Jornada Mundial por el Trabajo Decente

Jornada Mundial por el Trabajo Decente

De nuevo celebramos la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, el 7 de octubre, convocada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Movimiento Sindical Mundial y el Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC), y que la Iglesia española impulsa a través de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD), promovida por realidades eclesiales como Cáritas, Conferencia Española de Religiosos (CONFER), Justicia y Paz, Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), Juventud Estudiante Católica (JEC), Juventud Obrera Cristiana (JOC), y en Córdoba la Delegación Diocesana de Migraciones. Cuenta con multitud de adhesiones de muchísimas parroquias y organizaciones de Iglesia de nuestro país.

Pero este día no es para celebrar sino para la denuncia, la reivindicación de algo aún sin superar en el siglo XXI: un empleo que proporcione las condiciones necesarias de vida para que ésta sea digna, plena… humana.

Reclamar trabajo decente no es pedir “la luna”. Más bien implica cuestiones básicas y justas: salarios justos, empleos seguros y en libertad (incluida la sindical), estabilidad laboral que alumbre otra estabilidad: la vital. Un trabajo que permita “ganarse la vida”, en lugar de exprimirla perdiéndola en la supervivencia del día a día.

Sin embargo, la sociedad de mercado en la que vivimos se basa justo en el principio contrario al del trabajo decente. Prima el beneficio económico por encima del social y enaltece la competitividad, entendida como competición individual por conseguir un trabajo escaso. Potencia el individualismo, el egoísmo, frente a la fraternidad y la solidaridad. Pero sobre todo, convierte un problema colectivo en individual, haciéndolo invisible en la sociedad. Algo contrario a los valores evangélicos.

Este año, la COVID-19 nos devuelve una imagen amplificada de esta forma de organizar la sociedad que impide el trabajo decente. Así, se dan fenómenos como…

• Junto a sanidad y fuerzas de seguridad, los trabajos más expuestos son los más precarios.
• La protección estatal, vía ERTE, no llega al empleo temporal, precariado, etc.
• Las prisas por recuperar la actividad económica producen que rebrote la pandemia. Resultado de colocar el beneficio económico por encima de algo esencial: la salud de la población.

Ante esta situación, como cristianas y cristianos inmersos en el mundo del trabajo, hacemos nuestro lo que proclama la Iglesia en el documento La Pastoral Obrera de toda la Iglesia: “hoy, la solución de los problemas del mundo del trabajo (…) no pasa sólo por el crecimiento económico y la creación de empleo (…) Al mismo tiempo debemos prestar una atención especial para que el modelo de producción permita vivir y cultivar la vida personal, familiar, cultural, social y religiosa que son imprescindibles para que el Hombre (la Persona) pueda desarrollarse como hijo (hija) de Dios y la sociedad pueda construirse sobre los cimientos de la justicia y la libertad”

Por todo ello, la HOAC de Córdoba te invita a sumarte a esta Jornada, y a mantenerla viva, más allá del 7 de octubre, hasta que no sea ya necesaria su celebración.