Pedagogía y pistas de acción para la conversión integral

Pedagogía y pistas de acción para la conversión integral
El libro En camino para el cuidado de la casa común, editado con motivo de 5º aniversario de la Laudato si’, ofrece una pedagogía y unas pistas de acción para que pueden ser aplicadas en las economías domésticas, en los ámbitos de actividad humana y en las instituciones, y contribuir al llamamiento de conversión integral, cuidando del planeta y de cada uno de nosotros.

En la comparecencia de hoy en la Santa Sede, Bruno Marie Duffé, secretario del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, integrante de la Mesa Interdicasterial del Vaticano sobre Ecología Integral que ha editado este libro, ha llamado la atención sobre el título “que evoca el camino que estamos llamados a recorrer juntos, para cuidar de la Tierra y de las personas”. Para presentar la publicación, -de momento, solo disponible en italiano-,  ha centrado su intervención en algunas reflexiones que ha considerado “esenciales”.

Responder a las incertidumbres del futuro con un camino de conversión

Esta propuesta aparece en un contexto de crisis sanitaria y socioeconómica “que amplifica la crisis ecológica y moral”, señalada por Francisco en Laudato si’. Un tiempo que experimentamos la fragilidad de nuestros cuerpo y nuestros vínculos, “en nuestras prácticas relacionadas con el cuidado del otro, en nuestras formas de pensar y de vivir el desarrollo económico y social”, ha señalado Duffé. Esta experiencia generadora de “miedo y preocupación” es respondida por Laudato si’ proponiendo “un camino de conversión”, escuchando el clamor de la tierra y de los pobres.

Un camino que “solo existe a través de quienes lo recorren” por lo que son los testigos, es decir, “los que transmiten”, “los que proponen”, “los que deciden y se deciden a actuar” quienes podrán provocar cambios. “Testigos -ha subrayado- son los protagonistas de la vida económica y política, son las comunidades locales, con su memoria y sus esperanzas, son las Iglesias, son los jóvenes al igual que los ancianos”. Somos quienes nos comprometemos.

Observar, escuchar y dejarse conmover

La experiencia de estos primeros cinco años de Laudato si’, muestra que “se trata de observar el mundo en el que vivimos, y en el que algunos ‘sobreviven’” y “dejarnos conmover” por un planeta que sufre por la actividad humana. Esta mirada contemplativa requiere “entrar en contacto con una comunidad humana herida” por las desigualdades y los conflictos y, al mismo tiempo, volver a encontrarnos con “la belleza y la promesa de lo que se nos ha encomendado en la Creación del Padre y en el amor de Cristo”.

Actuar, educar, practicar y celebrar

Desde esta mirada, este acompañar y esta espiritualidad, es urgente “actuar y decidir en favor de otro desarrollo” que no agote todas las formas de vida; “educar mediante el diálogo y las prácticas cotidianas de la sobriedad” como algunas de las recogidas en la publicación. Y por último, “celebrar, es decir, recordar la promesa inscrita en cada uno de nosotros, con nuestros talentos y nuestras experiencias. Y ofrecer lo que hemos compartido, nuestras penas y la alegría simple, pero a la vez fuerte, de la solidaridad”.

Reconsiderar la actividad humana

Emprender este camino de conversión pasa necesariamente por “reconsiderar los lugares de nuestra actividad humana, la relación con los elementos (el agua, la tierra y los océanos), la biodiversidad, el trabajo, la economía, las finanzas, la vida de las comunidades locales y el planeta, es decir lo local y lo global”. Se trata, en opinión del secretario del dicasterio Vaticano, de “atreverse a un desarrollo integral inspirado en la ecología integral, una nueva armonía con la tierra, con los demás y con uno mismo”. Un camino de vida que nos compromete a todo el pueblo de Dios.

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Foto cabecera | Zenit/Deborah Castellano