El futuro del Movimiento de Trabajadores Cristianos de Europa

El futuro del Movimiento de Trabajadores Cristianos de Europa
Ante la apertura del proceso de elección para la secretaría general del Movimiento de Trabajadores Cristianos de Europa (MTCE), conviene reflexionar sobre los desafíos abiertos por el presente y el futuro del trabajo.

Está claro que abordar el problema del mundo obrero hoy implica una acción globalizada de todos los movimientos, no hay soluciones particulares en un mundo donde se ha globalizado la indiferencia, como nos dice el papa Francisco.

El MTCE, como coordinación regional del Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC) en Europa, precisa construir una identidad original con conciencia global, a partir de la comprensión profunda de la vida de las personas trabajadoras y dotarse de los instrumentos necesarios para cumplir su misión de servicio de la Iglesia y del mundo trabajo y su papel de interlocución con las organizaciones e instituciones europeas.

El MTCE debe estar plenamente en consonancia con el enfoque de la organización internacional a la que pertenece, de ahí que la relación del MMTC y el MTCE debe ser lo más cercana y fluida posible, desde su propia identidad configurada por entidades distintas y complementarias.

En su seno, conviven movimientos de revisión de vida (ACO España, ACO Francia, LOC Portugal, MCW Inglaterra, HOAC España), de acción social (KAB Alemania, KAB Austria, KAB Suiza, KVW Tirol del Sur, KWB Bélgica) y de formación (HOAC España y KAP República Checa), a los que hay que añadir la experiencia del CTC de Suiza, que trabaja en red.

Las posibilidades de extensión y presencia del MTCE en Europa sigue siendo un reto a potenciar, no se aprecia una presencia significativa de nuestras propuestas y acciones en el conjunto de la sociedad y la Iglesia europea.

No es fácil desarrollar una línea de actuación estratégica a medio y largo plazo. Por este motivo, es importante avanzar en colegialidad y participación de todos sus miembros, en consonancia con los documentos que tenemos aprobamos.

Dotarse de una identidad propia requiere de sentimiento de pertenencia a un escenario global que sea compatible con la especificidad de cada movimiento, pero sin ser una mera extensión de la política nacional de nuestros respectivos movimientos. La diversidad debe ser valorada y aprovechada para impulsar el diálogo y el enriquecimiento mutuo.

El MTCE debemos cultivar esta conciencia global con constancia, paciencia y humildad. Hemos de entrar en un proceso de reflexión con los movimientos europeos que todavía no se han adscritos al MMTC y ver cómo apoyarnos.

En la última Asamblea General del MMTC (Ávila 2017) nos propusimos «fortalecer nuestro estilo de vida militante, formación y revisión de la vida según nuestra fe en Jesucristo, el Evangelio y la doctrina social de la Iglesia».

Una de las principales actividades actuales del MTCE es la preparación del seminario anual, lo que ocupa ahora un lugar tal que parece haberse convertido en el centro del funcionamiento del MTCE.

Los seminarios no deben ser todo el sentido de nuestro trabajo, sino que tienen sentido en nuestro trabajo. Deben inscribirse en el marco del trabajo del MMTC y llevarnos a un enfoque más amplio. Deben ayudarnos a responder a los desafíos actuales del mundo del trabajo y contribuir al diálogo entre nuestros movimientos, las organizaciones de trabajadores y la Iglesia.

Deben ayudar a la formación, reflexión y diálogo de todo lo necesario para la puesta en marcha de acciones que desarrollen los objetivos que vamos marcando tras cada asamblea del MMTC permitiéndonos entablar diálogos con las organizaciones sociales, sindicales, las instituciones europeas y la Iglesia.

Dotarse de una identidad propia requiere de sentimiento de pertenencia a un escenario global que sea compatible con la especificidad de cada movimiento

Los trabajadores y las clases populares son ahora invisibles en nuestras sociedades europeas. Demasiado a menudo, la única voz en materia de empleo es la de los expertos.

En la citada asamblea, también nos comprometimos a «analizar la situación regional de los trabajadores para establecer dinámicas de trabajo que denuncien situaciones de vulnerabilidad de los derechos y protejan la dignidad humana. Promover la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres en todas las áreas, incluso dentro de nuestras organizaciones. Contribuir a la formación de jóvenes obreros cristianos».

El MTCE puede y debe aportar una palabra propia de los trabajadores y sus familias, expresar nuestra visión sobre ciertos acontecimientos que nos afectan como trabajadores. Como movimiento eclesial, debe ser capaz de darse los medios necesarios para atreverse a dar un mensaje profético de anuncio y de denuncia.

Al mismo tiempo, el MTCE busca «promover la relación entre los movimientos y el ministerio pastoral. Construir la pastoral obrera de esta manera: ser voz en la Iglesia y voz en el mundo del trabajo, con especial atención a las personas más excluidas y precarias».

Debe continuar su relación de trabajo con la COMECE (Comisión de las Conferencias de Obispos de la Unión Europea) y la CCEE (Consejo de Conferencias Episcopales de Europa). Sin duda, es importante definir claramente la aportación que podemos realizar. Debemos trabajar juntos con movimientos internacionales como CIJOC, JOCI, Cáritas, etc. y expresar un mensaje, no solamente social, sino también ser portadores de la dimensión de nuestra fe.

Hemos de continuar invitando a todos los movimientos obreros cristianos a unirse en torno a la Jornada Mundial por el Trabajo Decente (7 de octubre) y proponer a nivel local y regional una convergencia de las organizaciones católicas en la exigencia de trabajo decente para todos, un salario digno o un ingreso universal.

Las alianzas con otros actores importantes a nivel local y regional, «cuyos enfoques del trabajo decente y la construcción del bien común sean objetivos compartidos», siguiendo lo acordado en la última asamblea general, pueden llevarse a la práctica por ejemplo dentro de la Alianza para el Domingo Libre de Trabajo. No es posible estar en todas partes, debemos dirigir nuestra presencia a objetivos definidos colectivamente y apoyarnos en el trabajo en cada uno de los países.

En particular, deberíamos prestar más atención a las cuestiones que afectan específicamente a nuestra sociedad europea (modelo social, mujer, trabajo decente, autónomos, emigrantes, etc.) y fomentar el diálogo con otras organizaciones europeas sobre la base de nuestros análisis y la Doctrina Social de la Iglesia y desde estos puntos, revisar nuestra participación actual en las instituciones en las que estamos. Debemos ser capaces también de trabajar y mantener vínculos más frecuentes con las organizaciones del movimiento social y la Confederación Europea de Sindicatos.