“La Cañada es una indecencia construida entre todos, como fueron muchos barrios en los ochenta”

“La Cañada es una indecencia construida entre todos, como fueron muchos barrios en los ochenta”

El sacerdote Agustín Rodríguez Teso (Madrid, 1962), con trece años en sus espaldas como párroco de La Cañada Real, lamenta la pérdida de confianza entre las personas y agentes presentes en este asentamiento, así como la ineptitud administrativa ante los cortes de luz.

Sobre la interrupción de suministro, precisamente en una época de frío sin precedentes, comenta que “está generando una relación de desconfianza bestial que imposibilita hacer caminos comunes; y si en una coyuntura tan compleja como la de La Cañada no seguimos todos el mismo recorrido, nos van a ir muy mal las cosas”.

De hecho, según expresa en la entrevista publicada en Cuartopoder.es, afirma que “en tres meses hemos retrocedido diez años. Es mucho más difícil restaurar la confianza que perderla”. “En los últimos años habíamos conseguido un consenso lo suficientemente amplio, entre vecinos, entidades sociales y administraciones, para ir caminando, no sin dificultades, en busca de soluciones justas y dignas entre el juego de intereses comunes”, explica.

En su opinión, va costar mucho tiempo y esfuerzo recuperar las sinergias que se habían conseguido: “Durante el confinamiento se estableció en La Cañada un mando único, que nos aglutinó a todos en una estructura que nos facilitaba remar en la misma dirección, y eso ahora no ha ocurrido: habrá que aprender del error”.

Denuncia que “ha habido una gran ineptitud, y cuando esto ocurre se reducen los derechos de los ciudadanos. Las autoridades no son capaces de encontrar una solución real a medio y largo plazo, y realojar a todos los vecinos del poblado es inviable”. Ante las estrategias comunicativas de cada parte, advierte de que “el juego que se traen los políticos, que les dará sus réditos, termina generando situaciones de crispación inverosímil, y nos salpica porque se está falseando la imagen de La Cañada, ya que constantemente tienen a sus palmeros en los medios”.

Tiene claro que “en determinados momentos, la Administración debería arriesgar más, y en este caso no ha tenido el valor que se le presupone, aunque luego llegue un juez y la condene. El problema fundamental no tiene nada que ver con La Cañada, sino con el sistema en el que vivimos, ya que la realidad social y jurídica no se elabora desde los pobres, sino desde los que no sufren la pobreza”.

Sobre las causas de esta situación que se remontan a décadas, no hay que olvidar que la parroquia se construyó en 1953, piensa que “La Cañada es una indecencia que hemos construido entre todos, y es una reproducción de lo que vivimos en muchos de los barrios que en los ochenta se encontraban al otro lado de la M-30. Ahí estaban Caño Roto, el Cerro de la Mica, Pan Bendito, Orcasitas, Orcasur o la UVA de Villaverde, entre otros lugares marginales, con condiciones de vida iguales a las que hoy tenemos en La Cañada, sin derechos ni posibilidades para sus habitantes, y donde se vendía droga a mansalva. No eran tan distintos a lo que hoy es la Cañada”.

La diferencia, según su punto de vista, está en que “poco a poco, aquellos suburbios se fueron reorganizando para que fuera posible el derecho a la ciudad, mientras que la Cañada se quedó al margen, posiblemente por su mayor distancia geográfica: estaba tan lejos que a nadie se le ocurrió que pudiera terminar dando problemas. Ahora necesita exactamente esa reordenación que ya tuvieron otras áreas de Madrid”.