Trabajadores cristianos de América apoyan la movilización social en Colombia

Trabajadores cristianos de América apoyan la movilización social en Colombia
Frente al Congreso. Plaza de Bolívar, Bogotá | Foto, vía @DeCurreaLugo en Twitter.
El Movimiento de Trabajadores Cristianos en América del Sur (MTC-AS) ha expresado su apoyo a las organizaciones de trabajadores colombianas, en este “momento crítico” que vive el país, provocado por la respuesta gubernamental a las protestas sociales.

“No es justo que la población acepte silenciosamente la destrucción de sus derechos”, afirma la organización regional del Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos, en referencia al intento del Gobierno de Colombia de sanear la Hacienda Pública, “beneficiando especialmente el 1% de la población colombiana”, y castigando fiscalmente a las clases populares.

El MMTC de América del Sur, ha mostrado su apoyo a la lucha de las organizaciones de los trabajadores en “la defensa de los derechos a la vida y de la protección social”,  que están llevando a cabo, al tiempo que ha condenado rotundamente “la acción violenta cometida por el Gobierno”.

De igual manera, pide el respeto al “derecho constitucional a la protesta pacífica” y recuerda que el papa Francisco, en su encíclica Fratelli tutti, ha escrito que “quien sufre la injusticia tiene que defender con fuerza sus derechos y los de su familia precisamente porque debe preservar la dignidad que se le ha dado, una dignidad que Dios ama” (n. 241).

•••

Declaración de apoyo a los trabajadores colombianos

El Movimiento de Trabajadores Cristianos en América del Sur (MTC-AS), afiliado al Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC) en este momento crítico que viven los trabajadores de Colombia, expresa su pleno apoyo a la organización de los trabajadores de Colombia, en la defensa de los derechos a la vida y de la protección social.

El motivo de nuestro apoyo a la lucha pacífica de los trabajadores  se basa en que no es justo que la población acepte silenciosamente la destrucción de sus derechos. En un año  en el que se han hurtado al erario público 50 billones de pesos, debido a la corrupción; las administraciones de turno han hecho caso omiso a esta vena rota que día a día ha desangrado la economía colombiana, afectada por la pandemia de COVID-19.

Ante esta recesión económica, el Gobierno propuso al Congreso de la República el proyecto de reforma tributaria llamada “Ley de solidaridad sostenible”, con el objetivo de recaudar 23 billones de pesos para inversión social, a través del cobro de impuesto a los cafeteros, el  incremento del precio de la gasolina, el aumento de impuestos a la clase media y baja, las subida el IVA a los productos de primera necesidad de la canasta familiar, los servicios públicos y funerarios ahora exentos, etc., beneficiando especialmente al 1% de la población colombiana de los más ricos.

Lo que unido a más promesas incumplidas por el gobierno, para acallar las protestas de 2019,  causaron indignación en el pueblo colombiano, que como gesto de rechazo, llevo a las organizaciones sociales conformadas por estudiantes, centrales obreras, maestros, indígenas, transportistas y campesinos a convocar el paro nacional el 28 de abril con movilizaciones pacíficas en las principales ciudades del país.

Miles de colombianos, amparados por el derecho constitucional a la protesta pacífica, salieron a las calles a pesar de la pandemia, desarrollando manifestaciones pacíficas, acompañados de música, bailes y arengas. Sectores populares en todo el territorio nacional, destacándose la presencia de jóvenes, que enfatizaron la falta de oportunidades, el desempleo, falta de acceso a la educación superior, mostraron su disgusto.

Dada la situación en la que vive gran parte de la población colombiana y como movimientos de la Iglesia, recordamos la Carta Encíclica Fratelli tutti del Papa Francisco, en su punto 241: “Quien sufre la injusticia tiene que defender con fuerza sus derechos y los de su familia precisamente porque debe preservar la dignidad que se le ha dado, una dignidad que Dios ama”.

Nos unimos a la lucha pacífica de los derechos humanos que están desarrollando las familias y personas trabajadoras y sus organizaciones, como un deber moral, ético y cristiano.