Libertad y trabajo decente

Libertad y trabajo decente

Últimamente estamos muy preocupados por la libertad: libertad de expresión, libertad de manifestación, libertad de movimiento…, pensando o creyendo que a todo esto y solo a esto se reduce ser más libres.

En cierta manera la situación sanitaria que vivimos nos está limitando por el bien y la salud de todos, pero estamos dejando de ver otra realidad no menos cruel que está provocando depresiones, desesperación, falta de autoestima… Es la falta de trabajo y de un trabajo decente.

En la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) llevamos 75 años preocupándonos, formándonos y actuando por el mundo obrero más desfavorecido poniendo como centro a la persona. El centro de nuestro quehacer está en la toma de conciencia sobre la precariedad laboral, la economía sumergida, el desempleo, la pobreza y la exclusión.

La encíclica Fratelli tutti del papa Francisco, conoce y reconoce cuán importante es el trabajo y un trabajo decente para el desarrollo de la persona y su libertad: “Ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo. Porque no existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad. En una sociedad realmente desarrollada, el trabajo es una dimensión irrenunciable de la vida social, ya que no solo es un modo de ganarse el pan, sino también, un cauce para el crecimiento personal, para establecer relaciones sanas, para expresarse a sí mismo, para compartir dones, para sentirse corresponsable en el perfeccionamiento del mundo y en definitiva para vivir como pueblo“. (FT 162)

No hay más que asomarse a las Cáritas parroquiales para saber que la principal demanda día tras día es la de empleo y, tras esta demanda, la de cubrir las necesidades más básicas: alimentación, ropa y calzado, pago de recibos…

La esperanza está en saber y reconocer que, junto a esta realidad, pegados a ella y conviviendo con ella hay muchas personas repartidas por toda la geografía española trabajando por el bien común y lo que cuentan, no lo cuentan de oídas, lo cuentan porque lo viven muy de cerca y en su propia carne. Acompañan a personas con distintos problemas laborales o sociales: personas que trabajan por cuenta ajena pero que han de darse de alta como autónomos porque quienes los emplean no quieren o no pueden hacerse cargo de sus cotizaciones; personas contratadas por jornadas reducidas y que hacen jornadas completas (cobrando mal y en negro esas horas de más) al igual que aquellas que contratadas a tiempo completo echan horas de más sin cobrarlas; personas que trabajan sin contrato, por múltiples motivos, pero que prefieren trabajar y cobrar a cotizar…

Me pregunto si es posible pensar en una sociedad libre si tan siquiera podemos plantearnos un proyecto de vida sin un trabajo digno, sin un trabajo decente.

La realidad que vivimos hoy día, lamentablemente, es la de la pobreza laboral y no sólo por la falta de trabajo sino porque, aun teniéndolo, no se puede salir de la pobreza.

Apelo a nuestras instituciones a que miren hacia los más desfavorecidos del mundo obrero y trabajen por ellos, me uno y agradezco a tantas otras que han estado y están a pie de cañón con y por ellos. Recuerdo a todas esas personas que con su solidaridad hacen que la esperanza siga viva porque la persona es lo primero.