Chatarreros en condiciones de esclavitud

Chatarreros en condiciones de esclavitud
Foto | PublicDomainPictures (Pixabay)
Durante 2023, los habitantes de este sufrido planeta generamos 2.300 millones de Tm de residuos urbanos y en 2050 llegaremos a 3.800 millones.

Son cifras y previsiones del reciente informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente «Más allá de una era de residuos: Perspectivas de la gestión mundial de residuos 2024». Dicho informe, que vincula generación de residuos con agravamiento de la crisis climática, calcula que el 38% de esa inmensa montaña no está controlado. Quienes más residuos generamos somos las poblaciones de los países con mayores ingresos. Ricos también en basura.

Una parte considerable son metales, envases y electrodomésticos, sobre todo. ¿Quién se hace cargo de todo ello? Hace años, se oía por las calles «¡el chatarrero!», pero tal sonido pasó a la historia. Ahora contamos con los «puntos verdes», pero una cantidad considerable acaba acurrucada junto a los contenedores de basura.

Por esas mismas calles transitan unas personas, equipadas con un carro de supermercado que van llenando de los mencionados materiales. Estos chatarreros informales hacen un gran servicio. Según el Gremi de Recuperació, en Cataluña recogen el 30% de los metales recuperados; solo en Barcelona, unos 118 kilos al día; se estima que, gracias a ellos, se recuperan unas 115.000 Tm cada año.

Un estudio realizado por un equipo de investigadores de la Universidad de Barcelona se ha ocupado de la labor y las condiciones de vida de estas personas.

Mientras que las empresas contratadas por los ayuntamientos cobran por ello, ellos lo hacen gratis, buscando unos ingresos que apenas les dan para sobrevivir.

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Según este estudio, la gran mayoría de los 3.200 son migrantes en situación irregular: el 75% proceden de África y el 78% carecen de papeles. Pese a la gran contribución que realizan a la economía circular, las instituciones los ignoran. «Todos estos trabajadores –explica Federico Demaria, uno de los investigadores– sufren una doble marginación, económica y laboral; no tienen derechos laborales ni Seguridad Social».

Karim, senegalés, explica a El País que recoge chatarra porque «antes que robar, preferimos hacer esto, pero ¿sabes lo que es caminar doce horas y arrastrar un carrito de supermercado de 300 kilos? Y los 365 días no paras. Es muy duro. Encima no puedes decir que tienes dinero porque ganas cinco, diez o quince euros. No más».

Casi la mitad carece de vivienda (el 44% de la muestra), otros viven en pisos compartidos, en habitaciones alquiladas (50%) u ocupados (6%).

El informe revela que la ciudadanía barcelonesa es consciente del problema ambiental de los residuos y es empática con la situación de estos chatarreros. El 66% de las personas encuestadas dice que dejan objetos junto a los contenedores para ellos.

Más críticos se muestran con las Administraciones, al considerar que deberían proporcionarles uniformes y equipos para su protección personal e, incluso, que los ayuntamientos los contraten.

Sería una buena medida o es que, como se pregunta Demaria, «¿estamos dispuestos a tener esclavos para obtener unas mejores tasas de reciclado?».

 

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