Nuestro amigo Joaquín

Nuestro amigo Joaquín
FOTO | José María (i), Basi, Chipola, Irene, “Kisko” y María Luisa. 

Venía Joaquín de un caldo de cultivo que nutrió a los militantes obreros cristianos en Molina de Segura, incluso después de la crisis de la Acción católica. A él le gustaba decir que militaba en el Movimiento Obrero, donde confluyeron durante mucho tiempo jocistas, hoacistas, rurales, jóvenes de JIC…; como tantos otros de su edad, se había formado en la Acción Católica.

Nuestro equipo viene de una de las muchas reorganizaciones del Centro de Molina en los años 70. Fue uno de aquellos equipos atípicos que acogieron a jóvenes trabajadores con estudiantes universitarios y un eslabón, visto hoy con perspectiva, que nos unía: Sabela, una militante curtida en las luchas obreras y en el inicio de los sindicatos clandestinos, que puso mucha cordura en nuestras jóvenes e impetuosas vidas.

Procedían Joaquín e Irene de otro equipo mucho más curtido, pero del que se habían distanciado un tiempo debido al nacimiento de su hija Irene. Nuestro equipo tiene toda la vida de Irene, tan pequeña entonces que volaba haciendo el avión en las palmas de las manos de José María.

Era nuestro amigo Joaquín un joven dibujante que trabajaba en Ekipo, la empresa de Baldo, un afamado dibujante de Murcia. De esta etapa, Joaquín conservó siempre su gusto por caminar y usar el transporte público; nunca tuvo coche ni carnet de conducir. En su piso del barrio de San Roque iniciamos nuestra andadura discutiendo sobre la “complementariedad dialéctica” y los quehaceres. A los que él añadió el “Quehacer sexual de la HOAC”. Su actitud transgresora, radical, apasionadamente extrema –como decimos en nuestra tierra “exagerao”–, le llevó siempre a desmitificar lo más sagrado y a poner pies en tierra en las discusiones más sesudas del momento. Su facilidad para el chiste y su ingenio para plantear temas complejos disfrazándolos de humor, fueron siempre una de sus virtudes.

En Molina empezaba con fuerza el movimiento vecinal. Los barrios fueron lugares de compromiso. La Asociación de Vecinos de San Roque y el inicio de la Coordinadora Popular fueron para él frentes incuestionables de lucha. Recuerdo nuestro primer compromiso de equipo: informar a las asociaciones de vecinos de la Ley de Elecciones Generales de 1977. Adelantándose a su tiempo, apareció el Joaquín monologuista, de pie, delante de una audiencia políticamente poco formada, capaz de hacer reír a todo hijo de vecino con sus ejemplos: ¡Cómo nos hacía reír explicando las PUPP! (Plataformas Unitarias de Participación Popular).

A lo largo de los años 80, se fue forjando el compañero Joaquín “Chipola” que tantos han conocido. Tocado por el don que Dios puso entre sus manos, hizo del lápiz su mejor arma de combate con una capacidad y facilidad envidiables para plasmar en el blanco de un papel un concepto, una idea traducida a una imagen siempre cargada con un contenido revolucionario destinado a cambiar las conciencias adormiladas ante una realidad injusta. Porque nuestro amigo Joaquín ha sido un hombre de fe, de una fe expresada de manera irreverente, anticlerical, liberada de normas y corsés, pero profunda en su compromiso siempre con los más pobres. Una fe que transitó desde “los últimos” del siglo XX a las periferias y la precariedad del siglo XXI, desde el encierro de los emigrantes en Molina hasta los CIE (centros de internamiento de extranjeros), pasando por plataformas en defensa de emigrantes, desahuciados, víctimas del racismo o de la RENFE, siempre receloso de partidos y sindicatos con los que colaboró cuanto pudo. Le gustaba especialmente las “estructuras  desestructuradas”, “la organización desorganizada”, como a tantos ácratas cristianos seguidores de Jesús de Nazaret, y se embriagaba con la “jesusología” de su amigo Juan López Bermúdez. A regañadientes aceptó la metodología de la revisión de vida obrera (RVO), pero siempre se fio de su responsable de Formación.

En la vida de equipo, Joaquín siempre fue responsable de Difusión, la tarea en la que volcó toda su potencia creadora puesta al servicio de la clase obrera y su evangelización: folletos, trípticos, carteles de asambleas generales, portadas y viñetas para Noticias Obreras, convocatorias para el 1º de Mayo, tarjetas de Navidad, y el periódico que amenizaba las colas del desayuno en nuestras asambleas, manteniendo así la tradición rovirosiana de rebajar con humor la seriedad excesiva de algunas de nuestras propuestas. Para el equipo traía todos los años un cuaderno de actas que guardamos llenos de sus dibujos. Nuestros planes de formación han sido año tras año ilustrados, iluminados como los códices medievales, por sus dibujos cayendo en cascada por los bordes de las páginas. barrocamente en tropel. angelotes, niños jugando, capitalistas retorciéndose, músicos tocando jazz, hojas, rocas… porque Joaquín se concentraba dibujando y dibujaba mientras rezaba: ¡nunca dejó de dibujar! Su último dibujo para el equipo nos lo hizo en un bar sobre una servilleta de papel con los restos de chocolate a modo de tinta. Junto a sus cuadernos nos ha dejado un nombre: Pifostio.

En sus últimos años, cuando la enfermedad lo iba venciendo y llevándolo por caminos en los que no podíamos seguirle, aguantaba siempre el momento de la oración: “nos juzgarán en el amor –decía– no en la eficacia de nuestros actos, sino en la cantidad de amor que hemos puesto en ellos”. Con esta frase queremos recordarle, vestido con su pantalón corto, camiseta y en invierno pañuelo palestino, y su cordón al cuello del que blandía su bolígrafo, siempre dispuesto a dar gracias a dios desplegando su arte. Hasta que volvamos a vernos, acompáñanos en el camino.

 

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