde la raíz, hasta que constituyamos en el mundo «una coalición a favor del trabajo digno”, citando a San Juan Pablo II..

Sigue su carta haciendo explícito que el cuidado del bien común pasa “indefectiblemente por procurar que en cada hogar abunde la posibilidad de desarrollar las propias cualidades en el ámbito laboral”, por lo que, indica, “desde la Iglesia debemos poner siempre a la persona en el centro confiada a la fidelidad de Cristo”.

“Nunca olvidemos, durante este Jubileo y por el resto de nuestros días, que persona, trabajo, familia y edificación de una sociedad justa y fraterna son cuatro realidades que deben ir siempre de la mano”, concluye.

Camino de paz, justicia y dignidad

Luis Ángel de las Heras CMF, obispo de León, también en una misiva dirigida a sus feligreses, cita la carta pontificia Fratelli tutti, que, reflexiona, “ofrece un acercamiento de amistad y fraternidad más allá de las discrepancias políticas y religiosas, de modo que se busque y logre la paz, la justicia y la dignidad de la persona humana. Algo que concretamos, por ejemplo, a través de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente” uniéndonos el 7 de octubre a la «Jornada Mundial por el Trabajo Decente”.

Invita el metropolitano leonés a ser “hombres y mujeres convencidos de la fraternidad universal, constructores de comunión fraterna en la Iglesia, buenos samaritanos que se acercan a asistir, curar y cuidar a cualquiera que lo necesita sin poner trabas ni condiciones. Necesitamos, en definitiva, testigos del Evangelio de Jesús, promotores de la fraternidad y la amistad social resueltos a tender puentes”.

Un futuro fundado en condiciones laborales decentes y dignas

Salvador Cristau Coll, obispo auxiliar y administrador diocesano de Tarrasa, en su carta, enmarca la celebración de la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, “en la crisis de la pandemia del coronavirus” e insiste en que “todas las personas deben tener la oportunidad de realizar una actividad productiva que aporte un ingreso justo, seguridad del puesto de trabajo y  protección social para las familias; que ofrezca mejores perspectivas de desarrollo personal y favorezca la integración social, es decir un trabajo digno y decente”.

Además, puntualiza que “no basta el solo hecho de la ocupación, esta debe ser una ocupación de calidad, bien remunerada, que repercuta de manera positiva en la vida de los trabajadores y en el crecimiento de la economía”.

Como no podía ser de otra manera, retoma el discurso del papa Francisco en la última cumbre mundial de la Organización Internacional del Trabajo, conminando a los responsables públicos y actores sociales a buscar “soluciones que ayuden a construir un nuevo futuro fundado en condiciones laborales decentes y dignas que provengan de una negociación colectiva y que promuevan el bien común”.

En su mensaje a la comunidad cristiana, el administrador de la diócesis también apunta que “es muy importante mantener la esperanza y emplear nuestras fuerzas para construir un mundo más justo y fraternal, su Reino, tal y como pedimos en el Padrenuestro, un mundo en el que todos puedan realizarse como personas humanas con un trabajo justo y digno”.

El obispo de la diócesis de Bilbao, Joseba Segura comenzó la cadena virtual de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente a favor del empleo con derechos, sostenible e inclusivo, mientras que el de Mondoñedo Ferrol, Fernando García ha hecho un llamamiento a “no abdicar del sueño de tierra, techo y trabajo digno para todos”.