Testimonios de trabajadores y trabajadoras de la economía informal durante la pandemia

Testimonios de trabajadores y trabajadoras de la economía informal durante la pandemia
Quienes viven de su trabajo diario “fueron los más golpeados, ya que no pueden contribuir a los esquemas de seguridad social ni acceder a los beneficios destinados a los sectores más vulnerables”. Los trabajadores y las trabajadoras de la economía informal perdieron “cerca del 80 % de sus ingresos” por el impacto de la pandemia.

Estas son algunas de las conclusiones del estudio de WIEGO –una red global que busca mejorar la vida de los trabajadores pobres– sobre la crisis de la COVID-19 y la economía informal, basado en entrevistas a personas trabajadoras en 12 ciudades del mundo, cuando las medidas de confinamiento se impusieron por todo el mundo.

Los trabajadores y las trabajadoras de la economía informal representan el 61% de la población activa mundial, según datos de la OIT. Al 22 de abril de 2020, cerca de 1100 millones de trabajadores de la economía informal –también conocidos como trabajadores informales– vivían y trabajaban en países sometidos a un régimen de confinamiento total y otros 304 millones en países sometidos a un régimen de confinamiento parcial. La suma de estos totales representa el 67 por ciento del empleo informal. Con todo, este impacto debería ser aún mayor si al factor de informalidad cuando se añaden los efectos asociados al riesgo por sectores, a la situación laboral, a las dimensiones empresariales y a los niveles de confinamiento considerados en cada caso (total, parcial o moderado). Según estas estimaciones, casi 1600 millones de trabajadores de la economía informal, que representan un 76 por ciento del empleo informal en el mundo, se han visto afectados significativamente por las medidas de confinamiento y/o trabajan en los sectores más afectados. Casi todos ellos (más del 95 por ciento) trabajan en unidades pequeñas, de menos de diez trabajadores.

Testimonios de trabajadores y de trabajadoras

“La gente dice: ‘Si no salgo a trabajar, me voy a morir de hambre, entonces salgo y trabajo. El riesgo que corro es el de enfermarme y morir, pero si no muero de una cosa, muero de otra.’ No hay otra opción, no pretenden ser valientes, sino que los vendedores ambulantes salen y lo arriesgan todo en el espacio público porque tienen necesidades que satisfacer”, cuenta una vendedora en  Ciudad de México.

Los miedos que se enfrentan son variados. Van desde la imposibilidad de trabajar y la prolongación de las medidas de confinamiento –que podrían impedirles pagar las cuentas, la renta y llevar comida a la mesa– hasta el miedo al virus en sí mismo y a tener que seguir trabajando habiéndolo contraído. También temen entrar a hospitales, y les preocupa contraer el virus, no poder pagar los gastos hospitalarios, ser estigmatizados por tener COVID-19 y tener que cumplir con la cuarentena.

Duro confinamiento

“Tengo que duplicar mis jornadas de limpieza y tengo que hacer limpieza extra. Tengo que corroborar que cada rincón y recoveco esté impecable. Luego, la empleadora lo revisa. Estoy bajo su supervisión y todo lo que hago, desde comer, sentarme o acostarme, lo hago bajo su mirada”, cuenta una trabajadora del hogar en Bangkok.

Cuando los gobiernos en todo el mundo alentaron a la gente a trabajar desde sus hogares, las trabajadoras y los trabajadores en la economía informal tuvieron que dar diversas batallas: En domicilio se quedaron sin trabajo cuando las cadenas de suministro se vieron interrumpidas; muchas trabajadoras del hogar enfrentaron el aislamiento y el estrés en los hogares de sus empleadores, mientras otras perdieron su trabajo; los vendedores ambulantes enfrentaron el acoso y la estigmatización –en Delhi fueron agredidos físicamente, mientras las autoridades de la Ciudad de México confiscaron sus equipamientos–; y los recicladores, cuando tuvieron la oportunidad de salir a recolectar, sufrieron una reducción de los precios de los materiales reciclables. El aumento de las responsabilidades de cuidado afectó predominantemente a las mujeres, quienes como resultado tuvieron menores ingresos durante y luego del confinamiento.

Pérdida de ingresos y endeudamiento

Al no poder trabajar, muchos trabajadores y sus familias pasaron hambre durante el confinamiento. Más de dos de cada cinco trabajadores con hijos dijeron que en el hogar se pasó hambre luego del confinamiento de abril de 2020. En Tiruppur, en la mitad de los hogares de estos trabajadores pobres pasaron hambre, mientras que en Durban, Sudáfrica, la cifra asciende a cuatro de cada cinco hogares.

Crecen el endeudamiento familiar, por no poder pagar los impuestos municipales, internet, etc. “por eso salen día y noche a buscar materiales reciclables”. Quienes tiene hijos o hijas “trabajan incluso hasta el amanecer, y si no hubiera restricciones saldrían desde el amanecer… Pero por el toque de queda, trabajan todo lo que pueden para ganar algo por sus hijos”. expresa una recicladora de Lima.

Más del 40 % de los trabajadores y las trabajadoras agotaron sus ahorros frente al desplome de sus ingresos durante la pandemia. El mismo porcentaje vive de sus ingresos diarios y sus ahorros son escasos o nulos, lo que no les deja opción más que pedir dinero prestado para seguir teniendo un techo, comida sobre la mesa y enviar a los hijos al colegio.

Necesidades políticas

“Necesitamos el apoyo del gobierno: nuestros mercados no son seguros ni higiénicos, algunos de los comerciantes no tienen siquiera un techo bajo el cual ejercer su trabajo. El saneamiento es el tema más importante durante esta pandemia: no tenemos acceso al agua y algunas instalaciones sanitarias están fuera de funcionamiento. Si el gobierno pudiera arreglar eso, los clientes se sentirían más seguros y vendrían a hacer compras al mercado”, manifiesta un comerciante de mercado de Durban.

Los trabajadores necesitan que los gobiernos se comprometan a dejar de perjudicar sus medios de sustento mediante políticas punitivas y otras formas de acoso. Necesitan asistencia financiera en forma de subsidios en efectivo en el corto plazo, moratorias de los pagos y condenación de dudas, como también créditos comerciales de bajo interés, para poder así saldar sus deudas y recuperar sus ahorros y activos. Para quienes trabajan en los espacios públicos, las demandas históricas por infraestructuras laborales más seguras, incluyendo instalaciones sanitarias y equipamientos de protección individual se tornan aún más urgentes bajo los efectos de la pandemia.