La confianza en lo pequeño

La confianza en lo pequeño

Jesús habla a sus apóstoles de su experiencia de lo sencillo y pequeño, de lo que nadie aprecia y los anima a que vivan desde ahí, a que no se pierdan la vida que viene de ahí. Esto nos decía nuestro párroco de san Félix en Villaverde el domingo pasado. Y me hacía poner palabras a la sensación que tuve durante el viernes y sábado en un seminario de la LOC-MTC, movimiento hermano de Portugal cuyo tema era, ni más ni menos que el siguiente: Inflación y pérdida de poder adquisitivo ¿Qué hacer?

Durante día y medio, unas cincuenta personas de distintas realidades y movimientos europeos, hemos abordado este tema. Tanto las ponencias como los diálogos han sido intensos y han servido para entender el enorme impacto que tiene la economía del sistema neoliberal sobre nuestras vidas y sobre las vidas más precarias, la complejidad de toda esa maquinaria, el control de la banca y las grandes empresas.

Los gráficos con que nos ilustraron los ponentes mostraron cómo hemos mejorado, hablando en términos relativos, y cómo los trabajadores y trabajadoras hemos perdido poder adquisitivo durante mucho tiempo, lo que nos ha llevado a este momento en que una inflación mayor a la habitual ahoga completamente las economías más precarias, no solo las de los trabajadores pobres, las personas desempleadas o los trabajadores de la economía sumergida, también la de esa clase media-baja que va desapareciendo. Y en todo esto, en lo macro, el papel que juega Europa en el plano geoestratégico y la necesidad de que sea más relevante si quiere combatir el índice de pobreza que no baja…

Muchos de los asistentes son o han sido sindicalistas por lo que tienen muy claro este análisis y se han servido de sus experiencias laborales para argumentar sus reflexiones y avanzar hacia ese quehacer necesario que nos tiene que ayudar a dibujar un compromiso.

En las aportaciones se notaba cierta urgencia para encontrar caminos y mucho apasionamiento por parte de los que intervenían. Se respiraba la necesidad de propuestas que puedan generar cambio y de hacer entender, a una sociedad cada vez más ausente de la realidad y ensimismada en su individualismo, cómo se tiene que redefinir el papel de los sindicatos, sacar a la palestra las grandes injusticias, las escandalosas ganancias de los ricos, controlar hacia dónde van los fondos que deberían de ir destinados a mejorar la vida de las personas y las familias en lugar de seguir aumentando la brecha de la desigualdad.

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Por eso, hay que confiar en lo pequeño. Estas y estos militantes han demostrado una gran fuerza, un gran coraje y una esperanza inquebrantable en seguir mirando, desde las utopías, para actualizar nuestro mensaje, insistir en el diálogo y la concertación social, el cambio de estrategia sindical y la necesidad de organizar a la sociedad. Son trabajadores y trabajadoras que cuentan sus sinsabores, sus fracasos personales, pero que no les pesan para seguir preguntándose cómo hacer que cambie la mentalidad de los compañeros y las compañeras de trabajo de manera que entiendan la importancia y defensa del bien común.

En este diálogo había algo más significativo, poco usual para otros muchos sindicalistas: estos militantes hablaban de su confianza en Jesucristo y de cómo el hecho de formar parte de una comunidad inspirada en el Evangelio nos empuja a dignificar y dar autoestima a nuestro alrededor. Hablaban de la fuerza de la oración para hacer entender que ser cristiano significa trabajar a contracorriente por una sociedad distinta. Para llevar el mensaje a los compañeros de que en la Iglesia si luchamos por la dignidad del trabajo.

Somos pocos, tenemos poca influencia, pero una fe que nos lleva a ser felices trabajando por el cambio en nuestro ambiente concreto. Sabemos en qué y en quién ponemos nuestra confianza. Porque, como dice nuestro querido consiliario general: “El reino de Dios no nos viene del cielo, se planta y crece hacia el cielo. Pero el reino de Dios tiene sentido si está agarrado a la tierra, a nuestra realidad“.

 

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