Los indultos, ¿apuesta por un diálogo regenerativo?

Los indultos, ¿apuesta por un diálogo regenerativo?

Crispación y polarización exacerbadas ante la concesión de indulto a los catorce condenados y encarcelados por el procés secesionista catalán. Reacciones extremas especialmente por parte de la derecha y extrema derecha políticas. Manipulación política partidista, sin duda, por parte de todas las fuerzas políticas (de izquierda, de derecha, nacionalistas…)

Una vez más se evidencia que en la lid por la conquista del poder político todo vale y se utilizan todas las armas de ataque y desprestigio, toda clase de atribuciones de falsedad, de descalificaciones e insultos, que rozan lo inverosímil desde el punto de vista de la buena fe, la honradez y el respeto a las personas, a las instituciones y al mismo pueblo.

¿Cómo interpretar la cuestión secesionista catalana y atisbar pistas positivas y posibilistas de respuesta a la misma? Más aún, ¿cómo ver con una mirada más serena y objetiva la situación catalanista actual?

Preguntémonos: la vía penal carcelaria ¿es la respuesta adecuada a un problema esencialmente político? ¿Ha de ser considerada como delito penal un tipo de acción, aún extrema,  a favor de la independencia –como se ha dado en Cataluña–? ¿Cómo pedir arrepentimiento respecto a una idea política y las acciones consiguientes de las que sus autores están convencidos y son acérrimos defensores y promotores?

Las instituciones europeas no entienden bien la actual aserción legal represiva, que llega hasta la condena penal carcelaria. La respuesta a la petición independista fue judicial y penalmente desproporcionada.

La aprobación y concesión de los indultos es plenamente legal, en contra de lo que vienen intoxicando representantes políticos de la derecha. Incluso, la concesión de indultos podría resultar aconsejable y moralmente debida cuando fuese factible de facilitar significativamente la convivencia, la paz pública y la resolución consensuada de un grave conflicto sociopolítico. ¿Podría aplicarse a la actual situación de impasse catalanista?

Pero, yendo aún más a fondo: ¿en qué consiste la verdadera justicia?

La justicia verdaderamente humana, éticamente válida, no se equipara con la legalidad establecida. Ha habido y hay muchas leyes que son inhumanas y gravemente injustas desde el punto de vista humano y moral. La verdadera justicia ha de velar por el bien de la sociedad y de las personas, de cada persona. En cuanto a las leyes penales, especialmente las que conllevan la reclusión penitenciaria, no han de tener como fin el castigo vengativo o pagar una culpa –“el que la hace, la paga”–. Su verdadero sentido y finalidad ha de ser de carácter rehabilitador, de apoyo al cambio de conducta personal y social, y de inserción o reinserción social. De tal manera –me atrevo a decir– que habría que reconfigurar radicalmente el sistema penal y carcelario desde una visión reeducadora y resocializadora, con la dotación de todos los recursos formativos, de capacitación profesional y de integración normalizada en la vida familiar, laboral y social de los sentenciados.

¿Parece ilusorio o utópico este planteamiento penal y penitenciario? Pues nos da ejemplo la concepción ancestral andina en Bolivia, Perú…, aún vigente, de “justicia comunitaria”, en la cual la comunidad vecinal sentencia al infractor a trabajos comunitarios que resarzan el mal efectuado y motiven el cambio de actitud del infractor,  y solamente en caso de repetida reincidencia se llega a expulsarle de la comunidad, como máxima penalización.  Nos evoca algo parecido el aserto del Evangelio en Mt 18, 17: “Y si a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil o el publicano”.

El catalanismo secesionista es un problema endémico y no tiene visos de remitir sino más bien de persistir y agravarse. Tiene origen desde la Renaixença del siglo XIX y prosigue con las sucesivas reivindicaciones  de autogobierno hasta hoy. En la II República obtuvieron el reconocimiento del Estatuto de Autonomía, en 1932, y luego el régimen franquista anuló y reprimió todo intento de tipo cultural y gubernamental nacionalista. A partir del Estatuto de Autonomía de 1979 y 2006, la actuación tanto de los gobiernos nacionales como de los gobiernos catalanes se ha caracterizado como un diálogo de sordos, con posturas intransigentes por ambas partes. En 2017 el Gobierno y el Parlamento catalán realizaron el referéndum y la declaración de independencia. Los gobiernos nacionales han aplicado taxativamente la legalidad vigente.

Conocemos la división acerba en la sociedad española en relación a la justeza o conveniencia de la concesión de los indultos. Parece que la opinión mayoritaria es adversa a los mismos.

Empresarios, como A. Garimendi –presidente de la CEOE–, se manifiestan favorables al indulto: “Si las cosas se normalizan, bienvenidos sean”. Jordi Gual, expresidente de Caixabank propone “no ver los indultos como concesiones vergonzosas o inadmisibles”, “La cronificación del conflicto polarizado es muy negativa”, “…mantener en prisión a unos políticos es inadmisible socialmente” (El País, 21/06/21). Y un periodista gerundense, A. Puigverd dice: “Hace diez años que reclamo un gesto claro de pacificación. A quien finalmente lo hace, no le escatimaré el aplauso. Gracias, presidente Sánchez… Tenemos los músculos y los ánimos muy cansados de intentar separar a los que se pelean”.

Finalmente, tenemos la valoración de los obispos catalanes y de la Conferencia Episcopal Española (CEE). Los primeros subrayan “la fuerza que tienen el dialogo y las medidas de gracia en todas las situaciones de conflicto”. Se ha de “avanzar teniendo sentimientos de misericordia, perdón sincero, respetando la justicia…”. “Hay que imaginar una situación satisfactoria que se aleje de actitudes inamovibles, que no ayudan a construir armónicamente la sociedad”.

Los obispos españoles no emitieron una declaración conjunta, pero Luis Argüello, secretario general de la CEE, afirma que “estamos por el dialogo y el perdón, como los obispos catalanes” (24/06/21). Aunque hay obispos que se manifiesta en contra, como J. Sanz –Oviedo– y A. Cañizares –Valencia–,  en nombre de la unidad de España; o como F. Cerro –Toledo– por la falta de arrepentimiento de los indultados.

Concluimos con el postulado bíblico que define la actitud del mismo Dios, que han de asumir los creyentes: “Misericordia quiero y no sacrificios…” (Os 6, 6; Mt 9, 13; 12, 7). Y del mismo Jesús: “Amad a vuestros enemigos” (Mt 5, 44).

¿Quién ha de tener la última palabra? El pueblo catalán, el pueblo español. Sin coerción, sin beligerancia agresiva y denigratoria. Con respeto, diálogo, concordia, reconciliación también.