Venga tu reino, sí, pero… ¿qué reino?

Venga tu reino, sí, pero… ¿qué reino?
El reino es la imagen que aparece con frecuencia en la Biblia para expresar gráficamente el proyecto que tiene Dios sobre su pueblo. Jesús de Nazaret hizo suya esa imagen para definir su misión.

Leyendo los evangelios no cabe duda de que anunciar la llegada del reino de Dios fue no solo su tarea sino la causa por la que vivió y murió. Su vida no se puede entender sin su relación con el anuncio del reino.

Pero, como sucede con otros términos acuñados hace siglos que se interpretan de formas diversas y hasta contrapuestas, esta imagen del reino se ha prestado no solo a relacionarla con una determinada forma de gobierno, sino que, también, ha sido utilizada para promover una religiosidad intimista que solo busca la salvación en el otro mundo, más allá de la muerte; por ello no tiene buena prensa entre muchos de nosotros.

Ciertamente hay frases en los evangelios que dan pie a estas interpretaciones. San Mateo, para evitar nombrar a Dios, siempre que habla del reino lo describe como «el reino de los cielos». «Mi reino no es de este mundo», le dice Jesús a Pilatos y en otro lugar de los evangelios afirma que «el reino de Dios está dentro de vosotros». Pero lo que está claro es que Jesús nunca definió en qué consistía el reino que él anunciaba; no lo explicaba, pero lo describía con parábolas y, sobre todo, lo mostraba con su vida solidaria con los más pobres y confiada con Dios, su Padre. Y a esa vida es a la que tenemos que referirnos si queremos seguirle comprometidos en la construcción de esa nueva forma de vivir y de relacionarnos que él llamaba reino de Dios.

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