Pero ella dijo

Pero ella dijo
Foto | Clem Onojeghuo (unsplash)
El poder del lenguaje consiste en modelar imaginarios y patrones sociales. Los teóricos de la programación neurolingüística sugieren que lo que decimos expresa lo que somos. Lo que expresamos muestra quienes somos. ¿Nos desvela nuestra identidad?

Me pregunto: ¿qué pasa con las personas que no se pueden expresar? ¿O no dominan el idioma? ¿Son personas a medias? ¿Existen en función de su capacidad verbal? ¿No son?

Siguiendo el mismo hilo: no construimos las palabras en el cerebro y las reproducimos, sino que nos expresamos en un acto de performatividad totalmente original cada vez que pronunciamos una palabra porque va dirigida a alguien. La imaginación de quien recibe el mensaje crea nuevas redes de sentido. Recuerdo tantas horas de tertulias improductivas que, ante lo dicho antes, a veces uno preferiría simplemente callarse.

Es más, la imagen que va surgiendo conforme recordamos una historia, permite que tomemos parte de ella, en función de donde nos posicionemos. El lenguaje como medio de comunicación se funde con «el texto» (el mensaje) y, literalmente nos mueve. ¿En serio? Os propongo un ejercicio.

Haga memoria de un evento particularmente doloroso o alegre, visualícelo y recupere las emociones que sintió. ¿Te ves? Vuelve a recordarlo, pero haz el esfuerzo de verte a ti mismo durante esta situación recordada entre otra gente protagonista, como si fueras una persona que observa el momento.

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