Omella reclama diálogo para lograr una sociedad justa e inclusiva, “atenta al grito de los más vulnerables”

Omella reclama diálogo para lograr una sociedad justa e inclusiva, “atenta al grito de los más vulnerables”
Foto | CEE
El presidente de la Conferencia Episcopal Española, Juan José Omella, ha planteado en la apertura de la asamblea de los obispos, que tiene lugar del 19 al 23 de abril, buscar el bien común desde la “verdadera política” abordando las necesarias reforma estructurales, superadoras del cortoplacismo, y que permita sumar “a todas las partes”. En este sentido, emplaza a “cada uno de los católicos a ejercer un liderazgo ético en el mundo de la economía, de la política y de nuestras relaciones particulares” teniendo en cuenta la Doctrina Social de la Iglesia.

En su discurso, el cardenal Omella, ha subrayado las principales preocupaciones que abordarán en esta reunión “programática” para concretar las líneas de acción pastoral del quinquenio 2021-2025. Los tres ejes sobre los que pivotan las prioridades de la Iglesia española para los próximos cinco años son la conversión pastoral, el discernimiento y la sinodalidad, “en sintonía con el papa Francisco”, según ha subrayado el presidente de la CEE. Tres ejes que, siguiendo el método de ver, juzgar y actuar, permitan a toda la Iglesia avanzar “hacia el Reino prometido, en salida misionera, en camino evangelizador”.

La conversión pastoral. Ver y compartir el sufrimiento

La conversión pastoral exige, en palabras de Omella, “escuchar los desafíos antropológicos y culturales que nos plantea” hoy la sociedad. Por eso, “no podemos cerrar los ojos ni los oídos” a los reclamos de las personas que sufren. El cardenal ha puesto especialmente énfasis en el duro año de pandemia que llevamos de muertes, amenazas para la salud, cuyo impacto ha alterado todos los niveles de la vida social y familiar y “que nos ha obligado a vivir bajo el régimen del temor, de la incertidumbre, de la desconfianza, de la sospecha, que ha socavado el tejido vivo de la sociedad a todos los niveles”. Caminamos hacia “un mundo herido” y distinto, que va a necesitar de “diálogo” para la búsqueda de soluciones ya que “una parte muy significativa de la población saldrá de esta crisis en una situación económica y social muy crítica”, ha aseverado.

Ese futuro incierto ya se refleja en la vida de millones de personas que ven como el paro “ha aumentado y afecta a casi cuatro millones” o los que están en situación de ERTE. Omella ha advertido que, con anterioridad a la pandemia, el país sufría las consecuencias de la economía, “los 8,5 millones de personas que ya se encontraban en exclusión social”, según el análisis del VIII Informe FOESSA. Personas trabajadoras y desfavorecidas “que tienen menos oportunidades para acceder a los servicios básicos”.

Junto al paro, el cardenal ha señalado el enorme problema de “desigualdad social”. Un reto ineludible para asegurar la dignidad de todas las personas y la necesaria justicia social de la sociedad. Omella plantea buscar el bien común desde la “verdadera política” abordando las necesarias reforma estructurales, superadoras del cortoplacismo, y que permita sumar “a todas las partes”. En este sentido, emplaza a “la Iglesia y cada uno de los católicos a ejercer un liderazgo ético en el mundo de la economía, de la política y de nuestras relaciones particulares” teniendo en cuenta la Doctrina Social de la Iglesia.

El discernimiento. Somos prójimos y corresponsables unos de otros

“Discernir quiere decir poner la realidad bajo la mirada de Dios, que guía la historia y los destinos del mundo. Solo así esta amenaza global podrá convertirse, paradójicamente, en camino de salvación, en ocasión para construir una humanidad más fraterna y para repensar nuestra forma de vivir, purificarla y seguir caminando con mayor coraje” ha dicho Omella. Para ello, anima a realizar esta lectura de la realidad desde el magisterio de Francisco, fundamentalmente con Laudato si’ y Fratelli tutti, “que presentan toda la creación como nuestra casa común y a todos los que la habitamos como hermanos. Estamos en la misma aldea, y esto requiere un mínimo de ‘conciencia universal y preocupación por el cuidado mutuo'” (FT, 117) y poder así, contribuir “al nacimiento de una humanidad renovada”.

En este sentido, ha mencionado a quienes “se quedan al borde del camino”, como son las familias necesitadas, los jóvenes, los ancianos, los migrantes… a los que hay que cuidar “como nos enseña la parábola del Buen Samaritano”. Respecto a la familias, ha destacado la celebración del año especial “Familia Amoris laetitia” pretende “dar protagonismo a las familias en la acción pastoral de la Iglesia”. En relación a los ancianos, se ha sumado a la denuncia del papa Francisco: “Un pueblo que no custodia a los abuelos, un pueblo que no respeta a los abuelos, no tiene futuro, porque no tiene memoria, ha perdido la memoria”. Omella ha reclamado, como prioridad, “destinar los recursos necesarios para asegurar unos dignos cuidados paliativos que garanticen el control adecuado del dolor a todos los que los necesiten. Asimismo, estos recursos deberían permitir a todas las personas dependientes acceder a las ayudas económicas que les corresponden”. La CEE apuesta “por una cura integral de las personas que trabaje todas sus dimensiones: corporal, espiritual, relacional y psicológica. No dejaremos nunca de repetir que no hay enfermos ‘incuidables’ aunque sean incurables”. A los jóvenes, que están sufriendo “más duramente los efectos de la pandemia con un índice de paro juvenil que ronda el 40% en nuestro país, con cursos académicos en circunstancias especiales que seguramente influirán desigualmente en su aprovechamiento”. Este colectivo, que “ya eran un auténtico reto pastoral para la Iglesia, en estas circunstancias tenemos que hacer un esfuerzo de mayor creatividad y cercanía para acompañarlos humana y espiritualmente”. Con los migrantes y su dura realidad ha llamado la atención “para que no vivamos anestesiados ante el dolor ajeno y tomemos conciencia de la situación de vulnerabilidad que viven estas personas, y, en la medida de lo posible, nos comprometamos para que reciban la atención que merecen”.

La sinodalidad. “Ve y haz tú lo mismo” (Lc 10, 37)

Ante el sufrimiento y el discernimiento, la Iglesia española se plantea su quehacer y algunos aspectos de su organización que le permita promover “un plus de fraternidad universal y de amistad social”. Un camino de sinodalidad que significa “comunión en todas las direcciones: de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, poniendo en movimiento a todo el Pueblo de Dios, sobre todo a los laicos”, dice el presidente de los obispos, y que afecta a la “configuración eclesial, las estructuras y las responsabilidades” para que estén en coherencia con la misión.

Un camino sinodal en la perspectiva del próximo sínodo de los obispos, previsto para octubre de 2022, y que en España pasa por la renovación efectuada de las estructuras de la Conferencia Episcopal Española que permitirá “una mayor representación territorial, el aumento de la agilidad y de la eficacia, la reducción del número de comisiones y una mayor colaboración entre los diversos organismos de la Conferencia Episcopal Española”. Una segunda línea de acción irrenunciable es la promoción de la participación del laicado, con la implementación del poscongreso de laicos. Así mismo, ha resaltado la importancia del desarrollo del proyecto pastoral de la Acción Católica General que “responde a la necesidad de formación y de creación de pequeñas comunidades que sigan un itinerario de vida en la fe”. La puesta en marcha del nuevo Directorio para la catequesis, en el desarrollo “del proceso de nueva evangelización, como profundización y explicitación del primer anuncio, teniendo muy en cuenta la realidad juvenil, la cultura digital, las personas con discapacidad, la piedad popular… Otro línea, es adecuar la formación en los seminarios según la Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis. Y finalmente, es muy relevante el llamamiento de los obispos a “entrar en diálogo” con todas las personas de buena voluntad “para lograr un modelo de sociedad justa e inclusiva, atenta al grito de los más vulnerables”.