Maite Valdivieso: “No podemos dejar de decir a los hombres y mujeres del mundo obrero y del trabajo que Dios quiere su felicidad”

Maite Valdivieso: “No podemos dejar de decir a los hombres y mujeres del mundo obrero y del trabajo que Dios quiere su felicidad”
Maite Valdivieso, autora del Tema del Mes de Noticias Obreras de este febrero, imparte una videoconferencia sobre “El primer anuncio en el mundo obrero y del trabajo”, a través de una sesión de Zoom, organizada por Pastoral del Trabajo de la Conferencia Episcopal Española para mañana jueves a las 19:30h.  Precisamente, el próximo fin de seman  se celebra también el Encuentro de Laicos sobre el Primer anuncio con el lema “Pueblo de Dios unido en la Misión”. Aprovechamos la coincidencia de ambas citas para charla sobre la misión de la Iglesia en este siglo XXI. 

¿Por qué hoy es necesario hablar del “primer anuncio” en la Iglesia?

Porque es importante que nos reconozcamos en nuestro aquí y ahora, en la cotidianidad de nuestro día a día, sintiéndonos parte de este planeta tierra, sabiendo que todo está conectado. Ahí está llamada la Iglesia a vivir su misión, hacer presente la buena noticia del proyecto de humanización y comunión que Dios nos ofrece y que se hace vida en Jesús de Nazaret. Poniendo todo su empeño para favorecer el encuentro con Jesús, en la certeza que sigue vivo en la historia, que sigue invitando a hacer su mismo camino, viviendo desde la verdad del amor, desvivirse para que otros tengan vida, acompañando y sosteniendo a quien descubre que este camino es camino de felicidad.

Porque tenemos el reto de romper inercias y hacernos preguntas: ¿Cómo transmitir este mensaje? ¿Cómo hacerlo creíble? ¿Es posible encontrarse hoy con Jesús? ¿Cómo favorecer encuentros? ¿Cómo ayudar a descubrir que vivir a la manera de Jesús da la felicidad? ¿Puede tener algún sentido en medio de un mundo donde prima “la lucha por la existencia”? ¿Es posible crecer en humanidad?

Porque hablar de primer anuncio nos hace más conscientes como Iglesia que la iniciativa sigue siendo de Dios, de la necesidad de escuchar en profundidad la vida de los hombres y mujeres de hoy, de vivirnos como hijos e hijas suyos, desde la fraternidad. Hablar del primer anuncio nos interpela y nos sitúa ante la centralidad de misión.

¿Por qué el mundo obrero también es objeto de ese primer anuncio?

El mundo obrero sigue existiendo. No podemos separar nuestro ser persona de la realidad del trabajo. Nos encontramos en un sistema de producción-consumo donde el trabajo se ha convertido en una mercancía más, negando la dignidad de la persona que lo realiza. Como dice el papa Francisco, el gran tema es el trabajo. Por eso, cuando compartimos vida con nuestros vecinos, compañeros y compañeras de trabajo, con jóvenes sin perspectivas de futuro, con personas que han llegado de otros lugares en busca de un mejor futuro… y les reconocemos como hijos e hijas queridos por Dios, como hermanos, estamos en la mejor disposición para reconocer esa llamada a comunicar el amor de Dios, que Jesucristo es buena noticia para el mundo obrero, que su propuesta de vida es liberadora.

La misión solo es posible desde la encarnación y la pasión por las personas. No podemos dejar de decir a los hombres y mujeres del mundo obrero y del trabajo que Dios quiere su felicidad.

¿Se llama primero por orden cronológico o por ser el principal?

Hablamos de primer anuncio por su significatividad, es el principal. Somos conscientes que nos movemos en un mundo donde el cristianismo ha dejado de ser evidente. Conocemos personas para quienes Jesús es un desconocido. Son muchas también las ocasiones donde la visión que se tiene de la Iglesia no facilita las cosas.

En el trabajo, por ejemplo, no comentamos el primer día con quién compartimos casa, ni desvelamos lo que consideramos más personal. Con el paso del tiempo, en la medida que vamos ganando en confianza y amistad, o ante un acontecimiento especial, personas, hechos o vivencias, incluso alguna confidencia van apareciendo con naturalidad.

Un día surge una invitación a cenar juntos en casa. Se va construyendo una historia en común. La historia ha tenido un comienzo, pero hay un momento, una palabra, un gesto, que aporta una perspectiva nueva, que supone un salto cualitativo en esa relación, en la vida de sus protagonistas, algo ha cambiado.

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Es desde esta perspectiva, lo que conecta con lo profundo, que va a la radicalidad de nuestra vida, a la raíz y que nos dice lo que somos y queremos ser: Jesús te ama, está vivo, a tu lado…. cuando hablamos de primer anuncio.

“Hay momentos en que puede ayudarnos hacer memoria, volver ‘al amor primero’”

¿Y después del primer anuncio que viene?

Muy buena pregunta. Estamos hablando de un encuentro que da un nuevo horizonte a la vida. Cualquier relación si queremos que perdure necesita tiempo para asentarla, cuidarla, atenderla, mimarla. Cuando esa relación nos produce alegría y llena nuestra vida, la comunicamos, nos posibilita abrirnos a realidades y situaciones nuevas, nos da fortaleza para asumir nuevos retos. Hay experiencias que transforman la vida.

También somos conscientes que acontecimientos, dificultades, cambios, intereses diversos que pueden hacer que se tambalee una relación que parecía duradera. En esos momentos puede ayudarnos hacer memoria, recordar porqués, volver “al amor primero”… Es necesario articular espacios, procesos, acompañarnos… El seguimiento de Jesús no se vive en solitario, se vive en comunidad.

Es importante el acompañamiento personal y comunitario, la acogida, cuidar la vinculación a la comunidad, facilitar la articulación con los procesos de iniciación cristiana, la formación, iniciar o profundizar en la oración, la celebración… Tiene que haber un planteamiento pastoral de conjunto, con la implicación de las diferentes pastorales. Aunar el papel de las parroquias, unidades pastorales, los movimientos apostólicos… Se trata de ir dando forma cristina a nuestra vida, ser otro Cristo.

Brevemente, ¿nos puedes dar unas pocas claves del primer anuncio en un mundo obrero cambiante y fragmentado?

Siempre me ha resultado sugerente la imagen del puente. Un puente para cumplir su función debe facilitar encuentros, ayuda a crear vínculos. Un puente necesita tener bien asentados los pilares para salvar las distancias, aguantar el peso y no dejarse arrastrar por la corriente. Ser Iglesia en el mundo obrero y mundo obrero en la Iglesia. Salir, escuchar, acoger, proponer, caminar juntos. Ahí nos envía la Iglesia. Somos misión. Esa es la tarea de pastoral obrera, pastoral de toda la Iglesia, de los movimientos apostólicos especializados.

Pablo insiste cuando se dirige a la comunidad de Corinto: “El amor de Cristo nos apremia”. Esa debe ser nuestra experiencia, nuestro convencimiento profundo. Jesucristo es buena noticia para el mundo obrero y del trabajo. Somos testigos. No podemos dejar de expresarlo, contarlo, visibilizarlo, posibilitarlo, unirnos en la petición que recoge la plegaria “Inspíranos el gesto y la palabra oportuna”. Poniendo de relieve las situaciones de deshumanización y negación de la dignidad de tantas personas, en este sistema que descarta y globaliza la indiferencia.

Encarnación. Solo desde el conocimiento profundo y viviendo la misma vida, aprojimándonos, puede transparentarse con credibilidad el Amor Dios. Descubrir, desvelar su presencia en la historia, en medio de las condiciones de vida y trabajo, en los hombres y mujeres del mundo obrero. Dios está presente en la historia, se hace humanidad en Jesucristo, el obrero de Nazaret. Descubrirle en el otro, en los que no cuentan. Hacernos uno con ellos y ellas, con Cristo. Construir fraternidad. Ahí juegan un papel clave la formación y la espiritualidad.

Como recuerda el papa Francisco en Evangelii gaudium, el anuncio de Jesucristo, el kerygma tiene un contenido ineludiblemente social. En el corazón mismo del Evangelio está la vida comunitaria y el compromiso con los otros. El contenido del primer anuncio tiene una inmediata repercusión moral cuyo centro es la caridad. Necesitamos no solo conocer, sino hacer vida y práctica concreta la Doctrina Social de la Iglesia.

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