“Quienes se dicen creyentes y rechazan al extranjero se autoexcluyen de la Iglesia”

“Quienes se dicen creyentes y rechazan al extranjero se autoexcluyen de la Iglesia”
El Departamento de Pastoral del Trabajo de la Conferencia Episcopal ha organizado para el próximo sábado 25 de mayo el III Seminario Monseñor Antonio Algora sobre “La pastoral del Trabajo en el acompañamiento a las personas migrantes”. En este encuentro intervendrá Enrique Abad Domenech, consiliario de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) y durante más de diez años ha sido el director del Secretariado de Migraciones de Orihuela-Alicante, quien presentará la ponencia “Acoger, proteger, promover e integrar a la persona migrante y refugiada, un reto para la Iglesia”.

En declaraciones a Noticias Obreras destacó que buena parte de su intervención estará dedicada a reflexionar sobre la Exhortación pastoral Comunidades acogedoras y misioneras. Identidad y marco de la pastoral con migrantes, aprobada por la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal en marzo y hecha pública el pasado 6 de mayo.

“Es un documento muy interesante porque propone que las comunidades cristianas seamos no solo acogedoras, sino misioneras, por lo que debemos apostar y acertar en una pastoral con las personas migrantes y no, específicamente, para las personas migrantes”, indica este sacerdote alicantino.

Una de sus preocupaciones es que a veces damos por supuesto determinadas cuestiones, como que la migración es un fenómeno de hoy en día, “ya que ha sido una constante en la humanidad”, o que el rechazo a la persona migrante corresponde solamente a la derecha política, “cuando la actualidad nos dice lo contrario, como los movimientos que observamos entre sectores de la clase obrera ante las próximas elecciones al Parlamento Europeo”. Y muestra de ello “es que se expresa en bulos, en acciones y realidades en contra de la realidad migratoria, incluso de personas sensibles a los problemas sociales, por lo que eso no lo podemos obviar de ninguna manera”.

“La acogida a la persona migrante debe ser un abrazo liberador”

El reciente documento de la Conferencia Episcopal actualiza el del año 2007, La Iglesia en España y los migrantes, y Enrique Abad considera que ha habido un cambio sustancial en cómo se percibía en los ambientes eclesiales este fenómeno. “Creo la aportación del papa Francisco ha sido determinante, ya que habla de una pastoral con las personas migrantes, no para ellas, una realidad que hay que atender. Y esto tiene una fundamentación teológica, creo yo, fundamental. Y es que esta persona migrante es imagen de Dios, redimida por Jesucristo y, como cualquier persona humana, forma parte del reino de Dios. Un reino de Dios que ya ha comenzado y que ya está”.

A su juicio, “no tenemos que ir a decirles lo que tienen que hacer o cómo lo tienen que hacer, sino que debemos propiciar que sea desde ellos mismos, con una acogida bien hecha, no paternalista, sino gestora de la propia realidad. La acogida no tiene por qué ser un abrazo que constriñe, que aprieta, sino que debe ser siempre liberador y con una gran apertura, para que ellas mismas sean las que gestionen su propia realidad o su propio proyecto migratorio. Y creo que esto es novedoso en la pastoral de migraciones. Esta es una visión que asume el documento pero, a mi juicio, no lo termina de concretar muy bien, sobre todo en cuanto a las proposiciones, es decir, por dónde camino. Esto es, trabajar en procesos y por proyectos, sí, pero los proyectos ¿quién los tiene que definir? ¿Los tenemos que definir los secretariados de Migraciones, la Pastoral Obrera…? ¿Quién los tiene que definir? Se trata de un gran reto hacia dentro de la Iglesia y hacia fuera. Porque hay que escuchar más la voz de las personas migrantes, como en las campañas de regularización. Hay que abandonar esa visión paternalista que muchas veces tenemos con respecto a estas personas”.

Para Abad todo este debate se podría resumir en la afirmación de que “las personas migrantes son sujetos de evangelización, autónomos y libres, no meramente objetos de ella, porque ya tenemos carta de nacionalidad. La persona migrante no es objeto de evangelización, porque sería incluso una aberración teológica”. Y para ello, este consiliario hoacista recuerda una oración de la liturgia del Adviento que dice “tú, Señor, vienes a nosotros en cada persona, en cada acontecimiento. O sea, los migrantes, los obreros, son personas que se dirigen a nosotros, que vienen a nosotros y con las que nos encontramos. Son sujetos de evangelización. Es decir, presencia viva del Señor para nosotros y, por tanto, tenemos que empezar a tener la conciencia de que el Señor nos está evangelizando y nos está diciendo cantidad de cosas a través de ellos. En definitiva, desde la realidad migratoria es desde donde podemos construir una pastoral sólida de migraciones, una pastoral acogedora y misionera.”

“Debemos apostar por una pastoral con las personas migrantes, no para las personas migrantes”

A su juicio, tiene que ser desde esa realidad, o sea, desde esa conciencia, la que adoptemos, para creer que el otro no es menos que yo, sino que siempre es más que yo. Reconoce que, últimamente, “estoy muy condicionado por un pensamiento que creo que en la Iglesia y en la sociedad necesitamos hacer, que no es otro que el de revisar la influencia de ciertos planteamientos del existencialismo en la realidad humana. Lo que nos dice Jean Paul Sartre es que el otro es mi enemigo. Que solo existe y solo piensa por y en contra de mí. Considero que esa idea hay que superarla”.

Por tanto, “el otro no puede ser mi enemigo, el otro no puede ser el que viene a robarme el trabajo. El otro es quien está sufriendo una guerra o una hambruna… El otro no es mi enemigo, no es mi depredador. Ese otro es mi hermano, el otro es el hijo de Dios, sea creyente o no… Es presencia viva de Dios. Esa es la mentalidad que tenemos los cristianos. Yo no sé si es ingenua pero, en todo caso, el más ingenuo de todos habría sido Jesucristo”.

Preguntado por lo que siente al conocer noticias acerca de personas creyentes que rechazan al extranjero indica que “yo creo que se autoexcluyen de la propia Iglesia y, sobre todo, se excluyen del reino de Dios, porque Jesús tiene una actitud muy clara al respecto puesto abandona su condición y asume la humana. Su postura es diametralmente opuesta a lo que algunos creyentes asumen ahora como posición contra la migración y contra los migrantes, incluso con consignas ofensivas. Eso no es propio del reino de Dios. No es propio de un cristiano. Esas actitudes no son propias de un creyente”.

Y frente a los mensajes simplistas, como decir que si regularizamos vamos a abrir las puertas a todo el mundo, Enrique Abad destaca la expresión que aparece en el documento episcopal acerca de la ciudadanía universal, un concepto que va más allá que el de la nacionalidad. “Que las fronteras, por fin, sean algo simbólico, que no sean un obstáculo para que las personas puedan vivir. Y esa carta de ciudadanía es algo muy importante. Yo la defendí tiempo atrás en un foro de cristianismo en Valencia, junto a Joaquín García Roca, en el que hicimos el planteamiento para que en el documento final se pidiera la ciudadanía universal”.

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