Nueva comprensión del trabajo humano en Francisco: relación y cuidado*

Nueva comprensión del trabajo humano en Francisco: relación y cuidado*
Ponencia impartida por Maite Valdivieso, militante de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) y colaboradora de Noticias Obreras, en la sesión del 16 de mayo, en el Aula Rovirosa-Malagón del Instituto Superior de Pastoral de Madrid. La autora resalta la importancia del trabajo humano en el pontificado del papa Francisco, haciendo hincapié en el cuidado de la dignidad de las personas trabajadoras y de la casa común como elementos fundamentales para una sociedad más justa y solidaria.

 

Quizá muchos de nosotros y nosotras recordemos el encuentro del papa Francisco con el mundo laboral hablando con emoción, pasión y en septiembre de 2013 a las personas reunidas en Cagliari (Italia), a los hombres y mujeres del trabajo que vivían de cerca el desempleo y la incertidumbre. En julio había visitado Lampedusa, y ante el drama de la inmigración y las muertes en el Mediterráneo, denunciaba la cultura del bienestar que nos lleva a pensar en nosotros mismos y nos hace insensibles al grito de los otros, nos hace vivir “en pompas de jabón”. Recordaba estas preguntas al inicio del Génesis Adán, ¿dónde estás?”, “¿Dónde está tu hermano?”. Preguntas que Dios hace al principio de la humanidad. No es una pregunta dirigida a otros, es una pregunta dirigida a mí, a ti, a cada uno de nosotros[2].

Ante las mirada de aquellos hombres y mujeres el trabajo en Cagliari, aunque llevaba unas palabras preparadas, se hizo eco de las suyas y recordando su propia experiencia de vida, les dijo: “Esta es la oración que vosotros gritabais: «Trabajo», «trabajo», «trabajo». Es una oración necesaria. Trabajo quiere decir dignidad, trabajo quiere decir llevar el pan a casa, trabajo quiere decir amar. Dios ha querido que en el centro del mundo no haya un ídolo, sino que esté el hombre, el hombre y la mujer, que saquen adelante, con su propio trabajo, el mundo. Pero ahora, en este sistema sin ética, en el centro hay un ídolo y el mundo se ha vuelto idólatra de este «dios-dinero». He preferido deciros lo que me sale del corazón contemplándoos en este momento. Mirad, es fácil decir que no perdáis la esperanza. Pero a todos, a todos vosotros, a quienes tenéis trabajo y a quienes no tenéis trabajo, digo: «¡No os dejéis robar la esperanza! ¡No os dejéis robar la esperanza!». La esperanza nos lleva adelante. Eso no es optimismo, es otra cosa. Pero la esperanza no es de uno, la esperanza la hacemos todos.

Finalizaba con una oración

“Señor Dios, míranos. Mira esta ciudad, esta isla. Mira a nuestras familias.
Señor, a Ti no te faltó el trabajo, fuiste carpintero, eras feliz. Señor, nos falta el trabajo.
Los ídolos quieren robarnos la dignidad. Los sistemas injustos quieren robarnos la esperanza.
Señor, no nos dejes solos. Ayúdanos a ayudarnos entre nosotros; que olvidemos un poco el egoísmo y sintamos en el corazón el “nosotros”, nosotros pueblo que quiere ir adelante.
Señor Jesús, a Ti no te faltó el trabajo, danos trabajo y enséñanos a luchar por el trabajo y bendícenos a todos nosotros. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

Una petición y un modo de concebir el ser humano, la relación con Dios,  una manera de comprender la humanidad, la fraternidad, el cuidado de la casa común que podemos ir reconociendo tanto en lo que podemos llamar documentos referenciales: Evangelii gaudium, Laudato si’, Fratelli tutti, Laudato Deum, como en numerosos discursos, mensajes, homilías… [cfr. No os dejéis robar la dignidad]

Desde el inicio del pontificado del papa Francisco, un subrayado y un encargo: custodiar y cuidar de las personas y de la creación

Ya en la homilía de la celebración del inicio de su pontificado, el 19 de marzo de 2013[3], el papa Francisco nos habló de cómo vivió san José su vocación de custodio, ayudándonos a profundizar en el sentido de esta palabra. Custodiar, significa guardar algo con cuidado. Podemos añadir algunos significados: cuidar, velar, proteger, amparar, velar, conservar… ¿Cómo? “Cuida de María y de Jesús, que luego se alarga en la Iglesia. Sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas”.

Una vocación que nos atañe no solo a los cristianos, sino que engarza con el vivir la propia humanidad, que corresponde a todos. Se trata de tener respeto por todas las criaturas y por el entorno en el que vivimos. Custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor. Preocuparse unos de otros, desde el convencimiento que en el fondo, todo está confiado a la custodia del ser humano y es una responsabilidad que nos afecta a todos. Y cuando el ser humano falla en esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido. Por desgracia, en todas las épocas de la historia existen «Herodes» que traman planes de muerte, destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer.

Y hace una petición: “Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos «custodios» de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro”.

Siendo colaboradores y cocreadores con Dios, mediante el trabajo. Trabajo y dignidad humana van unidos

Un encargo recibido desde la creación, desde la confianza y el protagonismo de cada ser humano desde su ser imagen de Dios creador. Un Dios que trabaja, que dignifica el trabajo que cuenta con la colaboración de cada hombre y cada mujer, que se detiene y contempla la creación. La actividad de Dios es trabajo. Así lo recoge el papa Francisco en la homilía con motivo de la celebración del 1º  de mayo en 2020[4]: Dios creó» (Gn 1, 27)… el mundo, creó a la persona, y le dio a la persona una misión: administrar, trabajar, llevar adelante la creación.

Y la palabra trabajo es la que usa la Biblia para describir esta actividad de Dios…: Y le dio esta actividad a la persona: “Debes hacer esto, cuidar aquello, aquello otro, debes trabajar para crear conmigo —es como si lo dijera así— este mundo, para que pueda continuar” (cf. Gn 2, 15.19-20).

Tanto es así que el trabajo no es más que la continuación del trabajo de Dios: el trabajo humano es la vocación del hombre [y de la mujer] recibida de Dios al final de la creación del universo”. Es decir, el trabajo tiene en sí mismo una bondad y crea la armonía de las cosas —belleza, bondad— e involucra al hombre en todo: en su pensamiento, en su acción, en todo. El hombre y la mujer está involucrado en el trabajo. Es la primera vocación de las personas: trabajar. Y esto le da dignidad al ser humano. La dignidad que lo hace parecerse a Dios. La dignidad del trabajo.

Al acercarnos a los relatos de la Creación, es importante leerlos “en su contexto, con una hermenéutica adecuada, y recordar que nos invitan a «labrar y cuidar» el jardín del mundo (cf. Gn 2, 15). Mientras «labrar» significa cultivar, arar o trabajar, «cuidar» significa proteger, custodiar, preservar, guardar, vigilar. Esto implica una relación de reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza (Laudato si’, 67)

Desde el trabajo humano, cada persona realiza su vocación,  su proyecto de humanización, desarrollando todas sus capacidades y potencialidades

“Estamos llamados al trabajo desde nuestra creación. No debe buscarse que el progreso tecnológico reemplace cada vez más el trabajo humano, con lo cual la humanidad se dañaría a sí misma. El trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal (Laudato si’, 128).

Porque “El trabajo debería ser el ámbito de este múltiple desarrollo personal, donde se ponen en juego muchas dimensiones de la vida: la creatividad, la proyección del futuro, el desarrollo de capacidades, el ejercicio de los valores, la comunicación con los demás, una actitud de adoración. Por eso, en la actual realidad social mundial, más allá de los intereses limitados de las empresas y de una cuestionable racionalidad económica, es necesario que «se siga buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo por parte de todos» (Laudato si’, 127).

Ya en 2014 insistía en esta clave ante trabajadores y trabajadoras de la fábrica Aceros de Terni[5], reafirmando cómo el trabajo tiene su sentido en el ser y hacer de cada persona, en su  vocación más profunda: “Ante el actual desarrollo de la economía y la dificultad que atraviesa la actividad laboral, es necesario reafirmar que el trabajo es una realidad esencial para la sociedad, para las familias y para los individuos.

El trabajo, en efecto, concierne directamente a la persona, su vida, su libertad y su felicidad. El valor principal del trabajo es el bien de la persona humana, porque la realiza como tal, con sus actitudes y capacidades intelectivas, creativas y manuales. De aquí deriva que el trabajo no tiene solamente una finalidad económica y de ganancia, sino sobre todo una finalidad que implica al hombre y su dignidad. La dignidad del hombre está vinculada al trabajo”.

Como recoge Fratelli tutti: “El gran tema es el trabajo. Lo verdaderamente popular —porque promueve el bien del pueblo— es asegurar a todos la posibilidad de hacer brotar las semillas que Dios ha puesto en cada uno, sus capacidades, su iniciativa, sus fuerzas. Esa es la mejor ayuda para un pobre, el mejor camino hacia una existencia digna” (nº 162)

Se trata de hacer realidad los sueños de libertad, fraternidad, de una vida digna para todos y todas. Así es: “Nuestro sueño vuela más alto. No hablamos sólo de asegurar a todos la comida, o un «decoroso sustento», sino de que tengan «prosperidad sin exceptuar bien alguno». Esto implica educación, acceso al cuidado de la salud y especialmente trabajo, porque en el trabajo libre, creativo, participativo y solidario, el ser humano expresa y acrecienta la dignidad de su vida. El salario justo permite el acceso adecuado a los demás bienes que están destinados al uso común (Evangelii gaudium, 192).

Recordamos las 3T: “Tierra, techo y trabajo[6], eso por lo que ustedes luchan, son derechos sagrados. Reclamar esto no es nada raro, es la Doctrina Social de la Iglesia. Voy a detenerme un poco en cada uno de éstos porque ustedes los han elegido como consigna para este encuentro”. Un techo, para que sea hogar. Una tierra, que hemos recibido de Dios y de la que somos encargados de cultivar y  proteger. Un trabajo, que nos posibilita preservar lo existente (cuidar), y poner nuestras capacidades para dar fruto (labrar) (Gn, 1).

El trabajo nos vincula con las personas y con la creación

Cuidar es lo propio de nuestra humanidad: “Si el trabajo es una relación, entonces tiene que incorporar la dimensión del cuidado, porque ninguna relación puede sobrevivir sin cuidado (…). Un trabajo que cuida, contribuye a la restauración de la plena dignidad humana (…). Y en esta dimensión del cuidado entran, en primer lugar, los trabajadores (…) ¿cómo una empresa (…) cuida a sus trabajadores?”.[7]

Necesitamos ahondar en este convencimiento. Nos hacemos humanos por los vínculos recibidos y de los que formamos parte. Como insiste el papa Francisco, es urgente “reaccionar ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo nuestra la cultura del encuentro”. La cuestión del cuidado no es meramente un asunto doméstico o del ámbito privado en contraposición a lo público. El cuidado tiene que ver con la relación, con hacerse cargo del otro, sus necesidades, fortalecer su dignidad, su autonomía, su vida en plenitud. “Porque un individuo puede ayudar a una persona necesitada, pero cuando se une a otros para generar procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos, entra en «el campo de la más amplia caridad, la caridad política” (FT, 183).

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No nos referimos solo al trabajo de cuidados: la pandemia nos recuerda su importancia fundamental, que quizá hayamos desatendido. El cuidado va más allá, debe ser una dimensión de todo trabajo.

Un trabajo que no cuida, que destruye la creación, que pone en peligro la supervivencia de las generaciones futuras, no es respetuoso con la dignidad de los trabajadores y no puede considerarse decente. Por el contrario, un trabajo que cuida, contribuye a la restauración de la plena dignidad humana, contribuirá a asegurar un futuro sostenible a las generaciones futuras. Y en esta dimensión del cuidado entran, en primer lugar, los trabajadores. O sea, una pregunta que podemos hacernos en lo cotidiano: ¿cómo una empresa, imaginemos, cuida a sus trabajadores?[8]

Esto requerirá de una cultura de la solidaridad, para contrastar con la cultura del descarte que está en la raíz de la desigualdad y que aflige al mundo. “Muchas cosas tienen que reorientar su rumbo, pero ante todo la humanidad necesita cambiar. Hace falta la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos. Esta conciencia básica permitiría el desarrollo de nuevas convicciones, actitudes y formas de vida. Se destaca así un gran desafío cultural, espiritual y educativo que supondrá largos procesos de regeneración”. (LS, 202)

Reconocer la dignidad humana implica condiciones de trabajo dignas – cuidar el trabajo, cuidar la vida

Conviene no olvidar que “los derechos de los trabajadores, como todos los demás derechos, se basan en la naturaleza de la persona humana y en su dignidad trascendente.”[9]

De ahí que “toda injusticia que se comete contra una persona que trabaja es un atropello a la dignidad humana, incluso a la dignidad del que comete la injusticia: se baja el nivel y se termina en esa tensión de dictador-esclavo. En cambio, la vocación que Dios nos da es muy hermosa: crear, re-crear, trabajar. Pero esto puede hacerse cuando las condiciones son justas y se respeta la dignidad de la persona”[10].

Porque “El desempleo juvenil, la informalidad y la falta de derechos laborales no son inevitables, son resultado de una previa opción social, de un sistema económico que pone los beneficios por encima del hombre, si el beneficio es económico, sobre la humanidad o sobre el hombre, son efectos de una cultura del descarte que considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar…

“Aquí hay cartoneros, recicladores, vendedores ambulantes, costureros, artesanos, pescadores, campesinos, constructores, mineros, obreros de empresas recuperadas, todo tipo de cooperativistas y trabajadores de oficios populares que están excluidos de los derechos laborales, que se les niega la posibilidad de sindicalizarse, que no tienen un ingreso adecuado y estable. Hoy quiero unir mi voz a la suya y acompañarlos en su lucha”.

A esta cultura del descarte, a esta cultura de los sobrantes, tantos de ustedes, trabajadores excluidos, sobrantes para este sistema, fueron inventando su propio trabajo con todo aquello que parecía no poder dar más de sí mismo… pero ustedes, con su artesanalidad, que les dio Dios… con su búsqueda, con su solidaridad, con su trabajo comunitario, con su economía popular, lo han logrado y lo están logrando…. Y déjenme decírselo, eso además de trabajo, es poesía. Gracias”[11].  Y continúa insistiendo en que: “todo trabajador, esté o no esté en el sistema formal del trabajo asalariado, tiene derecho a una remuneración digna, a la seguridad social y a una cobertura jubilatoria.

Por eso sigue siendo esencial el papel de las organizaciones obreras, el papel de los sindicatos, generando una nueva cultura sindical: «Los sindicatos y movimientos de trabajadores por vocación deben ser expertos en solidaridad….   Se necesita invertir en una solidaridad que trascienda las murallas de sus asociaciones, que proteja los derechos de los trabajadores, pero sobre todo de aquellos cuyos derechos ni siquiera son reconocidos. Sindicato es una palabra bella que proviene del griego dikein (hacer justicia), y syn (juntos). Por favor, hagan justicia juntos, pero en solidaridad con todos los marginado”[12].

O como señalaba en su intervención ante el Consejo de la Organización Internacional del Trabajo, se trata de “Busquemos soluciones que nos ayuden a construir un nuevo futuro del trabajo fundado en condiciones laborales decentes y dignas, que provengan de una negociación colectiva, y que promuevan el bien común, una base que hará del trabajo un componente esencial de nuestro cuidado de la sociedad y de la creación. En ese sentido, el trabajo es verdadera y esencialmente humano. De esto se trata, que sea humano»[13]. “Todos y todas tenemos que luchar para que el trabajo sea una instancia de humanización y de futuro”.[14]

El trabajo es para la vida – la defensa de la vida en el trabajo – no son números, son personas[15]

Las muertes del trabajo son las muertes olvidadas. Son demasiadas las  ocasiones, las muertes en el trabajo son ignoradas, normalizadas e invisibilizadas. La falta de salud laboral tiene que ver mucho con la calidad del puesto de trabajo, con los ritmos de producción impuestos en él, con las condiciones objetivas del trabajo, con la precariedad o con el  incumplimiento de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales en las empresas. El cuidado de la vida humana pasa por erradicar esta tragedia, por identificar sus causas profundas y empeñarse en eliminarlas desde todos los ángulos posibles. Nos va la vida en ello.

En la homilía de la Misa de Nochebuena de 2021, el Papa Francisco se hace eco del drama de la pérdida de vidas humanas en el trabajo “Dios viene a colmar de dignidad la dureza del trabajo. Nos recuerda qué importante es dar dignidad al hombre con el trabajo, pero también dar dignidad al trabajo del hombre, porque el hombre es señor y no esclavo del trabajo. En el día de la Vida repitamos: ¡No más muertes en el trabajo! Y esforcémonos por lograrlo”.[16]

En el encuentro con los Movimientos Populares en 2014[17] lo explicaba muy gráficamente echando mano de la enseñanza de un rabino 1.200, refiriéndose a la historia de la torre de babel “contaba cómo, para construir esta torre de babel, había que hacer mucho esfuerzo, había que fabricar los ladrillos, para fabricar los ladrillos había que hacer el barro y traer la paja, y amasar el barro con la paja, después cortarlo en cuadrado, después hacerlo secar, después cocinarlo, y cuando ya estaban cocidos y fríos, subirlos para ir construyendo la torre. Si se caía un ladrillo, era muy caro el ladrillo con todo este trabajo, si se caía un ladrillo era casi una tragedia nacional. Al que lo dejaba caer lo castigaban o lo suspendían o no sé lo que le hacían, y si caía un obrero no pasaba nada. Esto es cuando la persona está al servicio del dios dinero y esto lo contaba un rabino judío, en el año 1200 explicaba estas cosas horribles.

El trabajo y la construcción de la paz[18]

En Laudato Deum, se nos insta con urgencia a no seguir mirando hacia otro lado: “Con el paso del tiempo advierto que no tenemos reacciones suficientes mientras el mundo que nos acoge se va desmoronando y quizás acercándose a un punto de quiebre. Más allá de esta posibilidad, es indudable que el impacto del cambio climático perjudicará de modo creciente las vidas y las familias de muchas personas. Sentiremos sus efectos en los ámbitos de la salud, las fuentes de trabajo, el acceso a los recursos, la vivienda, las migraciones forzadas, etc. (nº 2). La situación se vuelve cada día más imperiosa.

“Hace falta lucidez y honestidad para reconocer a tiempo que nuestro poder y el progreso que generamos se vuelven contra nosotros mismos” (LD, 28). Y en esto aparece con crudeza el drama de la guerra: Gaza, Ucrania y las decenas de conflictos abiertos en todo el mundo, una guerra mundial a pedacitos que dice el Papa Francisco.  “En la propia conciencia, y ante el rostro de los hijos que pagarán el daño de sus acciones, aparece la pregunta por el sentido: ¿qué sentido tiene mi vida, qué sentido tiene mi paso por esta tierra, qué sentido tienen, en definitiva, mi trabajo y mi esfuerzo? (LD, 33)

En el Mensaje del Papa Francisco con motivo de la 55  Jornada por la  Paz del 1 de enero  de 2022. “Diálogo entre generaciones, educación y trabajo: instrumentos para construir una paz duradera” (nº4)  se retoma el  papel del trabajo humano como “factor indispensable para construir y mantener la paz;… como lugar donde aprendemos a ofrecer nuestra contribución por un mundo más habitable y hermoso.

El trabajo, en efecto, es la base sobre la cual se construyen en toda comunidad la justicia y la solidaridad. Por eso, «no debe buscarse que el progreso tecnológico reemplace cada vez más el trabajo humano, con lo cual la humanidad se dañaría a sí misma… Tenemos que unir las ideas y los esfuerzos para crear las condiciones e inventar soluciones, para que todo ser humano en edad de trabajar tenga la oportunidad de contribuir con su propio trabajo a la vida de la familia y de la sociedad…

Construir juntos caminos hacia la paz no puede prescindir de la educación y el trabajo, lugares y contextos privilegiados para el diálogo intergeneracional. Es la educación la que proporciona la gramática para el diálogo entre las generaciones, y es en la experiencia del trabajo donde hombres y mujeres de diferentes generaciones se encuentran ayudándose mutuamente, intercambiando conocimientos, experiencias y habilidades para el bien común.

 

Notas
[*] El Cuaderno HOAC Nº 25 El cuidado que transforma y compromete de Luis Aranguren Gonzalo (nº 25) y el Nº 26 Cuidar el trabajo, cuidar la vida de la Comisión Permanente de la HOAC, profundizan en este tema.
[2] Papa Francisco. Homilía. Campo de deportes Arrena. Lampedusa, 8 de julio de 2013 y Discurso en el Encuentro con el mundo laboral en Largo Carlo Felice, 22 de septiembre de 2013
[3] Papa Francisco. Homilía celebración inicio de su pontificado. 19 de marzo 2023 – Solemnidad de san José
[4] Papa Francisco. Homilía 1º de mayo 2020 en Santa Marta El trabajo es la vocación del hombre
[5] Papa Francisco a los dirigentes y  obreros de las fábricas de Acero de Terni y a los fieles de la diócesis de Terni-Narni-Amelia. Aula Pablo VI. 20 de marzo de 2014
[6] Papa Francisco. A los participantes en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares. Aula Vieja del Sínodo. 28 de octubre de 2014
[7] Papa Francisco, Mensaje a la 109 Conferencia Internacional del Trabajo de la OIT, 17 de junio de 2021
[8] Ibid.
[9] Compendio de la DSI, 301
[10] Papa Francisco. Homilía 1º de mayo 2020 en Sta Marta El trabajo es la vocación del hombre
[11] Papa Francisco. A los participantes en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares. Aula Vieja del Sínodo. 28 de octubre de 2014
[12] Carta del Santo Padre a los participantes en la Conferencia Internacional “De la Populorum  progressio a Laudato si’” (Aula Nueva del Sínodo, 23-24 de noviembre de 2017), 24 de noviembre de 2017
[13] Papa Francisco. Videomensaje con motivo de la 109 Reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo: Ginebra, 17 de junio de 2021
[14] Papa Francisco. Twiter del  17 de febrero 2016
[15] Discurso del Papa Francisco a la ANCE (enero-2022)
[16] Papa Francisco, Homilía de la Misa de Nochebuena de 2021
[17] Papa Francisco. A los participantes en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares. Aula Vieja del Sínodo. 28 de octubre de 2014
[18] Papa Francisco. Mensaje 55  Jornada por la Paz 1 enero  2022. “Diálogo entre generaciones, educación y trabajo: instrumentos para construir una paz duradera” (nº4)

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