Maru Megina: «Iglesia y sindicatos tienen la responsabilidad de dialogar sobre el trabajo decente»

Maru Megina: «Iglesia y sindicatos tienen la responsabilidad de dialogar sobre el trabajo decente»
Conversamos con Maru Megina, presidenta de la HOAC, sobre el inicio de curso marcado por el proceso de diálogo con sindicatos, la situación sociolaboral y política, las dinámicas de Pastoral del Trabajo y de Iglesia por el Trabajo Decente, y del proceso de la próxima asamblea general de este movimiento de trabajadoras y trabajadores cristianos.

Acaba de concluir una ronda de diálogo con no, UGT y USO, ¿qué persiguen este tipo de encuentros?

Desde siempre, la HOAC hemos mantenido encuentros con los sindicatos con cierta frecuencia, por tanto, es algo habitual. Para nosotros son fundamentales estos diálogos con algunas de las organizaciones sindicales más significativas en nuestro país para estrechar lazos y, desde nuestras distintas sensibilidades y planteamientos, tratar sobre las preocupaciones y problemáticas del mundo del trabajo, de la necesidad de caminar juntos y juntas para cambiar estas condiciones y también otras que afectan a la vida de las personas trabajadoras. Porque está claro que tenemos que ir más allá de lo estrictamente laboral, si hablamos de dignificar la vida de las personas.

¿Qué ha planteado la HOAC? ¿Cuál es el diagnóstico que hace del mundo del trabajo?

El diagnóstico es de preocupación. Estamos viviendo un momento duro y de enorme incertidumbre. El empleo no acaba de recuperarse como era de esperar y a pesar de las medidas adoptadas por el Gobierno para superar la crisis provocada por la pandemia, la situación de las trabajadoras y trabajadores no mejora y se siguen perdiendo derechos. La enorme inflación, la subida de precios de bienes básicos siguen aumentando el empobrecimiento y la desigualdad. Los salarios son excesivamente bajos, porque se ha ido perdiendo poder adquisitivo en estos años y ya no permiten a las familias llegar a fin de mes. Son muchas las personas trabajadoras pobres en este país. También son insuficientes las políticas sociales y están excesivamente burocratizadas, por lo que no acceden a ellas gran parte de las personas a las que van destinadas y la exclusión aumenta, sin que se busquen soluciones acertadas. Y todo esto, mientras los beneficios de las grandes empresas y entidades bancarias no dejan de aumentar. No podemos seguir por esta dirección.

Desde la HOAC entendemos que los cambios para salir de esta situación tienen que ser más profundos y, por eso, planteamos la necesidad de caminar junto a los sindicatos para exigir justicia para los empobrecidos. Esto se tiene que traducir en otras políticas, otra fiscalidad y otra economía que pongan a la persona en el centro. Entendemos que el trabajo decente es fundamental para luchar contra el empobrecimiento y combatir las desigualdades, para asegurar el futuro de las personas y las familias.

Hemos pedido a los sindicatos trabajar de manera conjunta desde los territorios. Estrechar lazos ahí donde hay que acompañar los conflictos y las situaciones de las y los trabajadores, donde hay que hacer propuestas concretas que lleven a un trabajo y una vida digna.

¿Qué valoración hace de los tres diálogos?

Han sido muy positivos, nos han permitido constatar que las preocupaciones son básicamente las mismas y que también compartimos el análisis; que hay interés por ambas partes en seguir manteniendo contactos y colaborando de manera conjunta, porque tenemos que llegar al mundo obrero más empobrecido, al más débil y que aún no está organizado. Vemos necesario acompañar estas realidades y avanzar en el diálogo en los ambientes, para ir generando capacidad crítica y cambiar la mentalidad. También vemos que se hace necesario trabajar, no solo en el ámbito estrictamente laboral, también por derechos sociales, ir creando alternativas y construyendo desde la caridad política, que diría el Papa.

¿Qué perspectivas nuevas se plantean?

Entendemos que este diálogo hemos de ampliarlo al interior de la Iglesia. En las orientaciones pastorales de la CEE se recoge la necesidad de interrelación con otras realidades sociales y, entre ellas, los sindicatos. Cuando les hemos preguntado si estarían dispuestos a reunirse con los obispos han respondido de manera positiva. Esto nos parece importante

Vista la voluntad de las organizaciones sindicales, ¿qué circunstancias se deben de dar en la CEE para que haya espacio para el encuentro? ¿No es una anomalía esta ausencia de diálogo y de encuentro entre estas instituciones?

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Precisamente la HOAC nace hace 75 años por este alejamiento del mundo obrero de una Iglesia que se sitúa cercana al poder. Creemos que esta disposición al diálogo que han mostrado los sindicatos es un paso para superar la desconfianza que existe en las relaciones institucionales entre ambos en España. Han pasado más de 20 años sin que se haya dado este encuentro y ambas instituciones tienen la responsabilidad de dialogar de cuestiones trascendentales para la vida de las personas como el trabajo decente, la defensa de la vida en el trabajo frente a la siniestralidad laboral o la necesidad de que todas las personas tengamos medios suficientes para vivir. Parece que nos estamos olvidando ya de propuestas como el salario universal o el reparto del tiempo de trabajo que hace poco presentaba el papa Francisco. La Iglesia tenemos esta responsabilidad de hacer denuncia y anuncio, de trabajar, junto con otros y otras, para construir una sociedad en la que nadie quede fuera.

En los diálogos con los sindicatos han abordado la posibilidad de que Gobierno y agentes sociales y económicos alcancen un «pacto de rentas» ante la situación actual de encarecimiento del coste de la vida, ¿cuál es su opinión al respecto?

Actualmente es un marco necesario que ayudaría a frenar el crecimiento de la desigualdad, pero que además podría permitir crear riqueza y empleo desde una economía real. Una mejor distribución de la renta garantizaría una mejora en las condiciones de vida de los trabajadores y trabajadoras más empobrecidos. Es urgente actuar contra esta precariedad vital que sufren tantas personas en nuestro país.

¿Piensa que son razonables las movilizaciones para luchar por salarios decentes y contra la pérdida de poder adquisitivo de las personas trabajadoras y sus familias?

No son solo razonables, sino justas. Nos hemos acostumbrado a ver como normal lo que no es normal, por eso es necesario despertar y entender que es lícito y es una responsabilidad de los cristianos y cristianas defender los derechos de las personas. Actuar para que todas las familias tengan una vida digna por encima de cualquier otra consideración. No podemos quedarnos de brazos cruzados pensando en que no es posible un futuro. El futuro está por construir y a los cristianos y cristianas nos toca humanizar esta sociedad y a que nos duela lo que le pasa al hermano y a la hermana para actuar en consecuencia.

¿Debe apoyar la HOAC la defensa de esta característica del trabajo decente? Dicho de otra manera, ¿está justificado el apoyo de la Iglesia a la exigencia de salarios dignos?

El magisterio de la Iglesia defiende que la persona está por encima de cualquier otro interés. Nos dice el papa Francisco que el trabajo tiene que ser una prioridad humana y, por tanto, una prioridad cristiana. La vida de la persona tiene que ser digna, como hijos e hijas de Dios que somos, y esta dignidad tiene que venir del trabajo, pero también de un salario justo. En nuestra sociedad, el trabajo no tiene valor, como lo demuestra la existencia de tantas personas desempleadas, precarias, vulnerables, excluidas… Pero lo que se produce en las empresas debe ser repartido de manera justa.

Solo viviendo la fraternidad
podemos cambiar el clima político
para que impulse procesos de transformación

Para una vida digna, se necesita también que el salario sea digno y que permita a las personas y las familias cubrir todas las necesidades vitales. En la actualidad crece el número de trabajadores pobres que, a pesar de tener empleo, no cubren esas necesidades y tienen que malvivir.

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