Los obispos ven necesario «un diálogo fluido para atender la profunda herida» provocada por la COVID-19

Los obispos ven necesario «un diálogo fluido para atender la profunda herida» provocada por la COVID-19
Un diálogo con los responsables políticos, económicos y sindicales «con la finalidad de encontrar sinergias en el respeto a la dignidad de las personas, en la promoción de un trabajo decente y en el acompañamiento de los descartados» según se expresa en el informe sobre la situación social creada por la pandemia.

Finalizan los trabajos de la “muy intensa” Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, según ha señalado el secretario general y portavoz, Luis Argüello, con dos reflexiones en torno al impacto de la COVID-19, una de carácter económica y otra social; junto a dos posicionamientos públicos en relación a la ley de educación y ante la situación de los inmigrantes en las Islas Canarias.

Impacto social por la COVID-19

Los obispos han dedicado parte de la plenaria al análisis del impacto actual de la pandemia, a partir de dos exposiciones. La primera de ellas ha sido realizada por Antonio Garamendi, presidente de CEOE, quien “ha ofrecido los datos de las consecuencias del COVID 19 desde una perspectiva macroeconómica”, así como la situación de diálogo con el gobierno y los sindicatos. Al representante empresarial, le precedió el presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y Promoción Humana, Atilano Rodríguez, con la presentación de un informe sobre la situación social creada por la pandemia, fruto del diálogo realizado entre los organismos y departamentos de la Comisión –entre los que se encuentra la Pastoral del Trabajo– que constata la “rápida y profunda herida en nuestra sociedad” que está provocando una limitación de derechos humanos y el incremento de la desigualdad; cambios sociales y políticos “que denotan su desvinculación de la moral”; un mayor descarte de personas como consecuencia del desempleo y reducción de ingresos que hace crecer la pobreza; la crisis de la vivienda; la crisis de la salud y de los cuidados, el debilitamiento de las redes de apoyo y la brecha digital “como nuevo elemento generador de exclusión”.

Sinergias para ofrecer respuestas

El documento recoge los grupos más afectados por esta situación, así como la respuesta que ofrece la Administración y las instituciones públicas, además de la respuesta de la Iglesia, para concluir con la necesidad de seguir “cuidando la vida espiritual y la eclesialidad” del laicado comprometido. Así mismo, consideran que es preciso discernir sobre “la realidad de marginación y pobreza, en la que malviven tantas personas”. Y, por otro lado, ven necesario “mantener un diálogo fluido con los responsables de la política, de la economía y de los sindicatos, con la finalidad de encontrar sinergias en el respeto a la dignidad de las personas, en la promoción de un trabajo decente y en el acompañamiento de los descartados”. Finalmente, ven la “muy urgente la necesidad de seguir concienciando a todos los cristianos sobre la dimensión social de la fe y la caridad política por medio del estudio de la Doctrina Social de la Iglesia”.