Vuela alto Chipola con tus lápices y pinceles

Vuela alto Chipola con tus lápices y pinceles
FOTO | Chipola (i) y Joaquín Sánchez

La muerte de Chipola nos ha producido un gran dolor, aunque éramos conscientes de que su cuerpo se estaba deteriorando por la enfermedad del Alzheimer, pero, seguía en la vida porque estaba en nuestros corazones y, de alguna manera, seguía manifestando ternura y aportando mucho a la sociedad, de otra manera distinta.

Es difícil el momento de la despedida de un compañero, de un amigo y de un hermano en la fe compartida.

Abrazar desde el dolor compartido a su gran compañera de viaje, Irene. Esa persona que nunca perdió la sonrisa, la esperanza y siguió luchando por el reino de Dios, añadiendo algo nuevo: los cuidados. También mandar un abrazo a sus hijas, a sus hermanos y demás familia y a sus incontables amigos.

¿Qué decir de Chipola? Primero que lo queremos y lo decimos en presente, no en pasado, y que ha sido una luz, un referente en el compromiso cristiano por ese deseado mundo para que sea cada vez más humano, justo y fraterno.

Chipola fue un genio del dibujo, que siempre nos sorprendía con una viñeta donde combinaba imágenes y palabras que nos abría los ojos sobre una realidad de la vida donde señalaba quiénes eran las víctimas y quiénes eran los poderosos que causaban ese sufrimiento humano. Y lo hacía con una ironía fina, con humor, con paradojas, con indignación y señalando el camino para crear otra alternativa, esa alternativa de fe y de humanidad. Tenía una genialidad extraordinaria que nacía de su compromiso social y su compromiso con la dignidad humana, sembrando esas pequeñas semillas del reino de Dios.

Creo que de alguna manera fue “bendecido por Dios”, que le dotó de esa genialidad de ser ese dibujante y pintor de la realidad como muy pocas personas lo han sabido hacer. Eso sí, Chipola se encargó de alimentar esas capacidades desde su compromiso. Pudo optar por poner al servicio de la sociedad capitalista sus grandes dotes, pero, lo puso al servicio del ser humano, de los derechos humanos.

Su vinculación con la HOAC le llevó a descubrir esa fe en ese Dios de Jesús que quiere ser buena noticia para los empobrecidos y empobrecidas, que perturba a los pudientes y exige la conversión de los poderosos. Me imagino que Chipola diría con su humor y su sonrisa característica: “Metiendo los lápices en las narices de los ricos”.

Se comprometió con la cultura, fue voz en los diversos medios de comunicación de los más vulnerables son sus viñetas. Todas sus publicaciones tenían una dimensión liberadora.

Quiero destacar dos compromisos en su vida. El primer compromiso fue con las personas migrantes, luchando con perseverancia y mucha valentía, por cambiar leyes injustas e inhumanas; esta lucha le llevó a encerrarse en la catedral. El segundo compromiso fue con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, acompañando a familias y ocupando, también, bancos, además de empapelarlos. Todas estas luchas las plasmaba son una sensibilidad especial en sus dibujos.

Podría decir mucho más sobre Chipola, sabiendo que hubo momentos muy duros en su vida personal y familiar. La vida le sonrió y la vida le golpeó con mucha fuerza.

Vuela Chispo con tus lápices, con tus bolígrafos, tus pinceles y sigue dibujando para que sigamos fortaleciendo esa esperanza y esa lucha para que el mundo pueda descansar en la paz, en la libertad y en la justicia.

Estoy seguro que después de ese encuentro entre el Dios Padre/Madre y Chipola, nuestro amigo Chipola le va a enseñar ese dibujo de cómo ve a Dios, que le va a hacer reír muchísimo.

Vuela Chipola y que encuentres todo aquello que soñaste y esperamos en el cielo amigo y compañero del alma.

 

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