Ciudadanía comprometida en España: una minoría pero significativa

Ciudadanía comprometida en España: una minoría pero significativa
ILUSTRACIÓN | Javiñetas
Los datos de la investigación del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre tendencias en el asociacionismo en España reflejan una baja activación de la participación ciudadana que aumenta algo entre la población autoidentificada con el catolicismo.

La expresión de la religiosidad popular tiene que ver con la proyección de un fenómeno que implica participación colectiva organizada en cofradías, parroquias, asociaciones religiosas, etc.

Sin duda, el asociacionismo –con el carácter que fuere– adquiere una significativa importancia en una sociedad democrática, por cuanto representa una vía de compromiso con la comunidad y el bien común. Así, todo ese espacio adquiere el sentido de escuela de ciudadanía, tanto antes como ahora.

La pertenencia a un colectivo no solo tiene un componente cuantitativo, también cualitativo. En las asociaciones las personas participantes, desde una perspectiva clásica y teórica, adquieren una amplia gama de «recursos» sociales, políticos, etc. que les permiten consolidar una mayor identificación con el grupo o un mayor grado de capital social; entre otros. En definitiva, cuando en el debate público predominan palabras como desafección, polarización, apatía o sociedad líquida, resulta aún más interesante abordar este mismo tema; incluso empleando la perspectiva católica.

Entrando en materia, desde una óptica global, los datos del estudio 3.436 muestran una sociedad española, en cierta manera, apática o alejada del compromiso colectivo. En la actualidad, más del 60% de la ciudadanía reconoce que nunca ha participado en ninguna realidad asociativa. De esta forma, solo hay una minoría que en algún momento de su vida haya formado parte del tejido asociativo.

A pesar de ello, son más las personas que actualmente están en activo (22%), que las que una vez lo estuvieron (15%). Cuantitativamente, aunque sea una cifra considerable –más de 10 millones de personas–, cualitativamente es un dato a tener en consideración porque el activismo se sustenta sobre uno de cada cinco habitantes; sin tener en cuenta las posibles pertenencias múltiples.

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