Los accidentes laborales no son accidentes

Los accidentes laborales no son accidentes

A solo dos días de la llegada del nuevo año, volvemos a llorar la muerte de otro trabajador en Córdoba. Manuel Chacón Fernández, natural de Villaviciosa y con 55 años de vida, murió mientras hacía labores de poda en la finca donde trabajaba como guarda. Fue una caída en altura. Se precipitó, no sabemos aún cómo, y prácticamente falleció en el acto.

Manuel ha sido la primera víctima mortal en Córdoba, y en España, de los mal llamados accidentes laborales. Y decimos mal llamados porque un accidente es un suceso no intencionado, fortuito e inesperado que causa daños.

Sin embargo, en el ámbito laboral, la práctica totalidad de los accidentes que se producen son predecibles, evitables y, por tanto, ni fortuitos ni inesperados.

  • Solo hay que aplicar las más que probadas técnicas de prevención disponibles en la actualidad para evitar el siniestro.
  • Basta con fomentar la cultura preventiva en el proceso productivo de cada empresa para mitigar el peligro.
  • Simplemente, hay que mantener en buen estado de uso maquinaria, instalaciones y equipos de protección individual (EPI) en las empresas para impedir desgracias.

Igualmente, es imprescindible que las condiciones laborales sean dignas y permitan a la persona disfrutar de una estabilidad, que no le dejen al vaivén ritmos de trabajo abusivos, largas jornadas laborales y demás circunstancias que no hacen más que llamar al fallo por agotamiento, al descuido causado por la presión… al muy mal llamado accidente laboral.

Ya lo dijo Víctor Hugo: “Cuando la muerte es evitable, dejar morir a alguien es imperdonable”.

Imperdonable es la muerte de Manuel Chacón y las 14 muertes laborales que sufrimos en Córdoba el pasado año. Imperdonable usar a la persona como una herramienta más. Tratar así a alguien es imperdonable… y miserable.

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La HOAC, junto con la Iglesia manifestamos que: “La solidaridad nos ayuda a ver al ‘otro’ (…) no como un instrumento cualquiera para explotar a poco coste su capacidad de trabajo y resistencia física, abandonándolo cuando ya no sirve, sino como un ‘semejante’ nuestro (…) para hacerlo partícipe, con nosotros, del banquete de la vida” (Solicitudo rei socialis, n. 39)

Dios no quiere que el trabajo sea igual a muerte. Por eso seguimos gritando: El trabajo es para la vida. ¡Ni un muerto más!

 

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