Dignidad, hospitalidad, catolicidad y fraternidad

Dignidad, hospitalidad, catolicidad y fraternidad
El 6 de mayo se presentó la exhortación pastoral Comunidades acogedoras y misioneras. Identidad y marco de la pastoral con migrantes (CAM), aprobada por la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española el pasado mes de marzo.

Es un planteamiento muy valioso, no solo para quienes se ocupan en la pastoral con migrantes sino para el conjunto de la Iglesia. Pero también es valiosa como propuesta a la sociedad desde el testimonio de comunidades acogedoras que construyen la fraternidad.

Toda la exhortación está recorrida por una mirada desde el Evangelio a la realidad de las personas migradas. Una mirada que reconoce y defiende su dignidad, que se concreta en la hospitalidad, que quiere aprovechar la oportunidad de crecer en vivir la catolicidad y la fraternidad universal. Porque «las personas migradas no son un problema», «son una oportunidad de enriquecimiento y de desarrollo humano integral de todos» (FT 135) (CAM 40). Es significativo, en ese sentido, lo que se dice al final del documento: «Agradecemos a las personas y familias migradas su valiosa aportación a la revitalización de nuestra sociedad y, en el caso de los católicos, también su contribución a revitalizar nuestra Iglesia y ayudarnos a profundizar en la catolicidad que ha de caracterizarnos. También agradecemos a todos los miembros de la pastoral con migrantes y a quienes, desde dentro o fuera de nuestras comunidades, caminan junto a ellos» (CAM 55).

La mirada que hace la exhortación a la realidad de las personas y familias migradas en nuestra sociedad es muy valiosa porque muestran con claridad la falsedad de afirmaciones que en ocasiones se hacen sobre ellas; y muestra también la necesidad de cambios profundos en la manera de situarnos ante esta realidad. Que las personas migrantes no sean un problema no significa que su realidad esté exenta de problemas. Es en demasiadas ocasiones una realidad de sufrimiento, «uno de los principales dolores en el momento actual (…) manifestación de las estructuras de pecado» (n. 18). Muchas personas y familias migrantes están entre las que más sufren el empobrecimiento, la vulnerabilidad, y en ocasiones la exclusión (CAM 12 y 13).

Por eso, en el marco de las dimensiones irrenunciables de la pastoral con migrantes (el acompañamiento al migrante como creyente; el servicio a la persona en sus necesidades y la atención pastoral, protección y cuidado de las personas y familias, n. 33), desde la perspectiva de la promoción humana integral se insiste, junto al anuncio de la buena noticia de Jesús, en la transformación de la realidad social y exhorta a todas las personas y comunidades cristianas a «incidir social y políticamente de acuerdo con el concepto de “plena ciudadanía” según Fratelli tutti (FT), que favorece la integración y nos impulsa a reclamar leyes que permitan el acceso a la regularización, al trabajo digno, la vivienda, la sanidad, la educación, la cultura; en definitiva, todo lo que promueve para migrantes y autóctonos la dignidad, la convivencia, la redistribución de la riqueza y el bien común (FT 131)» (CAM 51).

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La exhortación insiste en que no se trata de una pastoral «para» migrantes sino «con» migrantes y en que esta pastoral debe ser integral y transversal en nuestra Iglesia. En ese sentido, queremos llamar la atención sobre algo que la exhortación no plantea expresamente pero nos parece un reto importante: las personas y familias migrantes, en su gran mayoría, forman parte del mundo del trabajo –con frecuencia del más precarizado y empobrecido–, son una parte cada vez más importante de nuestro mundo obrero y del trabajo. Por eso, la pastoral del trabajo debe avanzar en la labor que está llamada a realizar con migrantes, así como la necesaria estrecha relación y colaboración entre la pastoral con migrantes y la del trabajo.

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