Descansar en Dios

Descansar en Dios
Foto: Benis Arapovic (vecteezy)
Terminadas las tareas del curso, se abre ante nosotros la perspectiva del merecido descanso. Podemos vivirlo en clave de contemplación y amor porque nuestro descanso también ha de hacerse experiencia de fe.

Acojamos la invitación de Dios a descansar con él, a descansar en él, que nos hace Jesús (Marcos 6, 30-34) y hagámoslo en compañía fraterna, sin perder la mirada a la vida que habitamos.

Aprovechemos para reconocer y agradecer –el don de la fraternidad– que nuestro camino siempre es un camino compartido. El encuentro de cada persona con Jesús se mueve entre el asombro –sin asombro no podemos captar el misterio de Jesús– que nos lleva a preguntarnos, a buscar, a seguir a Jesús y la acogida de lo cotidiano –solo ahí se nos hace accesible el Dios encarnado– que nos permite aprender en la normalidad de la vida a descubrir, ver, reconocer la presencia de Dios en las personas y los acontecimientos, en lo más normal de nuestra vida. Y para eso, nos basta la Gracia (Marcos 6, 1-6).

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