10 razones para una pastoral de migraciones concreta

10 razones para una pastoral de migraciones concreta
Hablar de Pastoral de Migraciones es hablar de una realidad viva, del anuncio del evangelio encarnado en la realidad en la que Dios nos ha puesto, un cambio de época como pocas veces ha experimentado la historia. En definitiva, es hablar de la Iglesia y su misión hoy. Y de nosotros mismos, pues es desde aquí desde donde podremos encontrar las claves privilegiadas para descubrir quienes somos y lo que Dios tiene que decir a su Iglesia hoy. ¿Por qué ha de ser una realidad específica y no solo trasversa?

1. Porque la migración es un signo de los tiempos

Así lo nombra el papa Francisco. Ante este signo de nuestro tiempo, la Iglesia tiene una tarea y un gran reto que expresa en su pastoral y es ser fiel al mandamiento del Señor de reunir en una sola familia a todos los pueblos. ¿Cómo?, pues constituyéndose en signo que anticipe el futuro, además de presentarse como modelo de referencia para la sociedad futura, siendo una fraternidad que ilumine a todos sobre cómo poder llegar se conseguir la unidad de los pueblos diversos.

2. Porque la Iglesia es católica. Experta en vivir la universalidad del género humano, mediante el desarrollo de la fraternidad que proviene de la acción de Cristo resucitado en ella

La Iglesia es una, pero acontece en cada lugar, toda ella, con diversas concreciones. Lo comprendemos al mirar la eucaristía, ella es la expresión de todo esto. Nosotros siendo un solo pueblo que nos reunimos alrededor de una misma mesa, escuchando la misma Palabra del Señor, reconociendo la radical dignidad del ser humano, lo expresamos en cada lugar de forma diversa, pero desde un único Espíritu. «No es ni la esfera global que anula ni el narcisismo localista que esteriliza, es el poliedro, donde al mismo tiempo que cada uno es respetado en su valor, el todo es más que la parte», nos dice el Papa.

La migración se inscribe en el contexto actual de la globalización y tenemos la oportunidad de habitarla viviendo el amor de Dios y siendo aquí sus testigos. Eso conlleva hacer una pastoral donde la diversidad no es un problema, sino el camino habitual de trabajo. Y una pastoral que sepa expresar la esencia católica del pueblo de Dios.

3. Porque la migración es una oportunidad. No solo una crisis o un fenómeno aislado

«Son una oportunidad de enriquecimiento y de desarrollo humano integral de todos» (Fratelli tutti, FT, 133). La migración es un fenómeno y una oportunidad, no es un problema. En lenguaje teológico hablamos de una gracia o un kairós para todos nosotros. Muchos lo ven solamente en su fase de crisis o como fenómenos aislados, pero tiene sus causas y su origen hondo y establecido. Si hacemos una lectura creyente, vemos que es en las causas de la migración donde se aloja el problema, no en los efectos: en la injusta distribución de la riqueza, el cambio climático y las sucesivas guerras. Todo eso es lo que origina los grandes desequilibrios entre un mundo próspero y una buena parte del mundo sumido en la pobreza y al borde de la supervivencia.

Es cierto también que una inadecuada regulación de los flujos migratorios, la falta de trabajo y de vivienda digna para los inmigrantes y sus familias, el rechazo de parte de la población o la falta de adaptación de los propios inmigrantes, pueden también originar serios problemas.

Todo fenómeno social provoca dificultades y retos para la población local, ya sea en lo educativo, o en los servicios de la salud, o en lo social, o en el ámbito laboral. Pero buena parte de los llamados problemas de la inmigración se deben a que las cosas no se hacen atendiendo a todos y con previsión.

4. Porque la tradición magisterial así lo ha madurado

Desde las claves de la Palabra de Dios vemos que la pastoral de migrantes tiene muchos aspectos comunes a otros aspectos de la Pastoral de la Misión, la pastoral social y de la caridad, bebe de las fuentes de la Sagrada Escritura y de la Tradición, y es una pastoral especifica.

La Iglesia concretamente desde Exul familia, de Pio XII (1952), o el decreto Christus Dominus n. 18 del Concilio Vaticano II lo ha profundizado hasta el magisterio de Francisco, que ha puesto nuevos ejes (EG, AL, LS), encaminados a brindar un gran apoyo y una mirada especial a los migrantes y refugiados.

En enero de 2017 el papa crea el nuevo Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. Debido a la importancia de esta realidad, el papa se ocupa personal y temporalmente de la sección del nuevo Dicasterio que atenderá a los refugiados y a los migrantes. Además, la visión del papa Francisco condujo a los 20 Puntos de Acción para los Pactos Globales de la Santa
Sede en 2018, y presentó los cuatro conceptos esenciales del enfoque evolutivo de la Santa Sede: acoger, proteger, promover e integrar. En 2022 también ocupan un lugar especial en la
constitución apostólica sobre la curia romana y su servicio a la Iglesia en el mundo Praedicate Evangelium (Art. 163).

En nuestro país la Asamblea Plenaria en 1994, responde al documento Pastoralis migratorum cura. Se lanzó «La inmigración en España» (1995) y «La Iglesia en España y los inmigrantes. Orientaciones sobre Erga Migrantes Caritas Christi» (2007).

5. Porque esta pastoral atiende a una realidad, especial y delimitada pastoralmente

La Iglesia en España y los inmigrantes. Orientaciones: 2007: «La pastoral ha de entenderse en sentido integra, que abarque la totalidad de la persona. Va desde el anuncio explícito del Evangelio hasta la denuncia de los abusos de los poderosos y de las leyes y situaciones injustas. Esta pastoral no puede reducirse a la sola prestación de servicios sociales o de ayuda material, aunque estos nunca deben ser excluidos. De ahí la necesidad de coordinar los servicios de la pastoral de las migraciones y los de la acción social y caritativa de la Iglesia en diócesis, parroquias, Conferencia Episcopal, vida consagrada, delegaciones diocesanas de misiones, y misioneras y misioneros retornados».

«Pastoral específica no quiere decir pastoral paralela, mucho menos aún, como nos previene san Juan Pablo II, “una pastoral marginada para marginados”. Quiere decir una pastoral encuadrada y coordinada en el plan pastoral, pero que tiene en cuenta las circunstancias que caracterizan la situación de los migrantes, para hacer llegar hasta ellos la plena misión de la Iglesia, de la misma forma que otras pastorales específicas que se encargan de sectores de población que viven circunstancias especiales, tales como pastoral de la salud, juvenil, penitenciaria, etc. Una pastoral, por tanto, especializada, para la que es necesario formarse adecuadamente».

6. Porque se sitúa de forma singular en la pastoral de conjunto de la diócesis y tiene su lugar específico en ella

Estamos ante un nuevo rostro sociológico de la Iglesia en España. Un tiempo nuevo con una nueva feligresía, un nuevo perfil de comunidades donde la diversidad cultural es ya una hermosa realidad. Aquí tenemos una tarea que hace cada vez más necesario un discernimiento especial ante este signo de los tiempos. Esto supone:

  • Repensar cómo articular una nueva evangelización en todas sus dimensiones.
  • Y con ella, una pastoral transversal y misionera.
  • Donde las personas migradas no sean solo objeto de ayuda humanitaria y acogida, sino sujetos activos y protagonistas en todos los ámbitos pastorales de una comunidad parroquial. Por eso se nos lanzan dos direcciones de actuación pastoral para la Pastoral de Migraciones:
  1. En cada diócesis: incorporando esta realidad en cada acción diocesana para que toda ella tenga esta dimensión.
  2. Entre las diversas diócesis: poner en relación a las diócesis de salida, las de acogida primera, las de tránsito y las de inserción. Esto requiere una mirada sinodal a la hora de planificar las pastorales que inciden con la migración.
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La Pastoral de Migraciones ofrece una oportunidad para incorporar en la pastoral ordinaria la acción misionera concreta y de primer anuncio. La presencia de nuevos migrantes nos obliga a ajustar
los procesos evangelizadores teniendo en cuenta cómo ha cambiado el lugar y las condiciones concretas de los destinatarios.

Es el reto de establecer una pastoral concreta, con una pedagogía propia y una atención con lenguaje adaptado, si queremos que sea respuesta a los parámetros misioneros.

En este punto subrayamos otro elemento especial. La acción social, y Cáritas singularmente, tiene su misión concreta; con ellas, la Pastoral de Migraciones tiene su espacio propio dentro de la visión de la acción pastoral integral. Cáritas despliega de forma consolidada y muy estructurada la acción social. Pero hay sectores específicos que necesitan ser atendidos en la caridad de Cristo, y deben enriquecerse de otras dimensiones: la catequética, la espiritual, la sacramental, la misionera, la celebrativa, la formación política cristiana…

La coordinación pastoral es una tarea incuestionable en la forma de diseñar la pastoral de este cambio de época, pues no se trata de diseñar “parcelas”, ya que las personas y las necesidades de la misión no entienden de “negociados” sino que necesitan el abrazo integral de la Iglesia.

7. Porque estamos llamados a trabajar en procesos. «El tiempo es superior al espacio»

Trabajamos en una pastoral heredada. Nos esforzamos mucho, pero nos cuesta ponernos en “modo misionero”. Se cae en el riesgo de ofrecer a cada acción pastoral su “especialidad”, pero descuidando la globalidad y el acompañamiento unificado que necesitan hoy los procesos personales de quienes se acercan a la Iglesia por una u otra forma.

Evangelli gaudium, EG, n. 223 propone un principio básico : «el tiempo es superior al espacio». Eso implica una llamada a cambiar no solo estructuras, sino la misma mentalidad. En este sentido se propone priorizar los procesos y diseñarlos, por un lado, y priorizar los proyectos sobre los departamentos, coordinando actuaciones, por otro.

Se trata de pasar de los celos institucionales a poner el eje en la bondad del servicio. De la desconfianza a la estima de lo que otros hacen. De las ideologías a poner las personas en el centro de las preocupaciones. El afán de protagonismo es contrario a la complementariedad. Cuando no se tiene visión de complementariedad uno cree que solo lo que hace su grupo es lo que vale y que lo que hacen otros no aporta nada o no hay que hacerlo.

8. Porque necesitamos comunidades significativas que sean signo de la realidad en la que Dios actúa

La migración ha cambiado el rostro de nuestras comunidades. La pregunta que nos lanza antes que nada es: «¿hacia qué modelo de comunidad nos dirigimos?» La construcción de las comunidades del futuro tendrá que beber de la pastoral de migraciones para entender las oportunidades y fortalezas que aporta la diversidad cultural, los nuevos vecinos y miembros de la comunidad que llegan. Estos han de ser escuchados e incorporados en los procesos de adecuación y transformación de las comunidades.

Ofrecemos unas pistas para las comunidades:

  1. Tarea de poner “casa”. La Iglesia tiene que ser una casa acogedora, con las puertas abiertas siempre. «Las iglesias, las parroquias, las instituciones con las puertas cerradas no se deben llamar iglesias, sino museos» (Francisco).
  2. Tarea de hacer de la comunidad acogedora lugar de encuentro y ayuda en la primera etapa de la vida del migrante. Podremos desplegar un ministerio de acogida a quien llega tanto a Cáritas como a solicitar un funeral o a un bautizo…
  3. Tarea de construir la comunidad acogedora como lugar de atención social básica que se abre a ofrecer la vida de toda la Iglesia. No se trata de delegar la acción social a un grupo de la parroquia sino estar en disposición de acoger al quien llega y que vea que le importa a la comunidad cristiana, a toda la comunidad.
  4. Tarea de preparar la comunidad como lugar de encuentro entre migrantes. Se propone que sea la parroquia lugar de celebración de fiestas y de momentos identitarios en medio de las diversidades…
  5. En definitiva, la parroquia como lugar de encuentro con Dios, con el Dios encarnado en un territorio concreto que se sigue esforzando por crear familia fraterna.

9. Porque la migración es fuente de una espiritualidad propia arraigada en la experiencia de la vida trinitaria

A. Este rasgo de las migraciones nos abre la necesidad de plantear el impulso de una nueva espiritualidad donde aprendemos a encontrar y desvelar el rostro de Dios en las vidas y corazones de nuestros hermanos y hermanas migrantes. Se trata de leer la historia concreta y los signos de Dios en el tiempo. Una forma de expresarlo es presentar narrativas positivas en el campo de los migrantes y hacerlo desde una espiritualidad histórica.

B. Una espiritualidad de pasión, discernimiento, creatividad y audacia (EG, 11 y 49), donde el paradigma se pone en la mirada del buen samaritano. No podemos mirar instalados en una Europa aislada, blindada por fronteras, entre concertinas y CIE (centros de internamiento de extranjeros). Lo que significa una toma inicial de posición. En definitiva, es dejar que los migrantes desplieguen la sabiduría que esconden y nos enseñen como maestros.

C. Mirar comunitariamente, desde las posadas donde se hacen experiencias de acogida al migrante. Necesitamos comunidades con espiritualidad samaritana que celebren, vivan y profeticen el sueño de Dios frente a lo que se ha llamado la globalización de la indiferencia (EG, n. 54). Que abran paso y nos digan a todos cómo es posible plasmar la armonía en las diferencias sabiendo que el migrante es agente en la Iglesia de su propia transformación, eso sí, desde la plataforma de la comunidad en la que se inserta. Así lograremos que los inmigrantes dejen de serlo y su vida de injerte en la de nuestras comunidades.

10. Porque necesitamos comunidades significativas que sean signo de la realidad en la que Dios actúa

A) Voz profética hacia la comunidad diocesana. Cuando las leyes o las ideologías no entienden a las personas, sino que miran la migración como factor económico o demográfico, tendremos que hacer preguntas y desentrañar los intereses que se esconden entre la formulación de muchas formas políticas y culturales. «Es inaceptable que los cristianos compartan esta mentalidad y estas actitudes, haciendo prevalecer a veces ciertas preferencias políticas por encima de las hondas convicciones de la propia fe: la inalienable dignidad de cada persona humana más allá de su origen, color o religión, y la ley suprema del amor fraterno» (FT, 39). La vigilancia consiste en usar medios y alertas para desenmascarar el virus del racismo o la intolerancia que siempre están al acecho.

B) Voz profética hacia la sociedad, para colaborar en un proyecto de fraternidad. Fratelli tutti resume todas las propuestas concretas en un horizonte, que es fomentar la ciudadanía plena para todos.

C) Voz profética para apoyar el diálogo ecuménico e interreligioso. La presencia de católicos de otros ritos, con su rica liturgia, con sus costumbres y tradiciones hace que la Pastoral de Migraciones despliegue una espiritualidad del diálogo.

En definitiva, la Pastoral de Migraciones acoge lo esencial de la vida de la Iglesia que es reavivar la fe y la confianza en Jesucristo para dejarle a él la centralidad de la acción. No se trata de hacer lo que se pueda sino lo que él hace y desea hacer. Es volver al Evangelio como eje central. Al mandato de Cristo resucitado que nos envía a la misión con el convencimiento que es él quien guía y hace de nuestras tareas su presencia.

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Artículo publicado originalmente en Migraciones. Revista de la Campaña 2022-2023, número 8, septiembre 2022

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