Ahora más que nunca: trabajo decente

Ahora más que nunca: trabajo decente

Van pasando los meses y, aunque hay un cierto optimismo en que se resuelva esta situación de pandemia, lo cierto es que seguimos navegando por un mar oscuro y tenebroso, lleno de cifras de fallecidos, de contagios, de enfermos en las UCI, de empleos perdidos, de economías destruidas, de negocios quebrados…

Aunque nuestro deseo es volver a la “normalidad”, creo que nadie será tan ingenuo como para pensar que todo volverá a ser como antes. No. Como en tantas ocasiones, este sistema económico que nos gobierna aprovecha las crisis para autoalimentarse con más desigualdad, más precariedad, más dolor, más descartados. Estos son los escenarios en los que el dios dinero “pesca” a sus víctimas.

El trabajo, tanto el empleo remunerado como el resto de formas que tiene de expresarse nuestra acción en la naturaleza, se viene resintiendo a cada crisis que sufrimos. Menos trabajo, peor reconocido, menos valorado, menos remunerado, más precario…, son finalmente los frutos reales de cada crisis.

Pero no podemos permitir que un bien tan importante como es el trabajo sea moneda de cambio para la supervivencia de nuestra sociedad, de nuestro estilo de vida. No podemos aceptar que el precio de mantener nuestro estado del bienestar sea a costa de precarizar el empleo, haciendo que los trabajadores “vendan” su dignidad en los mercados. No es posible plantear un futuro digno para nuestra sociedad, si es necesario dejar para ello a tantas personas en la cuneta o a tantos jóvenes sin proyecto de vida.

Es hora de que despertemos y tomemos conciencia de que salir de esta crisis solo será posible cuando estemos convencidos de que hay otra manera de construir la sociedad desde la comunión. Dejar de ser un yo individual para edificar un “nosotros”. Donde cada uno nos hacemos cargo del otro, porque es nuestro hermano, porque somos hijos del mismo Dios.

Por eso, no debemos dejarnos convencer de que la única salida a nuestras crisis, presentes, anteriores e incluso las que nos puedan sobrevenir, pasa por la pérdida de derechos y libertades, la pérdida de dignidad en el trabajo. Ahora más que nunca: trabajo decente.