El cardenal Cobo llama a abrir los corazones y las comunidades a las personas refugiadas

El cardenal Cobo llama a abrir los corazones y las comunidades a las personas refugiadas
Foto | ACNUR
El cardenal y vicepresidente de la Conferencia Episcopal, José Cobo, en el Día Mundial del Refugiado, llama a tener en presente “el sufrimiento y la esperanza de millones de personas desplazadas”, que ya son casi 120 millones de personas en el mundo según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados.

A finales de 2023, había en todo el mundo 117,3 millones de personas desplazadas de sus lugares de origen debido a las persecuciones, conflictos, violaciones de los derechos humanos o acontecimientos que han alterado gravemente el orden público.

La mayoría de las personas desplazadas de protección internacional (el 69%) se encuentra en países vecinos. Los Estados acogedores, además, en el 75% de los casos están clasificados como de ingresos bajos y medianos.

El mayor aumento de desplazamientos se ha debido a las personas que huyen del conflicto y permanecen en sus propios países en conflicto, unos 68,3 millones de personas.

En este contexto, José Cobo, además de invitar a la reflexión sobre la situación de tantos millones de personas en este mundo, ha hecho un llamamiento a la comunidad cristiana, en línea con la exhortación pastoral Comunidades acogedoras y misioneras. Identidad y marco de la pastoral con migrantes, a “que nuestra fe nos inspire a abrir nuestros corazones y comunidades a quienes buscan una nueva oportunidad”.

Es la mirada evangélica que reconoce y defiende la dignidad humana, también de las personas desplazadas, la que mueve a poner en practica la hospitalidad y promover la fraternidad universal, como expresión de la catolicidad de la Iglesia.

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Así, “las personas migradas no son un problema”, sino “una oportunidad de enriquecimiento y de desarrollo humano integral de todos”, por más que el discurso xenófobo esté escalando posiciones tanto en nuestro país como en Europa.

La Iglesia en España está firmemente comprometida no solo con el anuncio de la buena noticia de Jesús, sino también con la transformación de la realidad social que actualmente causa los desplazamientos y sufrimientos de tantas personas en el mundo, en especial, dada su situación particular de vulnerabilidad, las personas desplazadas, necesitadas de una protección internacional que la Administración de nuestro país no está resolviendo con la debida atención.

La escucha y atención a esta situaciones injustas que tanto desde organizaciones eclesiales como sociales que practican la hospitalidad y la solidaridad con la persona extranjera, sin duda, reafirma, como señala Cobo, que “juntos, podemos construir un mundo más justo y humano”.

 

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