Un encuentro multilateral en Roma promueve la justicia social en el trabajo

Un encuentro multilateral en Roma promueve la justicia social en el trabajo
Representantes de varias organizaciones se reunieron en Roma del 8 al 10 de mayo para reflexionar sobre la justicia social en el trabajo. Destacaron la importancia del diálogo interreligioso y la cooperación multilateral para promover condiciones de trabajo decentes, especialmente para los más vulnerables, y buscaron soluciones innovadoras a los desafíos sistémicos

El trabajo y las condiciones en que se realiza siempre han sido un elemento decisivo en la historia. La Iglesia católica, especialmente desde finales del siglo XIX, a través de la Doctrina Social de la Iglesia y la reflexión teológica, ha buscado ofrecer perspectivas que ayuden a avanzar en este camino.

Como un paso más en este camino, la semana pasada se celebró en el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, en Roma, del 8 al 10 de mayo, una reunión multilateral con la participación de representantes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Iglesia católica, la curia vaticana, el Consejo Mundial de Iglesias, académicos y universidades y de sindicatos. Alrededor de 40 personas de diferentes países de los cinco continentes participaron en un encuentro que destacó la riqueza de la diversidad y las aspiraciones comunes con el objetivo de promover la justicia social para todos.

Un tiempo para escucharnos y aprender unos de otros, para seguir construyendo alianzas en busca de garantizar los derechos de todos y respetar más profundamente la sacralidad de la vida y el amor por todas las personas y la casa común. Un paso más en un camino iniciado en 2014, estructurado a través del Proyecto “Futuro del Trabajo: Trabajo después de Laudato si’”, que busca, a través de diversas organizaciones de inspiración católica y otras organizaciones de base religiosa alrededor del mundo, promover la justicia social en el mundo del trabajo, con especial atención a los más vulnerables, el trabajo infantil, las víctimas del trabajo forzoso y las nuevas formas de esclavitud, los migrantes y sus familias, los trabajadores informales, los trabajadores jóvenes y las mujeres trabajadoras, buscando formas de protección, que permitan medios de vida dignos, protección y salud. De ahí surgió la propuesta “Cuidar es trabajar, trabajar es cuidar”.

Importancia del diálogo entre la OIT y la Iglesia

En el actual contexto global, de cara a la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social en 2025 y la Cumbre del Futuro en 2024, organizadas por las Naciones Unidas, Pierre Martinot-Lagarde, asesor especial para asuntos socioreligiosos de la Organización Internacional del Trabajo, destacó al final del encuentro la importancia para esta agencia tripartita de la ONU de “continuar lo que ya es una tradición: el diálogo con la Iglesia católica y otras comunidades religiosas”.

Una perspectiva compartida por Robert Vitillo, secretario general de la Comisión Católica Internacional sobre Migraciones, quien insistió en que “nuestra participación en este Proyecto sobre el Futuro del Trabajo después de Laudato si’ es un esfuerzo muy importante, porque sabemos que los migrantes, refugiados y las personas desplazadas internamente contribuyen en gran medida a la fuerza laboral en todo el mundo.” Ante esta situación, informó que estas personas “muchas veces no tienen acceso a un trabajo digno y a la posibilidad de salarios justos. Por eso queremos avanzar en la promoción de sus derechos como fuerza laboral”.

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Una consulta que, en palabras de Ignacio Alonso Alasino, responsable de este proyecto, representa una oportunidad única para avanzar en este horizonte: cuidar el trabajo, el trabajo es cuidar. En su opinión, “la cooperación de múltiples actores, la cooperación desde las bases hasta la incidencia en foros internacionales, junto con actores de la academia, el mundo del trabajo, los jóvenes, las Naciones Unidas, y la implementación de nuestro método de discernimiento sobre los cinco temas identificados por nuestros grupos de trabajo a nivel regional nos motivan a continuar y avanzar hacia la segunda fase del proyecto, que llamamos comunidades globales transformadoras”.

Captar el potencial y reconocer los males sistémicos

En su audiencia con los participantes, el papa Francisco les agradeció las “reflexiones, diálogos e investigaciones, proponiendo modelos de acción innovadores para un trabajo justo, equitativo y digno para todas las personas en el mundo”, advirtiendo que “es necesario reunir a todos nuestros recursos personales e institucionales, iniciar una lectura adecuada del contexto social en el que nos movemos, tratando de captar sus potencialidades y, al mismo tiempo, reconocer de antemano los males sistémicos que pueden convertirse en plagas sociales”, haciendo un breve análisis de las cinco cuestiones –el trabajo digno en relación a las industrias extractivas; a la seguridad alimentaria; a la migración; a la justicia social; a una transición ecológica justa– que son de crucial importancia para la sociedad en su conjunto.

Reconociendo que estas cinco cuestiones representan desafíos importantes y agradeciéndoles por aceptarlos y abordarlos con pasión y competencia, Francisco insistió en que “el mundo necesita un compromiso renovado, un nuevo pacto social que nos una —a las generaciones mayores y a los jóvenes mayores– para la cuidado de la creación y por la solidaridad y protección mutua dentro de la comunidad humana”.

Cuidar de la persona humana y de la casa común

Los participantes del encuentro destacaron la importancia del método de discernimiento social común, que “promueve el diálogo social, a través del cual diagnosticamos colectivamente los problemas, involucrando a las diversas partes interesadas, facilitando la propuesta de soluciones, basadas en experiencias vividas que sitúan el cuidado de la persona humana y nuestra casa común en el centro de nuestros objetivos y actividades”. También se destacó a los empresarios socialmente comprometidos como fuente de esperanza y vehículo para el cambio en el mundo del trabajo.

Existe preocupación por los gobiernos autocráticos, que limitan la democracia y el multilateralismo, promoviendo la discriminación y la persecución religiosa, racial y étnica en muchas partes del mundo. A la luz de estas realidades, y con base en los cinco temas abordados –promoción de la justicia social, el trabajo decente y la cadena de suministro de alimentos, la protección y atención de los migrantes y sus familias, el trabajo decente y la industria extractiva, y la transición y el cuidado de nuestra casa común– , se están desarrollando propuestas concretas, a pesar de los desafíos que es necesario afrontar para lograrlo.

 

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