Parolin: El remedio al “descarte” está en hacer emerger valores como la amistad social y la cultura del encuentro

Parolin: El remedio al “descarte” está en hacer emerger valores como la amistad social y la cultura del encuentro
El cardenal Parolin durante su intervención en el II Encuentro Internacional de Políticos Católicos. Foto | Luis Millán, vía Archimadrid
El secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, ha intervenido en el II Encuentro Internacional de Políticos Católicos con la ponencia titulada Cultura de encuentro y amistad cívica en un mundo en crisis

En su intervención, Parolin ha mostrado su “preocupación” frente a la tendencia de que algunos estilos de vida “minoritarios en la visión que proponen” se vuelvan “casi un tótem” capaz de plegar ante sí a la representación institucional de la sociedad “para sentirse políticamente correcto”.

“Una preocupación que puede surgir fácilmente cuando nos damos cuenta de cómo en nuestras sociedades algunos estilos de vida –con frecuencia minoritarios, no solo en lo que se refiere a las personas que lo comparten, sino a la visión que proponen–, se vuelven intocables, casi un tótem ante el que se inclina el legislador, el político, el magistrado, el educador, quizá solo para sentirse ‘políticamente correcto'”, ha considerado el alto cargo del Vaticano.

En el encuentro, Parolin ha hecho hincapié en la necesidad de que los que ostentan algún tipo de autoridad la ejerzan inspirados por conceptos como “la amistad social y la cultura del encuentro” si bien ha advertido de que “el necesario diálogo social” nunca pude sustituir las funciones propias de la autoridad ya que no se pueden confiar “las riendas del orden social a un pensamiento, a una cultura dominante”.

Así ha instado a que el ejercicio de la autoridad “no coincida con una visión personal, partidista o nacional”, sino más bien con un “sistema organizado de personas e ideas compartidas y posibles”, que sean capaces de asegurar el “bien común mundial, la erradicación del hambre y la miseria, y la defensa cierta de los derechos humanos elementales” en una dimensión que “supera las fronteras, no solo del territorio sino sobre todo del corazón”.

Globalizar la amistad social y la cultura del encuentro

Durante su ponencia, el purpurado ha manifestado que la visión de la amistad social lleva a extender toda acción “más allá de las fronteras” y que la cultura del encuentro debe eliminar “la exclusión, el desprecio y la rígida división en categorías que atribuyen una dignidad distinta” y hasta “diferentes derechos fundamentales o tratos discriminatorios”.

De otro lado ha alertado de que no deben confundirse con la “homogeneización que el proceso de la globalización ha sostenido en estos años” que ha intentado “uniformar comportamientos y programas, pero sobre todo mercados, instrumentos de la economía y de las finanzas”. “Las actividades económicas y los grandes objetivos del desarrollo y de la paz no son fruto de la uniformidad, sino el resultado de un proceso que implica distintas realidades, tomando los valores y los elementos comunes de las diferentes identidades”, ha incidido.

Parolin ha reconocido que “no es un recorrido fácil”, sobre todo en un contexto que, desde visiones diferentes, ve surgir “contraposiciones y contrastes a menudo feroces”.

No obstante, ha pedido a los políticos que sean capaces de contar con el “necesario discernimiento para captar lo importante que es salvaguardar la visión de conjunto” y “limitar la invasión de aparatos y estructuras no inspiradas en la subsidiariedad, así como para comprender que la amistad social y la cultura del encuentro también son valores constitutivos de las instituciones, de la justicia y de las relaciones sociales”.

Para el secretario de Estado del Vaticano esta es la única manera de hacer frente a “los fenómenos más negativos, como los conflictos, las guerras, las catástrofes ecológicas y el subdesarrollo, por citar los más relevantes”. Al hilo de esta idea ha señalado que la crisis pandémica “corre el riesgo de transformarse en un hecho positivo para unos pocos –la recuperación de algunas economías es significativa– y una ulterior marginación para la mayoría de los países”.

Por ello también ha arremetido contra el “funcionalismo del momento” que restringe la capacidad de acción de las “decisiones de las instituciones” que se quedan como el “fruto de un equilibrio de intereses contrapuestos y casi nunca convergentes” mientras que “las decisiones económicas solo tienen el sabor de la asistencia momentánea y no de la continuidad”.

Para Parolin el remedio al “descarte” en la sociedad no está en el hecho de trabajar en un “continuo estado de emergencia”, sino más bien en hacer “emerger valores como la amistad y el encuentro”.

Las respuestas a la crisis, en otros términos, están configuradas a mayor escala y con una visión a medio y largo plazo, y no se reducen a decisiones dictadas por la necesidad o impuestas por mecanismos cuya validez y efectos están planteados en base a la resolución de emergencias y no a la continuidad”, ha concluido.