Fratelli tutti: El gran tema del trabajo

Fratelli tutti: El gran tema del trabajo

En el corazón de la nueva encíclica del papa sobre la fraternidad y la amistad social “Todos Hermanos” encontramos una de las claves desde la que construir ese nuevo sueño de una humanidad nueva: el trabajo. “No existe mayor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo”.

El sueño de una fraternidad universal debe promoverse no solo con palabras, sino con hechos que se concreten en la “mejor política”. Una política que no esté sujeta a los intereses de las finanzas y la economía sino al servicio del bien común. Una política capaz de poner la dignidad de cada ser humano en el centro y asegurar trabajo a todos, para que cada uno pueda desarrollar sus propias capacidades y que genere dinámicas y procesos que crean lazos sociales y culturales para una identidad común, para formar “pueblo”. Nunca una política populista que pervierte la noción de pueblo para acabar manipulándolo y sometiéndolo a las ideologías de turno.

Es en este contexto de crítica al populismo y sus “planes asistenciales” donde el papa Francisco reivindica la dignidad del trabajo y la centralidad que tiene en toda la vida social. La limosna humilla, el trabajo ennoblece y realiza a la persona en su tarea de “hacer brotar las semillas que Dios ha puesto en cada uno”. Es objetivo irrenunciable de la política que cada persona pueda aportar a la sociedad sus capacidades y su esfuerzo. Igualmente, irrenunciable que el trabajo además de ser un modo de ganarse el pan, sea “un cauce para el crecimiento personal, para establecer relaciones sanas, para expresarse a sí mismo, para compartir dones, para sentirse corresponsable en el perfeccionamiento del mundo, y en definitiva para vivir como pueblo”.

Devolver a la persona al centro de la vida económica y social es la mejor vacuna contra el economicismo imperante, contra los diferentes populismos o el neoliberalismo individualista e ingenuo que pone toda su confianza en la autorregulación del mercado.

Para que ese sueño se convierta en realidad es necesario “un cambio en los corazones humanos, en los hábitos y en los estilos de vida”. La realidad es difícil y dura, no caben consuelos fáciles en un mundo con unas relaciones económicas tan de espaldas a Dios y su proyecto; sin embargo, Dios lo apuesta todo por sus hijos… “¡Qué bonito sería que a medida que descubrimos nuevos planetas lejanos, volviéramos a descubrir las necesidades del hermano o de la hermana en órbita alrededor de mí!”.

Ojalá todos nos sintamos embarcados en esa tarea de reconducir la economía y ponerla al servicio de la persona y su dignidad, valorando el trabajo como expresión de la vocación humana a hacer del mundo un mundo de hermanos. Ojalá la política se centrara en los problemas que tienen las personas, los trabajadores y no en los intereses partidistas dando lugar a veces a un espectáculo bochornoso que ha perdido totalmente el sentido del servicio y la búsqueda del bien común. Como dice el papa Francisco en FT 162: “ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. Por más que cambien los mecanismos de producción, la política no puede renunciar al objetivo de lograr que la organización de una sociedad asegure a cada persona alguna manera de aportar sus capacidades y su esfuerzo”. Ojalá trabajemos todos para que en el mundo del trabajo resurja esa cultura y comunidad solidaria que anteponiendo el bien común al individual, centre su acción en las necesidades de los trabajadores y de sus familias y no en la ganancia, el beneficio o el poder.