Albert Recio: “Hablar de la jornada laboral es hablar del modelo de sociedad”

Albert Recio: “Hablar de la jornada laboral es hablar del modelo de sociedad”
La discusión sobre la jornada laboral remite al modelo de sociedad. Es la idea central que defendió el profesor de Economía y miembro de la Asociación Economía Crítica, Albert Recio, en el diálogo titulado “El tiempo de trabajo y la jornada laboral”.

Este nuevo Diálogo #VenyloVerás, “un alto en el camino” para “fortalecer convicciones que ayuden a lograr una vida digna en una sociedad decente”, como expresó el director de la revista noticiasobreras.es Abraham Canales, giró en torno a “El problema de los tiempos y la jornada laboral de cuatro días”, artículo publicado en la sección Tema del Mes.

Un debate que viene de lejos, pero que cobra especial interés ante el impacto de la COVID-19 en la actividad económica y en la distribución del empleo. De hecho, se ha podido comprobar en este tiempo, como señaló el papa Francisco en el encuentro del Vaticano con organizaciones sindicales, y que oportunamente citó Canales, al ofrecer un segundo juego de “3T”, trabajo-tiempo y tecnología como criterios para un desarrollo socioambiental adecuado, ya que la “continua aceleración de los cambios” y la “intensificación de ritmos de vida y de trabajo”, “la rapidación”, “no colaboran con el desarrollo sostenible ni con la calidad del mismo”.

El modelo de sociedad

En su intervención, el profesor Recio quiso remarcar que “la discusión sobre jornada laboral parte del debate general sobre la distribución de la riqueza, la actividad económica socialmente deseable y la reorganización de los tiempos. No es tanto un asunto técnico, como discutir sobre el modelo de sociedad”, detalló.

Ya desde los inicios de lucha obrera por las ocho horas de trabajo, recordó el profesor, lo que estaba en juego era “limitar el derecho del capital al uso de la fuerza de trabajo”. Aunque las teorías sobre los aumentos de productividad y la destrucción de empleo aparejada al cambio tecnológico, no del todo confirmadas por la experiencia, hicieron resurgir el debate de la reducción del tiempo de trabajo, en opinión de Recio, el enfoque más prometedor, viene de la economía feminista.

Tiempos y lógicas diferentes

Esta corriente, primero, puso de manifiesto que “hay un tiempo de trabajo que no se cuenta, el trabajo doméstico, que es muy importante para la vida” y, segundo, mostró que “cada actividad humana tiene su propia lógica, por lo que acaban compitiendo entre ellas”. “El capitalismo puso en el centro la lógica económica, haciendo que las demás tuvieran que apañarse”, resumió el Recio.

“Nuestras sociedades funcionan con tres tipos de actividades: las que se realizan en el mercado y el sector público, en el ámbito individual, en casa y el trabajo social, el voluntariado o participación ciudadana”, expuso. De aquí que, según confesó, “me pone en guardia cualquier propuesta de racionalización de los horarios que solo tiene en cuenta una parte del problema, las necesidades de las empresas”.

En este sentido, consideró que la reivindicación de “las cuatro jornadas de trabajo y tres libres responde a los intereses de las clases medias consumistas”. Aunque sea “funcional” para una parte de la sociedad, tiene costes que soporta aquella otra parte que ofrece servicios para estos “fines de semana largos”. Por eso, insistió en que, para reflexionar sobre tiempo de trabajo, hay que entender “la complejidad” de la cuestión, sobre todo “la desigualdad y diversidad del mundo laboral”.

Así recordó que hay personas, mujeres fundamentalmente, que trabajan forzosamente a tiempo parcial y quieren trabajar más; personas, las mejor educadas, que ven su vida laboral como una competición salvaje, y aceptan de buen grado trabajar hasta la extenuación con la promesa de subir en el escalafón; trabajos nocturnos necesarios pero perjudiciales para la salud; o trabajos penosos pero esenciales.

Compatibilizar los tiempos

La aspiración, por tanto, debe ser favorecer un modo de vida para todas las personas en el que el tiempo de trabajo sea compatible con el tiempo de vida personal para los cuidados, las relaciones sociales, pero también para ejercer el derecho y la obligación de participar en la vida social.

“El tiempo de trabajo
debe ser compatible
con el tiempo de vida personal”

Un enfoque muy diferente al que impone el capital, que potencia el consumismo desaforado que obliga a trabajar cada vez más, en un modelo jerárquico. “No habrá políticas serias del tiempo, si no se analizan las interacciones entre los espacios en los que se desarrolla la vida humana, lo que obliga a debatir y negociar”, expresó.

De hecho, Recio abogó por impulsar la negociación colectiva como solución para abordar la reorganización de los tiempos de trabajo desde la diversidad de las relaciones laborales, pero también por los pactos locales de tiempo. En el fondo, se trata de extender la deliberación sobre “estilos de vida deseables”.

La vida, tiempo de encuentros

Para cerrar el acto, intervino el consiliario de la Comisión Permanente de la HOAC, Fernando Díaz Abajo, quien subrayó que “abordar el tema del tiempo de trabajo en nuestras sociedades actuales solo podemos hacerlo desde la conciencia de que eso supone también repensar nuestras necesidades, nuestro consumo, y nuestra relación con la creación”.

La concepción cristiana del trabajo, según la aportación de Díaz, procede de la institución del séptimo día como el día del descanso: “El descanso, la posibilidad de vivir otros tiempos humanos más allá del tiempo de trabajo nos abre la perspectiva de libertad y plenitud, nos permite recordar y revivir, reconocernos y agradecer la vida, y protegernos de posibles formas de esclavitud”.

Para terminar, recordó al papa Francisco, quien en Fratelli tutti, 63-66, hace notar que “al abandonado el samaritano le dedicó tiempo”, lo que lleva a concluir que “la vida no es un tiempo que pasa, sino tiempo de encuentro”.