Retos para la humanización del trabajo actual

Retos para la humanización del trabajo actual
El contraste entre la realidad del trabajo, sometido a graves tensiones, y su sentido cristiano es una llamada a la comunidad de seguidores de Jesucristo a redoblar sus esfuerzos por humanizar las relaciones laborales. El magisterio del papa Francisco ofrece importantes pistas para renovar el compromiso por la humanización del trabajo (1).

En el contexto del capitalismo patriarcal y neoliberal, se ha configurado y consolidado un nuevo mundo obrero y del trabajo marcado, por una parte, por la pobreza, la deshumanización y la debilidad, y, por otra, por una creciente individualización y segmentación que se traduce en una gran pérdida de identidad colectiva.

Fragmentación

En primer lugar, se ha consolidado una importante fragmentación y segmentación de los trabajadores y trabajadoras. Un conjunto de trabajadores estables (sobre todo de las administraciones públicas, empresas públicas y grandes empresas) que, pese al debilitamiento general de los mismos, aún conservan buena parte de los derechos vinculados al empleo.

En paralelo, se ha extendido el número de trabajadores vulnerables, especialmente para las personas con ocupaciones precarias. Sufren, especialmente, esta vulnerabilidad las personas jóvenes, las mujeres y las personas migrantes.

Pero es que, además, todavía se puede identificar otro colectivo más: los trabajadores más empobrecidos, muchos de los parados y precarios, y los subsidiados y perceptores de pensiones asistenciales. Y se incrementa también el número de trabajadores excluidos, descartados, que se van quedando como «sobrantes».

Desvinculación

Los vínculos entre las distintas situaciones de los trabajadores son cada vez más débiles. Además, se ha roto la sociedad del empleo, aquella en la que el empleo es elemento central en la integración social.

Se ha roto la relación empresario-asalariado como relación básica y fundamental de las relaciones laborales y se tiende a sustituirla, en una creciente individualización, por una relación mercantil, como si todos fuéramos empresarios; cada uno es responsable de su propia «empleabilidad», debe estar en el «mercado laboral» dispuesto a ofrecer sus servicios: es la extensión de los «emprendedores», de los «falsos autónomos», de los trabajadores de plataformas digitales…

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Se ha roto la relación entre empleo y salario fijo y estable. La precariedad, en todas sus formas, supone para muchos trabajadores y trabajadoras una permanente inestabilidad e inseguridad también en sus ingresos salariales.

Se ha roto la relación entre empleo y derechos asociados a él. Las sucesivas reformas de las relaciones laborales tienden a reducir los derechos unidos al empleo; además, tampoco la regulación de derechos supone que estos existan en la práctica: en el marco del desempleo-precariedad y del miedo a perder el empleo, en muchos casos y para cada vez más trabajadores, los derechos laborales son papel mojado.

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