El primer edificio de vivienda colaborativa de Madrid ya está habitado

El primer edificio de vivienda colaborativa de Madrid ya está habitado
Las viviendas de la cooperativa Entrepatios, construidas en el distrito de Usera, están ya habitadas por 17 unidades familiares. Se trata de un modelo de propiedad colectiva, sostenibilidad ambiental y apoyo mutuo.

La promoción de Las Carolinas, una de la cuatro que en Madrid desarrolla esta cooperativa, es el primer edificio de vivienda colaborativa en derecho de uso de la ciudad, como recogió la revista impresa de Noticias Obreras, en enero de 2020.

Propiedad colectiva

Este modelo considera la vivienda como un bien de uso, no de mercado, de modo que no hay personas propietarias sino usufructuarias. Vecinas y vecinos disfrutan de una vivienda durante un tiempo indefinido, participando en la toma de decisiones sobre su diseño y su posterior mantenimiento. La propiedad permanece en la cooperativa.

Arquitectura sostenible

La construcción se orienta a que la demanda de energía sea la menor posible, casi nula, evitando las pérdidas de calor y de frío, mediante un alto grado de aislamiento  y estanqueidad del edificio, pero también para evitar la emisión de CO2, ya que está 100% electrificado, genera 32 kw de energía fotovoltaica y tiene un contrato con una comercializadora de energía 100% renovable, la Sociedad Cooperativa eléctrica La Corriente. Para minimizar su impacto en la construcción se ha empleado madera, un material que captura CO2, renovable y certificado FSC. También se reciclará el agua de la lluvia y se pretenden reutilizar las aguas grises, con una estimación de ahorro de 750.000 litros cada año.

Apoyo mutuo

Aunque cada cual conserva la privacidad en su casa, se comparten servicios e infraestructuras, como las zonas comunes, un taller y una lavandería. Asimismo, todas las unidades familiares participan en un grupo de consumo que apoya la producción agroecológica y de proximidad. Esta comunidad de vecinas y vecinos también ha tenido oportunidad de compartir los cuidados de las personas que componen el grupo.

Esta experiencia demuestra que es viable construir respuestas colectivas y sostenibles a las necesidades fundamentales, como es el derecho a la vivienda, aunque todavía es necesario el apoyo público de las administraciones, para generar derechos de superficie sobre suelo público, como está sucediendo ya en ciudades como Barcelona), apoyo económico y “fiscalidad verde”.

Aunque este modelo es aún bastante desconocido en España, con apenas 200 viviendas integradas en cooperativas en cesión de uso, tiene una larga tradición en otros países europeos, como Dinamarca, y también en Uruguay y en Canadá. En Québec, por ejemplo, existen. 30.000 viviendas asequibles repartidas en 1.300 cooperativas, y en Uruguay otras 30.000 que representan el 2,58% de toda la vivienda del país.