El director de «Uno para todos»: «La educación pública es un invento de progreso»

El director de «Uno para todos»: «La educación pública es un invento de progreso»
Tras varios aplazamientos, por una pandemia que incide, de manera especial, en los procesos educativos y formativos de las generaciones del futuro, llega a una cartelera diezmada aún de espectadores, «Uno para todos».

El film parte de una historia real, la del profesor Javier Mur, quien durante su paso por Monzón (Huesca) puso en marcha el “proyecto Guillén”, con el fin de que un alumno enfermo pudiera seguir conectado a su clase.

“Me pareció una historia muy luminosa, que ponía el foco en lo que sí hacemos bien y que conviene destacar, como los inventos que nos han traído el progreso de los últimos 100 años, la educación pública, entre ellos”, nos explica Ilundain durante una conversación por internet.

Aunque incómodo con la etiqueta “vacía” puesta a la España rural, no duda en reivindicar más medios para esa parte del territorio de nuestro país que parece olvidada: “Hoy en día tenemos herramientas para no abandonarlo y mantener la vida en cualquier punto del territorio. Se deberían utilizar y el Estado ahí tiene un papel que jugar”.

Su película es también un reconocimiento a esos lugares menos trillados. “Cuando rodamos en las grandes ciudades, que es lo más habitual porque es donde solemos vivir los que nos dedicamos a esto, se repiten hasta las calles, edificios y temas… Sales de ahí y te encuentras otras cosas, aire, otras realidades y ritmos de vidas también muy interesantes…”, afirma.

Un acierto de la película, sin duda, es el fiel retrato de la profesión de educadores, de la gestión de la educación, de las relaciones que se dan en los claustros, pero también de la precariedad connatural a la categoría de interino. “Cuanto más precario, o menos herramientas tengas, las vallas son más altas todavía”, denuncia en referencia a cómo la inestabilidad laboral no casa bien con la pretendida calidad de la educación pública.

El director pamplonés, de 45 años de edad, tiene una mirada respetuosa de la infancia, nada ingenua. En plena vuelta a las clases, es consciente de lo que han tenido que pasar muchos menores, por lo que apunta que “supongo que ahora la escuela es también parte de una terapia grupal importante, volverse a ver, tener intimidad entre ellos, hablar, relacionarse con sus profesores” y cómo cineasta se plantea que “sería un ejercicio bonito pensar cómo lo han pasado”, en este tiempo tan extraño.

Sobre el futuro de la industria cinematográfica, apunta que hay que procurar que no solo hay espacio para grandes productos de entretenimiento, sino también para las historias que “hablan de otras cosas, cuentan realidades, desde otros puntos de vista, o como en nuestro caso, reflejen otros paisajes”.