Una década visibilizando el drama de los accidentes de trabajo

Una década visibilizando el drama de los accidentes de trabajo

Desde hace 10 años, cada 28 de abril, en el Día de la Seguridad y Salud en el Trabajo, la HOAC de Burgos convoca una concentración para denunciar las vidas rotas por la siniestralidad laboral. Son 10 años en los que hemos sentido el dolor de muchísimos trabajadores y trabajadoras que perdieron su vida en el ejercicio de su empleo. 10 años en los que hemos compartido ese espacio en la calle con otros colectivos sociales y eclesiales con los que compartimos una especial sensibilidad por lo que le ocurre al mundo obrero. Compañeras y compañeros que no han tenido reparo en sujetar esa gran pancarta que preside cada concentración, o el cartel con el logo de nuestra campaña: «Trabajo digno para una sociedad decente», o el que recuerda el nombre, la edad y la fecha de fallecimiento de quienes verdaderamente son tristes protagonistas de esta sencilla acción de denuncia.

Ayer, una inesperada invitada se presentó a la cita. Una pertinaz lluvia que, si bien es tan necesaria para la vida, podía trastocar cualquier iniciativa de visibilizar públicamente esta situación. Lluvia intensa, lluvia fría, como no puede ser de otra manera en a estas alturas del año.

Y allí estábamos, cerca de una treintena de paraguas que intentaban aliviar las consecuencias del chaparrón.

También la policía local y la nacional se dieron cita en el evento, siempre presentes para asegurar que podamos celebrar este acto en las mejores condiciones. Desde la protección de sus respectivos coches oficiales, nos miraban con cierta pena. Siempre nos han agradecido este gesto y se han mostrado cercanos a nuestras reivindicaciones.

Se acercaba la hora y un ambiente de pesimismo nos iba devorando: «Así es imposible, nadie nos va a escuchar, nadie se va a detener a acompañarnos como en otras ocasiones». Nadie se preocupaba por su salud, por la tremenda cantidad de agua que ya se había colado entre chaquetas y cazadoras. La única preocupación era no poder dar visibilidad a las vidas perdidas de estos compañeros, de estos hermanos.

Hemos sentido el dolor de muchísimos trabajadores y trabajadoras que perdieron su vida en el ejercicio de su empleo

Todo sucedió de manera muy rápida. Alguien animó a desplegar la pancarta, a sacar una foto, al menos queremos hacernos presentes en este momento. En un abrir y cerrar de ojos, haciendo malabarismos con el paraguas, los papeles y bolsos, no faltaron voluntarios para ponerse tras la pancarta. Y ya así colocados: ¿Por qué no leer el comunicado? Y, con la megafonía empapada. El manifiesto en una mano y el micrófono en la otra. Intentando protegernos bajo un minúsculo paraguas, decidimos poner voz a quienes hoy no pueden tenerla, poner en valor sus vidas, hacer un recuerdo agradecido a estos hermanos trabajadores fallecidos.

El comunicado no fue corto, seguramente mucho más largo de lo habitual por las circunstancias que estábamos viviendo y compartiendo. Con los ojos clavados en el horizonte, escuchamos atentamente los nombres de quienes perdieron su vida, haciendo algo tan humano como trabajar. Las gotas de lluvia no iban a triunfar donde el sistema económico y la presión social no hubieran podido frenar esta acción solidaria y transformadora.

Terminado el acto procedimos a recoger todo contando con las siempre generosas manos de nuestros acompañantes. Un gran gesto de comunión en circunstancias tan complicadas.

Y con ello cerramos 10 años de concentraciones contra la siniestralidad. Miradas cómplices y sonrisas orgullosas confirmaban la satisfacción del deber cumplido. «Trabajar para vivir, ni un muerto más. No a la siniestralidad laboral»