Fernando Díaz: “Un trabajo que no cuida, que destruye la creación y no respeta la dignidad de los trabajadores no puede considerarse decente”

Fernando Díaz: “Un trabajo que no cuida, que destruye la creación y no respeta la dignidad de los trabajadores no puede considerarse decente”
—“Sería muy positivo” dar prioridad a quienes “se encuentran en los márgenes del mundo del trabajo”, empezando por “hacer oír su voz en el proceso sinodal” que vive todo el pueblo de Dios, convocados por el papa Francisco.
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El esfuerzo por humanizar las relaciones laborales ha sido el centro de la ponencia Díaz Abajo, en la jornadas generales de Pastoral del Trabajo, titulada “El trabajo decente, cuidador de la creación, condición de fraternidad y amistad social”, en la que ha profundizado en las implicaciones que para esta pastoral suponen las encíclicas Fratelli tutti y Laudato si’.

Durante su intervención, ha remarcado que el trabajo es un componente esencial para desarrollar el cuidado de la sociedad y de la creación, por lo que para afrontar la crisis ecosocial es necesario partir de “una correcta comprensión del trabajo”, lo que requiere “el desarrollo de la cultura de la solidaridad”.

Después ha desgranado los retos que derivan del magisterio social de este pontificado para la propia Pastoral del Trabajo, pero también para la Iglesia entera.

Dar voz a los que no la tienen

La comunidad de fieles, guiada por su afán de “servir y cuidar el bien común” debe promover y ejercer el diálogo sin exclusiones, señalando como “trascendental” el encuentro con los sindicatos por sus responsabilidades en “dar voz a los que no la tienen” y en vigilar y proteger el interior y el exterior de la “ciudad del trabajo”.

“Mirando al futuro, es fundamental que la Iglesia apoye medidas que corrijan situaciones injustas o incorrectas que afectan a las relaciones laborales, haciéndolas completamente subyugadas a la idea de “exclusión”, o violando los derechos fundamentales de los trabajadores”, ha señalado.

Reclama un compromiso fuerte como “Iglesia por el Trabajo Decente”, e incluso alentar medidas como la renta básica universal, el reparto del trabajo y preservar el domingo libre de ocupaciones laborales.

Acompañar a los trabajadores, especialmente los más precarios y descartados

La apuesta integral por la humanización del trabajo incluye, según ha planteado Díaz Abajo, incorporar la dimensión del cuidado, conforme apuntó el papa Francisco en la OIT, “un trabajo que no cuida, que destruye la creación, que pone en peligro la supervivencia de las generaciones futuras, no es respetuoso con la dignidad de los trabajadores y no puede considerarse decente”.

En cuanto a los restos más específicos de la Pastoral del Trabajo y, sobre todo, de los movimientos apostólicos de trabajadoras y trabajadores, ha recordado que aunque “todo esté conectado”, no vale todo. La vocación a evangelizar el mundo obrero y del trabajo implica, apostar por el acompañamiento de los trabajadores pobres, de los precarios y descartados. “Nadie debería ser dejado de lado”, ha reclamado.

En tiempo en que la Iglesia universal está especialmente convocada a escuchar, sería muy positivo, en su opinión, dar prioridad a quienes “se encuentran en los márgenes del mundo del trabajo”, empezando por “hacer oír su voz en el proceso sinodal”.

La espiritualidad del cuidado

Por supuesto, hay que seguir impulsando el cambio de mentalidad desde el respeto a la “ecología de la vida cotidiana”, porque también “el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo”, reconociendo el valor de las personas y el bien común. De esta manera, entonces, es posible apostar por “otra manera de sentir, de pensar, de vivir” y hacer frente a la creciente “desvinculación social”, construyendo “redes de comunión y pertenencia”.

Para todo ello, hace falta cultivar “la espiritualidad del cuidado”, volviendo lo más hondo de las propias convicciones, redescubriendo el origen común y la pasión por el cuidado del mundo, que incluye “la pasión de ayudar a otros a vivir con más dignidad y menos sufrimiento”. Y es que “no será posible comprometerse en cosas grandes solo con doctrinas sin una mística que nos amine” y sin “una reunión de fuerzas y una unidad de realización”.

La Iglesia como pedestal del trabajo decente

Finalmente, Díaz Abajo ha apostado por “el pleno compromiso con un trabajo decente, del que la Iglesia debiera ser visiblemente su pedestal” comenzando por “nuestra propias instituciones”; por ser comunidad que sostiene, casa de puertas abiertas, Iglesia en salida, aun a riesgo de resultar heridos en la pasión por la dignidad de las hijas e hijos de Dios, con los brazos alzados a Dios, y siempre abiertos en abrazo a las trabajadoras y trabajadores”.

 

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