Frei Betto defiende la cultura del cuidado y la solidaridad

Frei Betto defiende la cultura del cuidado y la solidaridad
El teólogo y escritor brasileño ha denunciado el cinismo de la comunidad internacional que ha sido capaz de emprender una gran movilización para erradicar la pandemia, pero sigue sin actuar contra “el hambre en el mundo, que mata a más gente”.

Ha pronunciado estas palabras en su intervención en el 40º Congreso de la Asociación Teológica Juan XXIII, dedicada a reflexionar sobre “Pandemia y neoliberalismo”. La razón por la que se han destinado billones de dólares a las vacunas, lo que a su juicio “ha sido muy importante”, es que “el hambre sí hace distinción de clases sociales, mientras que el virus no”.

Tras examinar el impacto negativo de la pandemia en la consecución de los llamados Objetivos de Desarrollo Sostenibles de la Agenda 2030, ha insistido en que en el mundo de hoy no faltan alimentos, sino que “lo que hace falta es repartirlos”, como también ha criticado que existan “muchas familias sin tierra, y muchas tierras en manos de pocas familias”.

“Las crisis rebela lo que los hombres son”, ha dicho, y ha recordado que “cuando el Titanic se hundía los ricos no se preocuparon del resto del pasaje porque fueron directos a los botes salvavidas”. Por eso, ha defendido la necesidad de extender “la cultura del cuidado y solidaridad”.

“Necesitamos urgentemente avanzar en conquistas básicas, como la salud, la educación, el acceso a la informática, la energía limpia y el uso sostenible de la tierra”, ha alentado, más cuando hasta “los países ricos han visto como el dinero no servía para combatir la pandemia”. La solución estaba en la ciencia, pero, ha denunciado que “los científicos estaban centrados en incrementar los beneficios de las farmacéuticas”.

“Que todos tengan vida y en plenitud”

Betto ha defendido que “la espiritualidad de Jesús tenía como característica principal el compromiso con los pobres”, no porque la pobreza sea agradable a los ojos de Dios, sino porque “Dios asume su causa. “Los pobres no preguntan a Jesús qué hacer para ganar la vida eterna, sino para ganar la vida en esta vida, a lo que Jesús responde “he venido para que todas tengan vida y en plenitud”, ha explicado.

Aunque ha admitido que todavía perdura la actitud en la Iglesia de quienes “pronuncian palabras de vida eterna y callan ante las necesidades de supervivencia. Los cristianos no pueden permanecer de brazos cruzado ante los sin techo, sin tierra sin trabajo, porque el hambre del pueblo es también un problema de la Iglesia que los cristianos tienen que saber afrontar, no con proyectos técnicos y económicos, pero sí presionando a los gobiernos para que respeten los derechos más elementales de la población, salud, educación y alimentación…”

Ha apelado a una gran movilización contra el hambre y la injusticia, recordando que “no hay conquistas sociales sin movilización, ni movilización sin organización”.

También se ha preguntado “qué haría Jesús· en esta época neoliberal de pandemia, para concluir que denunciar las “causas del genocidio”; “promover acciones eficaces de solidaridad con las víctimas sus familias y personas más vulnerables”, promoviendo movimientos y organización en las favelas y áreas pobres para disminuir el sufrimiento; y “repensar la misión de los discípulos y discípulas”.

“Tenemos que responder con la espiritualidad del compromiso liberador en línea con la Iglesia en salida, y no quedar encerrada en su burbuja de comodidad, lejos de los pobres y con miedo a desagradar a los ricos”, ha afirmado, inspirándose en el pasaje de Marcos, capítulo 6, sobre el banquete de la vida.

Jesús utilizaba la pedagogía liberadora, ha explicado. Cuando los discípulos le preguntan qué hacer con la muchedumbre que le seguía, respondió “dadles vosotros de comer”, no dejándoles que volvieran a sus lugares de origen a comprar alimentos, sino compartiendo los panes y los peces, hasta lograr recoger cestas de más.

“No hubo magia, y sí milagro, que es alterar el rumbo natural de las cosas y que actúa en el corazón humano”, ha comentado, para concluir que eso es “la economía del compartir”.