Un trabajo que cuida, poniendo en el centro a la persona

Un trabajo que cuida, poniendo en el centro a la persona
Foto | Ecaterina Tolicova (vecteezy)
Cuando en 2001 los investigadores iban reconstruyendo uno de los hallazgos de Atapuerca, en concreto, un cráneo muy fracturado que denominaron «cráneo 14», descubrieron una deformidad que identificaron como craneosinostosis, una enfermedad incompatible con la vida hace medio millón de años.

Sin embargo, aquel cráneo asimétrico era de una preadolescente, que bautizaron como Benjamina. ¿Cómo pudo sobrevivir un individuo así por sus propios medios en un grupo nómada de cazadores recolectores? Benjamina sobrevivió hasta la preadolescencia porque el grupo cuidó de ella: la alimentaron, la trasladaron de un lugar a otro, le ofrecieron cobijo y abrigo, etc. Lo mismo descubrieron en los restos de Miguelón, un homínido que murió alrededor de los 35 años y que padecía una infección dental que le impediría comer a no ser que alguien masticara por él, o Elvis un individuo con una patología degenerativa de cadera que le impediría cazar, andar largas distancias o incluso mantenerse de pie, y que, sorprendentemente, murió anciano hacia los 45 años. Benjamina, Miguelón y Elvis son la evidencia palpable del vínculo compasivo de nuestra naturaleza humana; una muestra de que la interdependencia y el cuidado nos definen como especie.

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