De esto trata la gracia de ser cristiano

De esto trata la gracia de ser cristiano

Lectura del Evangelio según san Marcos (Mc 1, 12-15)

En aquel tiempo, el Espíritu impulsó a Jesús a retirarse al desierto, donde permaneció cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivió allí entre animales salvajes, y los ángeles le servían.

Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”.

Comentario

En el Bautismo, el Espíritu Santo bajó sobre Jesús y a partir de entonces el Espíritu lo habita enteramente. Pues bien, este Espíritu no es esa gracia milagrera de nuestros sueños infantiles que vendría a descargarnos del peso de la existencia adulta. Al contrario, es la gracia que nos fuerza a enfrentarnos con nosotros mismos para ver si nuestro cristianismo es auténtico o es solo producto de una gracia sorda y vulgar.

El diablo simboliza esa fuerza “enigmática” que la manera de pensar contraria al Evangelio muestra y que se nutre de las evidencias nacidas de la debilidad del humano. Estas evidencias se resumen en tres: el tener, el poder y el valer. Poseerlas es asegurarse la gloria de una vida dichosa (sic) –muchos siguen pensando así, y no tiene ninguna gracia–.

¡Qué no daría el débil humano por poder convertir milagrosamente una piedra en pan que saciase su hambre de cada día! Pero el pan es fruto de la solidaridad hecha trabajo, del compartir fraterno de humanos libres. De esto trata la gracia de ser cristiano.

Se aceptó desde la noche de los siglos que los amos de este mundo han de dominar a los súbditos y ser amados como bienhechores; poderosos que aparecían –¿aparecen?– a los ojos del débil humano como seres gloriosos y casi divinos, y no son más que pobres diablos que el miedo idolatra. La grandeza de las personas la mide su entrega por los últimos; grande es el humano que ama sirviendo a los olvidados de la tierra. Los poderosos, ilusos, se creen dueños de las naciones, cuando no son más que pobres peleles al albur de su inhumanidad. La gracia está en llegar a ser verdaderamente humanos. De esto trata la gracia de ser cristiano.

Ser querido por las masas, que la gente nos venere, gozar del aplauso arrebatado porque eres un ser privilegiado a quien no afectan las desgracias de la vida… es ciertamente el sueño infantil, hecho de caprichos e impertinencias, en que se entretienen los seres vacíos. ¡Cuántos piensan que el éxito político bien vale acomodarse a las ideas dominantes de las masas! Pero querer ayudar al pueblo a base de acomodarse a sus veleidades es pura idiotez que infama a quien lo piensa. Solo la verdad puede liberar al pueblo y elevarlo a la altura de su exigible dignidad. De esto trata la gracia de ser cristiano.

Frente al cristianismo infame del ricachón poderoso y pueril que ofrece el diablo, la Cuaresma nos presenta una vez más, el cristianismo del humano obediente, pobre y humilde que nos ofrece Jesús. De esto trata la gracia de ser cristiano.

Oración en prosa para iniciar la Cuaresma con Jesús

Sin aquella “amistad íntima” propia de los “verdaderos” seguidores de Jesús, ¿qué clase de “místicos obreros” seríamos? Seriamos sencillamente un engaño monumental. Pero lo nuestro es llegar a ser “místicos obreros” como Jesús.

Sin aquella “praxis evangélica” propia de los “verdaderos” trabajadores del reino de Dios, ¿qué clase de militantes seríamos? Un inútil engañabobos. Pero lo nuestro es llegar a ser “militantes del reino”, como Jesús.

Todos sabemos, ¡bien lo sabemos! Que para ser cristianos necesitamos ser místicos “y” obreros; amigos de Jesús “y” solidarios de los pobres. Se trata de la “y” propia de Jesús, verdadero Dios “y” verdadero hombre. Sin distinción ni confusión. Cuanto más amigos de Jesús, más solidarios con los pobres; cuanto más solidarios con los pobres, más amigos de Jesús.

Una amistad de Jesús que no me lanza a la praxis del reino, a la lucha solidaria… es pura palabrería de gentil burguesito. Una praxis solidaria con los últimos… sin Jesús, tiene el peligro cierto de durar lo que el rocío mañanero o convertirse en algo distinto a la solidaridad…

La amistad la cultivamos en la soledad de la oración personal y en el bullicio de la comunidad orante. Pero solo fructifica al cumplir cada día la voluntad del Padre.

 

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Más en Orar en el mundo obrero, Primer Domingo de Cuaresma.

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